01 junio, 2017

JUAN CARLOS ROQUE GARCÍA: «CARTAS DE UNA MADRE», VIAJE A LA AÑORANZA

📖🇨🇺Un libro del periodista y escritor cubano, Juan Carlos Roque García que justifica cómo Cuba se dividió.
El periodista y escritor cubano, Juan Carlos Roque firma su libro.

◾️La maltrecha supervivencia es la causa por la que casi dos millones de cubanos se fueron de su tierra.
📜"Cartas de una Madre" (Círculo Rojo, 2017), el libro-testimonio del cubano Juan Carlos Roque García, presentado este miércoles en el Centro Asturiano de Madrid, permite entender como Cuba se dividió después de los ochenta por su maltrecha supervivencia, y se volvió  una sociedad cerrada y sin futuro. 
De izquierda a derecha: Juan Carlos Roque, el vicepresidente del Centro Asturiano y Jesús Díaz Loyola.
El segundo libro de corte monográfico-epistolar del autor nacido en 1960 en Güira de Melena, La Habana, fue presentado anteriormente en Barcelona y en Amsterdam, Países Bajos.

En 2016, Roque García publicó también 'Cómo Cuba puso a bailar al mundo. Veinte años del Buena Vista', su primer gran proyecto literario que permitió comprender mejor el impacto de la música cubana que ha recorrido el planeta. 

"Cartas de una Madre", la apasionante historia que Juan Carlos Roque teje desde la correspondencia de una madre cubana –Olga Villegas– y su hijo emigrado –Frank León– que no volvió a ver nunca, no solo permite entender cómo las familias de la isla se dividieron por la maltrecha supervivencia, sino que es la causa por la que durante más de medio siglo, casi dos millones de cubanos se fueron de su tierra.
Jesús Díaz Loyola, en la presentación en Madrid del libro «Cartas de una Madre»
Dije en la presentación que "no se puede entretejer únicamente la historia del emigrado cubano entre la pena y el amor, el dolor y la esperanza." 

"La punta de lanza que ha convertido a Cuba en un país sumergido y sin futuro es –y no otra– la mala administración y testarudez aferrada de sus gobernantes, lo cual contrasta con la ausencia de libertades esenciales en un país donde hoy todavía la gente acaricia como un sueño la idea de irse."

Si nada de eso fuera verdad –y lo puntualicé en la presentación del libro de Juan Carlos Roque García–, "ni Frank se habría lanzado a la aventura, ni cientos de miles de cubanos a lo largo de los años, habrían arriesgado sus vidas en el mar o en tierra ajena. Y mucho menos Olga Villegas –la protagonista– habría consumido la madurez de su existencia entre la agonía y el desencanto, escribiendo cartas y más cartas sin que viera nunca el beso regresado de su hijo." 
"Cartas de una Madre", es un friso de la historia emocional de la familia cubana en los últimos 30 años. Se refleja en el trasfondo de cualquiera de las cartas que revela el libro de Roque García y que permitirá al lector entender cómo Cuba cayó en un barranco tras el derrumbe del socialismo europeo, porque el país comenzó a navegar en una maltrecha e insostenible economía que poco se ha recuperado. 

El país había estado viviendo de la mano tendida de la ex Unión Soviética. Tras su desintegración –incluso desde mucho antes–, en Cuba empezó a predominar una lucha obcecada por sobrevivir. Ya todo era un caos para poder comer, vestir o sostener al resto de la familia.  Entonces, la opción por el exilio fue la elección que muchos escogieron. 
En 1991, Frank León, con 40 años se marchó para siempre como hicieron muchos cubanos con el brote de los grandes éxodos.

La vida de Frank León encontró el destierro en Miami. Su madre fue poderosa a la hora de escribir cuando necesitaba romper las barreras del sufrimiento y de la distancia. 

"Cartas de una Madre", bajo el sello editorial de Círculo Rojo, es un libro escrito con mucho sentimiento, que estremece desde la primera lectura porque es una historia verdadera, llena de emociones y siempre recomendable por lo que enseña y aprendes, además de lo que hace sentir.
El amor de su vida, su refugio, su consejera, su confidente, objeto de su nostalgia. Todo eso fue Olga Villegas en la vida de su hijo en la lejanía, un artista plástico que hoy vive sus días sembrado en un exilio americano hasta ahora irreversible.

"Cartas de una Madre" está escrito para todos los que llevan en el alma el dolor de la separación,  el mismo dolor que se llevó a la tumba Olga Villegas en 2006 con 84 años, y que ahora perdura en un texto, en el que Juan Carlos Roque vuelca su pasión más adorable: la de investigador.
Emma Sordo (arriba junto al autor) viajó desde Miami y asistió a la presentación de un libro medular para la emigración cubana.
Juan Carlos Roque firma su libro.
Frank nunca volvió a su hogar, ni aún 11 años después de muerta su madre –26 años en total sin volver a pisar Cuba– Esperemos que ese día del retorno definitivo esté hoy más cerca, aún cuando Frank León que tiene ahora 66 años, es renuente a visitar Cuba hasta que "el gobierno de la isla respete totalmente y sin condiciones los derechos de sus ciudadanos", refleja el autor en el epílogo del libro.

Dije en la presentación de "Cartas de una Madre" y así termino esta reseña  de un libro cardinal, que el homenaje permanente ha de estar siempre en todas las madres e hijos que un día desafiaron sus rumbos sin importarles los riesgos cuando salieron en busca de una vida mejor, y desafortunadamente no la encontraron porque la desgracia les sobrevino en el camino. 

Desde aquí, expreso mi especial reconocimiento a la audacia del autor, sin cuya entereza y dedicación no hubiéramos conocido una historia real de la Cuba contemporánea en la perspectiva de una madre: Olga Villegas.
¡Enhorabuena, Juan Carlos! 📖🇨🇺
"Cartas de una Madre", es un friso de la historia emocional de la familia cubana en los últimos 30 años.

28 abril, 2017

MI ENCUENTRO CON LOS DELFINES

En el mar callado y tranquilo de Isabela de Sagua,

un puerto del norte de CUBA


Me encontré con mamíferos adorables, los mas estudiados en el reino marino y, probablemente, en el entorno faunístico mundial. El delfín es una especie que ha recorrido la historia, desde las primeras impresiones de pinturas rupestres hasta nuestros días. Habitan prácticamente todos los mares, pero paradójicamente se siembran cada vez más en cautiverios. Protagonistas principales de mitos y leyendas a cual más de atractivos y mágicos, los delfines, sobre todo, son una lección permanente de docilidad y belleza. Yo la viví un día, hace ahora 30 años.    


    
30 AÑOS DESPUÉS 
 CUENTO MI HISTORIA 

Nadando con los delfines

Una de las franjas costeras donde mejor se conserva el delfín común de los mares y que tuve la suerte fortuita de conocer cuando yo comenzaba mis andaduras por el periodismo, está en el puerto cubano de Isabela de Sagua, en la costa noratlántica del país. Navegamos un día entero en medio del fascinante mundo de los delfines. 

ISABELA DE SAGUA AYER

Fundado en 1884, Isabela es un pueblo callado, pero espléndido, preferido por biólogos de todo el mundo para disfrutar de la compañía de delfines en libertad. 

Yo viví la experiencia en a bordo Acuario 1, una expedición que se quedó para siempre en mis recuerdos, entre el gran cúmulo de experiencias de juventud.

En el verano de 1987, la expedición del Acuario Nacional de Cuba, fue celosa a la hora de impartir la doctrina ecológica en medio del agradable paseo en lanchas tras la ruta del tursiops truncatuel delfín mular o delfín nariz de botella, una de las más de 30 especies de delfines que existen, muy común en las cálidas y templadas aguas de Isabela.

Con la tripulación del

 Acuario 1 me embarqué un día a disfrutar de algo que había soñado desde niño y que no he olvidado jamás. Era un privilegio para un reducido grupo, en el que habían médicos, ecologistas, periodistas y, sobre todo, hombres de bien a favor del entorno.

Zarpamos antes del alba, y a la luz de los primeros claros del día, cuando aparecieron los primeros delfines, todos nos volvimos unos locos obsesionados con el espectáculo que contemplábamos. Yo tenia 23 años y aquel día reparaba en la sorpresa de una experiencia excepcional. Era de una felicidad absoluta ver nadar a los delfines y tras de ellos el frenesí de las lanchas de hombres de ciencia que seguían su ruta, afanados tras el misterio del mundo interior de los cetáceos.

[foto de la noticia]

No hace falta decir que yo ni me inmuté mientras los miembros de la tripulación científica hurgaban en cada pulgada de agua. Esperé pacientemente en cubierta y cuando tuve la suerte fortuita de palpar el cuerpo de un delfín comprendí el por qué de su docilidad.

Estuvimos un día entero, de sol a sol, contemplando el juego impenitente de los delfines, entre las profundidades y sobre el agua, viendo a familias enteras de cetáceos moviéndose entre la sombra incombustible de su color turquesa. 

LA FOTO DE FULGUEIRAS 

En aquel viaje, me acompañaba el colega Jose Antonio Fulgueiras Dominguez, que también se conoce a Isabela como las palmas de sus manos, porque había nacido muy cerca de allí 35 años antes, en la misma carretera que conduce al puerto desde Sagua la Grande. Vivió allí toda su infancia y juventud con el olor húmedo de la salina y el salitre costeño viéndole crecer cada día hasta que el periodismo lo sacó de su pueblo y comenzó a hacer cosas maravillosas como esta de la vida en el mar.  

Fulgueiras hizo proezas con su vieja cámara Zenit, aquella de los míticos rollos de  películas fotográficas, en medio del reto que representaba estar debatiéndonos a mar abierto con los embistes constantes de las olas.

"Una imagen vale más que mil palabras", y ese proverbio le toca muy de cerca al colega, porque había que ver en aquella expedición como se volvía un genio en el arte de buscar el mejor ángulo. Fulgueiras se revolcaba por cubierta hasta que captaba la imagen perfecta. 
Lo justificaron después, los  reportajes que llenaron la plana de Vanguardia –mi periódico escuela– y la revista cubana Bohemia. Entre los dos tejimos un amplio reportaje que recordándolo 30 años después, me dijo: "No creo que nadie en Cuba haya escrito un reportaje tan científico, periodístico y literario sobre los delfines como el que escribió mi amigo Loyola. Yo traté de brindarle la gráfica desde una cámara Zenit de rollo que estuvo varias veces en peligro de caer al agua. Han pasado más de 30 años como él mismo atestigua, pero cada vez que veo un delfín (o tonina) como también le llaman los pescadores, me acuerdo de aquella travesía y de aquel muchacho de pelo encrespado que observaba todo y escribía las notas en el cerebro, pues cuando aquello no teníamos  grabadoras pequeñas y había que echarle mano a la agenda de la memoria para luego volcar sobre una máquina de escribir todo lo ocurrido sin que se olvidara el menor detalle.

Y eso hizo Loyola para atrapar a miles de lectores que aún recuerdan su reportaje."

En realidad , el maestro fue Fulgueiras y el ingenio del viejo Machado en el laboratorio donde se imprimían las imágenes de las crónicas que cocinábamos cada  día. 

Han pasado 30 años y aquel día será inolvidable, sigue latiente como el recuerdo de la hornada fortuita en que acudimos al encuentro de los delfines y nadamos con ellos en una tentativa feliz como si conviviéramos en su hábitat.

A los delfines no hace falta ir a buscarlos en el océano profundo; ellos acuden en manadas a 'marcar' y 'controlar' de cerca cualquier cosa extraña que se desplace sobre la superficie, sea un barco o un nadador, y nosotros ese día éramos un objeto extraño sobre el océano. Pero ese día también, de cierto modo, todos nos sentimos protegidos por los delfines.

El regreso de aquella travesía espectacular por los mares que bañan a la Isabela de Cuba, no pudo tener mejor coronación: los mamíferos con los que compartimos todo un día, siguiéndonos al final de un viaje en un juego impertinente de popa a proa del Acuario 1, acomodando su ritmo al de la expedición. 

UNA LECCIÓN DE DOCILIDAD 

De aquella incursión por Isabela de Sagua, nos quedó por encima de todo, la gran empatía de los delfines con el hombre. Son muy sociales y casi nunca andan solos. Siempre realizan sus actividades acompañados de otros miembros de su familia. Ese día lo hicieron con nosotros.

Los mas adultos son respetados y suelen actuar como “maestros” de los ejemplares más jóvenes. Nosotros también los respetamos a ellos.

Los delfines en general se han considerado animales muy inteligentes debido a muestras de comportamiento que sólo se creían propias del ser humano. Y no!, los delfines demuestran cariño y empatía hacia los compañeros enfermos, ayudándolos a respirar en la superficie cuando no pueden hacerlo solos.También lo vivimos ese día a bordo del Acuario 1. Cuando un delfín muere, los demás demuestran tristeza, y cuando son reencontrados, especialmente en cautiverio, se emocionan y comienzan a jugar.

Su promedio de vida útil en estado natural es de 20 a 30 años. De aquellos de Isabela, tal vez ya no sobreviva ninguno, pero hoy me queda el recuerdo placentero de mi encuentro con los delfines.

LAS CASAS TÍPICAS DE ISABELA DE SAGUA 
La foto que me hizo Fulgueiras hace 30 años.





18 abril, 2017

Yander Zamora: «Hasta ahora he retratado libremente y lo seguiré haciendo»

El cubano Yander Zamora, ganador de los premios internacionales de fotografía, Rey de España y Ortega y Gasset '2017

«Cuba se está abriendo al mundo y espero que lo continúe haciendo»
▪️Yander Zamora cubriendo la apertura de la embajada de EEUU en La Habana, en el verano de 2015. Arriba, su foto de la llegada del Air Force One, galardonada con  el premio Rey de España de Fotografía 2017, otorgado por la agencia EFE y el ICI y dotado con 6.000 euros. 
▪️El diario El País, también le premió con el Ortega y Gasset remunerado con 15.000 euros y que le será entregado el próximo 11 de mayo, en Madrid.

◾️"Va un turista a Cuba, y todo es ron, mulata y  coches antiguos. Creo que hay más que eso en Cuba, y es lo que me gustaría mostrar en mi trabajo."



▪️"Fotoperiodista ya es todo el que tiene un teléfono inteligente. 
Hoy una foto, a la media hora, es vieja."



▪️Jesús Díaz Loyola.
▪️Con fotos de Yander Zamora.
                —I—
El día en que, sin proponérselo, iba a tomar una foto de premio, Yander Zamora, se levantó mas temprano de lo común para esperar el avión en que 88 años después aterrizaría en La Habana, un presidente de los Estados Unidos.

Ese día, tal vez, saludó a gente que no había visto nunca y vio más de un pájaro volar sobre La Habana y vio llover como una nota siniestra a sus empeños, pero amainó. En La Habana siempre amaina. Ese día, su mirada estaba hacía arriba, más allá de la quietud de las palmeras que llenan la periferia de la ciudad. Ese día su objetivo estaba en el horizonte de aquel cielo inmenso que por suerte estaba despejado y de un azul celeste. 

Unos días antes, había pensado que le pasaría lo mismo que con otros visitas ya célebres a La Habana como la de Madonna o Beyonce, adonde no pudo llegar su lente como en el día del concierto histórico de los Rolling Stones, en que Yander hizo maravillas con su vieja Nikon.

Ahora estaba sembrado en un punto preciso de la ciudad, tratando de buscar la foto que lo inmortalizara, con el mismo afán con que sale  a la calle todos los días de su vida.

Yander Alberto Zamora de los Reyes (Santiago de Cuba, 15–09–81) tiene un prestigio bien ganado como fotógrafo de Granma, el periódico oficialista de Cuba y como freelance colaborador al servicio de la agencia Reuters. Y Reuters fue el medio que ese día le pidió captar lo que pudiera cuando el Air Force One estuviera sobrevolando La Habana. Y tuvo suerte.   

EL FOTORREPORTERO NO SE RINDE EN SU EMPEÑO

Un viaje de Estados Unidos a Cuba dura poco más de una hora. El joven cubano de 35 años se pasó tres veces ese tiempo hasta que capturó la foto que le dio el premio Rey de España de Fotografía 2017.

"La foto casi fue un milagro. La tomé con una cámara Nikon D-7000 de segunda mano que compré por Internet en EEUU y me la enviaron a Cuba", me dijo rememorando un año después aquel célebre día que le lanzó a la fama.

Poco después de las 8:00 de la mañana del 20 de marzo de 2016, el fotorreportero instalado en Rancho Boyeros, muy lejos de donde las cámaras y los trípodes de reporteros de todo el mundo aguardaban por el espectacular momento del descenso del presidente norteamericano sobre la pista del aeropuerto, Yander permaneció quieto y callado en las proximidades de la terminal aérea, esperando por la llegada del Air Force One con el presidente tras 88 años de la última vez que un mandatario norteamericano visitara la isla. En ese tiempo, ni los padres de Yander habían nacido. 

Y pensando, tal vez, en todo su pasado, próxima ya las 12:00 meridiano de aquel domingo fortuito de marzo,  consiguió la foto perfecta que le dio el máximo lauro en fotografía del Premio que cada cada año convocan la agencia española EFE y el Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI).

El jurado de la XXXIV edición de los prestigiosos premios valoró que la fotografía de Yander "capta el momento en el que el avión presidencial de Estados Unidos va a aterrizar en La Habana por primera vez en la historia, lo que supone un momento histórico en las relaciones entre EEUU y Cuba".

Por eso, el consenso fue unánime al conceder el premio al joven fotógrafo  cubano entre una veintena de concursantes de países iberoamericanos. Se lo entregó Felipe VI en Madrid, el pasado marzo.

En el tiempo que pasó entre que Yander dejó la foto en la oficina (de Reuters) y se movió a la zona de prensa donde esperaban el resto de periodistas ocurrió el milagro. 

“Cuando llegué, ya todas las pantallas reproducían mi foto”, le contó a El País, diario español que no se resistió y concedió también al novel fotógrafo el premio Ortega y Gasset en su edición XXIV por la reveladora imagen que el jurado ha definido como “fotoperiodismo puro, capaz de captar el momento”.

Yander Zamora es un cubano agarrado a su tierra por la raíz, que quiere a su país y defiende que la solución de Cuba está en los cubanos. 

Cuando le hice la pregunta obligada por la realidad de Cuba, me dijo que “la fotografía no puede cambiar la realidad pero si puede mostrarla”. Y eso es lo que hace cada día, lo que ha hecho a lo largo de más de 10 años en el oficio maravilloso de retratar la vida y el mundo que le rodea.

Así, a la altura también de la media noche de un jueves de abril, yo en Madrid y Yander alistándose para viajar de Roma a París, porque este viaje de premio, también ha sido  de conocimientos y reencuentros, emprendimos los dos un viaje gráfico con la palabra por la memoria y el oficio que él considera lo mejor que le ha pasado en la vida.

"Uso la fotografía como medio de expresión y quiero mostrar una país lejos del cliché de esa Cuba de ron, mulatas y coches antiguos. Creo que hay más que eso y es lo que me gusta mostrar en mi trabajo", me dijo Yander Zamora durante la entrevista, ante mi asedio constante sobre la realidad cubana.

Para él fue tan importante su cámara Nikon como su ubicación el día que se fue a la caza del Air Force One. Ningún otro fotógrafo tuvo esa iniciativa porque todos querían fotografiar a Barack Obama.

Gracias a esa entereza suya por la realidad exterior y costumbrista, cada vez que sale a capturar imágenes persigue aristas poco usuales del mundo real, la cara y las costumbres de un país que se sobrepone al desgaste y el deterioro de los años. 


—¿Cómo fue la espera por el Air Force One en La Habana? 

—Yo esperé cerca de tres horas. Estuve estudiando la orientación de la luz en la zona por donde entraban los aviones hasta que elegí el lugar idóneo para esperar el avión. 

—¿Fue una iniciativa propia?

—La encomienda venía de la agencia Reuters para la que trabajaba en ese momento. Me pidieron hacerle una foto al avión. Ellos confiaron en mí para estudiar el terreno y mi ubicación más próxima a la hora de la llegada del Air Force. El resto fue obra mía. 

—¿Ha calculado la distancia a que estaba del Air Force One?

—No tengo la precisión exacta, pero estaba muy cerca. (A juzgar por la proximidad a menos de de 500 metros)

—¿Que hora exacta era? 

—Cerca del mediodía, un poco antes de las 12:00 meridiano  del histórico 20 de de marzo para Cuba y para mi. Tomé una secuencia completa desde que asomaba la punta del Air Force One por el horizonte hasta que se vio completamente. Hice un fotograma completo de su llegada. Y la que envié al premio fue la vista completa, la que en pocos minutos se volvió viral en los medios de todo el mundo. 

—¿Que pensó cuando supo que ganó el premio?  


—La verdad es que yo me había olvidado totalmente de que había participado en ese concurso. Yo no contaba con eso. Me llamó un amigo periodista, Miguel Hernández, y yo no me lo creía porque siempre me estaba haciendo bromas. Me despertó el día del fallo por la mañana con una llamada y me dio la noticia. 

—¿Que buen despertar?

—De los mejores que he tenido en mi vida. Esa es la verdad. La emoción fue inmensa. Fue un reconocimiento de mi trabajo como nunca antes había ocurrido para mi.

—¿Considera que ha hecho mejores fotos que la del premio?

—Si analizamos la foto técnicamente, está muy bien lograda y la composición es muy atractiva por sus líneas diagonales y la composición del color, donde combinan el azul del cielo con el del Air Force One y los viejos carros (coches) americanos que en ese momento circulaban por la vía. Y pensándolo así, desde el punto de vista técnico, yo he logrado muchas fotos como esa o incluso superiores. Pero el mérito de esta es que se hace en un momento histórico importantísimo en mi
país y en Estados Unidos.

—¿Retrató a Obama durante su visita a La Habana? 

—Vi a Obama. Lo retraté en la despedida en el aeropuerto y en el discurso que dio en el Gran Teatro de La Habana.


—¿Y como califica la visita? 

—Un hecho histórico. Es la primera vez que iba un presidente en más de 88 años a Cuba. Un suceso que se había demorado mucho, pero fue la punta del Iceberg.
              —II—
Yander llegó a la fotográfica con el preludio del siglo XXI cuando era un veinteañero. Tal vez desde mucho antes o más bien ya la llevaba en la sangre, porque su padre —Isaac Zamora— le echó a andar por la vida cuando ya era un consagrado reportero en la agencia latinoamericana de noticias Prensa Latina. Para Yander, ha sido su mejor consejero en la vida.

"Mi padre era periodista y hacia muchas fotos. Junto a él se me estiró el cuerpo. Me crié entrando y saliendo de emisoras de radio y de periódicos. Después llegaron las figuras y los colegas que me ayudaron", me dijo.

En Cuba hay artistas innatos del lente que tienen que lidiar permanentemente con las limitaciones y las carencias. Eso también lo sabe Yander, porque no todo el mundo tiene al alcance una Cannon o una Nikon. Yander Zamora ha sido un hijo con suerte.

—¿Donde nació y se formó?

—Nací en Santiago de Cuba, pero la mayor parte de mis estudios fue en La Habana, adonde llegué hecho un adolescente. Empecé estudiando literatura de la lengua española, pero lo dejé para dedicarme a las nuevas tecnologías y a la fotografía, y estudié entonces periodismo digital en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí de La Habana.

Yander Zamora es más que un premio Rey de España. Su cámara ha recogido la transformación de las culturas rurales y populares dentro de Cuba. Siempre ha estado en el momento más insospechado y ha conseguido fotos geniales. “Me encanta Cuba; siempre que piso el suelo cubano, voy a todas partes, con la memoria y mis instintos, a retratar la vida, a buscar la foto perfecta.", dice.


En su propia web yanderzamora.com afirma que "vivo como si la cámara fuera una extensión de mi mano" y que le "atormenta no tener con qué hacer una foto si cae un OVNI o pasa el Air Force One". Esta ya la consiguió, y admite que siente tanto mérito como por haber retratado a los extintos Hugo Chávez, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano o Muamar al-Gadafi como
a un bailarín evolucionando en una conga callejera de su natal Santiago de Cuba.


—¿Que busca con la fotografía? 

—Uso la fotografía como medio de expresión y quiero mostrar una Cuba lejos del cliché. Va un turista a mi país y todo es el ron, la mulata y los coches antiguos. Creo que hay más que eso y es lo que me gustaría mostrar en mi trabajo.

—¿Con que equipos trabaja la fotografía?

—Ahí estoy en crisis. La cámara que he usado hasta ahora es una cámara muy vieja, una Nikon D-7000. La foto del Premio casi fue un milagro. Fue con esa Nikon de segunda mano que compré por Internet en EEUU y me la enviaron a Cuba. 

—¿Hace fotos todos los días?

—Hago fotos todos los días. No puedo ir a comprar el pan sin dejar de llevar mi cámara. 

—¿Que tipo de foto prefiere hacer?

—La foto costumbrista del día a día. La lucha del cubano y el quehacer cotidiano. Hacer fotos reales y buenas que reflejen el suceso real. 

Habla con complacencia. "Cuando hago una foto, mi objetivo es lo más maravilloso que siento en ese momento."


“He hecho de todo por toda Cuba. A toda hora, a la de faenar o descansar, siempre voy con la cámara en mano; en la ciudad o en el campo, pero siempre con la cámara, y así se me pasan los días y siempre acabo con alguna revelación".


—¿Qué espera después de estos premios?

—Es un reconocimiento grandioso que espero repercuta en mi carrera con más trabajo. Yo trabajo como freelance, que es como me gano la vida. Me gustaría que fuera así, que me ofrecieran oportunidades de trabajar y demostrar lo que puedo hacer. Hasta ahora no hay ninguna oferta en concreto, pero estoy atento. 

—¿Tiene otros premios?

—Anteriormente me premió la Asociación de Académicos Universitarios del Mundo por mi obra profesional en general. La fotografía del Air Force One estuvo entre las 10 mejores del año 2016 en varias plataformas de Internet.


—¿Después de este premio, hacia dónde se va a orientar el lente de Yander Zamora?

—Seguiré en la misma línea. No puedo dejar de ser yo. Y viendo como he llegado hasta aquí, parece que no lo estoy haciendo mal. 

—Usted nació en Cuba. ¿Ha pensado en otra fotografía, sin barreras?


—Yo retrato lo que veo y me encuentro en el camino. Yo no me pongo barreras. En mi obra vas a ver fotos de mucha miseria que le puede incomodar a la gente. Hasta ahora las he hecho y no pasa nada. 


—En Cuba, ¿usted pueda retratar lo que quiera?

—Absolutamente lo que he querido. Lo que no he retratado ha sido porque no ha estado frente a mi o por otras circunstancias. Yo he retratado la pobreza cubana en todo el país. Hasta ahora he retratado libremente y lo seguiré haciendo. 


—¿Cuál es su percepción de la Cuba que le ha tocado vivir y hacia dónde va?

—Cuba está un periodo de cambios. Cuba se está abriendo al mundo y espero que lo continúe haciendo. Y espero que sea un paso firme esa apertura y que no perdamos tiempo. Hay muchas cosas que tienen que cambiar dentro del país, pero yo no quiero que mi cultura sea absorbida por otros. Que mañana aparezca un MacDonald en cada cuadra (calle) y tampoco que nadie nos diga lo que tenemos que hacer. Pero sí creo que tenemos que abrirnos mas, que tienen que cambiar muchísimas cosas todavía. 

—¿Ve aires de cambio en Cuba? 

—Sin lugar a dudas, bastante lento, pero está cambiando. No con la suficiente rapidez, pero sí algo está pasando.


—¿Hay libertad de expresión en Cuba?

 —Hay algunos medios (voces) en manos de algunos sectores (no oficiales) que tiene  otro ángulo (critican al gobierno) Están en Internet y siguen saliendo. Hay cierta libertad, no toda la que quisiéramos, pero la hay. 

—¿Cuál es el don que ha hecho perdurar a la Revolución de Fidel Castro?

—En Cuba tienen que pasar muchas cosas, pero que ocurran por nosotros. Nadie nos tiene que decir lo que tenemos que hacer. No perdonan que hayamos durado tanto tiempo porque estamos en la esquina (enfrente) de la máxima potencia (EEUU).


— ¿Quienes guiarían un cambio dentro de Cuba?

—En Cuba los jóvenes tomarán la vanguardia. Y creo que sí, que nos toca y lo estamos haciendo. 

—¿Qué es lo que más admira de Cuba?

—La resistencia interna y externa. Resistencia en todos los sentidos. El cubano ha resistido el embargo económico hacia Cuba de toda la vida. Yo nací con el bloqueo económico y estoy aquí (con 35 años) contándolo todavía. 
Yo quisiera ver como sería Cuba sin el bloqueo económico. Pero hay razones externas que han condicionado muchos problemas de hoy.


—¿Y lo que más reprochas?

 —En la comunicación a mi me gustaría que hubieran más espacios de debate, más espacio para la gráfica, hacia donde hoy se encamina la polarización del mundo.

—¿La fotografía le ha permitido interpretar mejor la realidad de Cuba?

—Creo que sí, y más que todo coleccionar y guardar esa realidad y mirarla después con mejor atención. Yo tomo el instante, lo colecciono y después lo analizo. 

—¿Ha evolucionado lo que retrató hace 10 años con lo de ahora?

—Han cambiado muchas cosas. Cuba vive una efervescencia, incluso en la situación de su modelo económico. Antes de Obama, los negocios por cuenta propia proliferaron, la compra-venta de casas (viviendas). Hay un desarrollo progresivo del turismo con nuevos hoteles. Han cambiado y están cambiando muchas cosas.

—¿Lamenta algo de todo lo vivido en su generación? 

—La pérdida de valores humanos es una verdad innegable, no solo en Cuba si no en todos los países de la región latinoamericana.
Hay riqueza, pero la falta de valores es innegable. No hay una cultura del sentido común de la convivencia como la hay en Europa. Y es una verdad lamentable, si bien Cuba se salva de otras secuelas como la violencia.

                          —III—
Una imagen vale más que mil palabras. Lo que ha conseguido Yander en los años que lleva haciendo fotos y lo que seguirá haciendo, es captar y guardar para la posteridad el testimonio visual de su tiempo. Así se curte en el oficio que lo ha consagrado. 

Seguramente en Cuba le esperarán ahora con sus espacios y sus honores porque la foto con la que se ha llevado el premio rey de España lo ha llevado a la cúspide de la fotografía, y su carrera no ha hecho más que empezar.

Yander Zamora no parará hasta agarrar con el lente el World Press Photo, su otro sueño anhelado. Y lo hará, lo está haciendo con el mismo ímpetu con que ha colgado en su currículum dos de los premios más importantes de España y de Europa.

—¿Hay alguna foto que hubiera querido hacer y no hizo? 


—Hay muchísimas fotos que me hubiera gustado hacer o haberla compartido con otro colega. Con los Rolling Stones estuve poco tiempo, pero me hubiera gustado hacer un trabajo mejor. Me hubiera gustado dar cobertura a otras visitas como la de Madonna.

—¿Que es lo que más le ha gustado de su primer viaje a Europa? 

—Chocar con otras culturas es importantísimo. Otras ciudades. Conocer nueva gente, profesionales que acabas admirando. Haber compartido con periodistas de EFE y de El País, son medios que respeto y que admiro. 

—¿A donde ha ido?

—España, Roma, París. La Capilla Sixtina en el Vaticano, la Fontana de Trevi y el Coliseo Romano, me maravillaron. Estoy impresionado, de verdad.


—¿Que otro continente le gustaría visitar?

—Me gustaría conocer a África. Es un continente maravilloso y a mi me apasiona viajar. Cuando visité el Amazona estando en Venezuela, cumplí otro sueño.

—¿Le gusta Europa, Madrid, y España en general? 

—De Europa me voy maravillado con todo y el gran cúmulo de historia e información. Su educación me ha gustado mucho. La educación del europeo me maravilla.

—¿Y la mesa?

—Si vamos a hablar del gusto y del arte culinario, España es lo primero.

—¿Que platos te gustan de España?

—La fabada asturiana y la crema catalana me marcaron un antes y un después en el paladar. Y el jamón ibérico, ni hablar. Fue un gustazo haber probado platos nuevos.

—¿Que hará con el Premio? 

—Mejoraré mi logística y básicamente lo dedicaré a impulsar mi carrera profesional, una carrera en la que todo es caro.

—¿Su gran sueño?

—Tener mi propia agencia de fotografía  

—Finalmente, si tuviera a alguien que agradecer su curso profesional, ¿a quien mencionaría?

—No sería justo si menciono solo un nombre. Mi padre jugó un papel, pero ahora vive en Perú. Estoy en Roma y mi anfitrión es un gran amigo de años: Luciano del Castillo, también fotógrafo que ha influido mucho en mi carrera.

—¿Admira a algún nombre en el mundo de la fotografía cubana y en el mundo?

—Yo cuando consigo una gran foto me digo: ¡Coño, esto tiene algo que ver de los que he leído y he aprendido! Noto su influencia. 
En mi han influido desde Robert Capa y Annie Leibovitz hasta Daniel Berehulak.

—¿Ha hecho exposiciones? 

—No todas las que me gustaría. Más bien por encargo o compartidas. Pero es algo que debería atender mas a partir de ahora. 

—¿Como ve el futuro de la fotografía con las nuevas tecnologías?

—Fotoperiodista ya es todo el que tiene un teléfono inteligente. La fotografía quedará más como historias profundas y para comunicar con mayor peso y contar la historia con imágenes. 
Ya la mayoría de las fotos de grandes acontecimientos se hacen con teléfonos inteligentes o celulares.
La foto noticia queda ya más para el transeúnte de la calle y no para el fotógrafo profesional  que es más un armador de historias.
Hoy hay televisión y celulares por todas partes porque hay más comunicaciones que periodismo. Hoy una foto, a la media hora, es vieja. Ya es horroroso el periodismo frío sin inmediatez.

¿La fotografía digital de hoy es mejor o peor que la impresa de antes?

—Nunca hay mejor o peor fotografía. Hay distinta. La imagen no llega sola, hay que buscarla, y para eso hay que hacer fotoperiodismo a toda hora. Y, sobre todo, decir la verdad bien dicha hasta con una imagen.

              IV—
UN FOTÓGRAFO DE PREMIO

"Su arte de retratar es natural, concentrado en las actitudes particulares de su entorno y los personajes que en él habitan y que van intrínsecamente ligados a la historia, a la calle, a la vida y a la gente."

◾️Confieso que no había conseguido contactar con Yander durante su viaje de premio a España y la noche en que lo entrevisté este abril en un puente telefónico entre Madrid y Roma, percibí de inmediato la jovialidad del profesional agarrado por la raíz y que hace honor a la tierra húmeda y fecunda que lo engendró  allá en Santiago de Cuba.

Todo el tiempo Yander me habló de satisfacciones y tal parecía dibujar en sus palabras las tomas espectaculares de su obra que me invitó a visitar en sus perfiles en las redes y en su web personal. En yanderzamora.com en Facebook o en Instagram, se disfruta y se vive el placer innato con que Yander plasma cada imagen suya. Hay fotos perfectas de una técnica y un contraste espectaculares, enfocando siempre el objetivo hacia los ambientes y sujetos más espontáneos, porque su arte de retratar es natural, lejos de todo formalismo, concentrado, sobre todas las cosas, en las actitudes particulares de su entorno y los personajes que en él habitan y que van intrínsecamente ligados a la historia, a la calle, a la vida y a la gente. 

Su estilo es de una impecable ejecución, porque Yander vive el acto de hacer la fotografía. 

Una imagen en sus manos es una persecución del mundo real de la calle y del espectáculo más allá de las palabras. 

He visto pacientemente la obra del joven Yander Zamora, y abarca varios géneros, o más bien los domina todos a la vez. 


Los retratos —un bailarín o un campesino, por ejemplo—, son de corte elegante al más puro estilo Irving Penn, donde resaltan la luz y la sombra a lo Man Ray.

Sus fotos de los personajes de la calle, son estampas bien encuadradas y de una potencia visual extraordinaria. Sus paisajes regalan panoramas idílicos. Y es que cada fotografía de Yander respira calidad y buen hacer. 


Recorrer sus perfiles y su web, no ha hecho sino enamorarme aún más de su trabajo.
He incluido la del bailarín porque de algún modo tendrá que ser uno de los más aplaudidos en su obra. No por casualidad es portada de su web, donde cada imagen es una lección de fotografía. No dudo que al paso de los años junto con la del Air Force One sobrevolando La Habana sean imágenes antológicas.
Su obra comienza un largo decursar. Su cámara es de las que necesita el mundo real para rastrear palmo a palmo su entorno. Un fotoperiodista que no tiene miedo y no se rinde en su empeño por mostrar aquello que ve desde la profesionalidad y la creatividad como consiguió la imagen el Air Force One descendiendo en La Habana. 

En esta foto, Yander Zamora en Sicilia junto a Luciano del Castillo, un fotógrafo que ha influido mucho en su carrera y a quien Yander considera un amigo excepcional.
Yander se ha creado un estilo y una manera de hacer la fotografía. Ha ganado dos importantes premios para demostrárselo así mismo. Ahora comienza el camino de su real reputación. 

▪️Fotorreportaje con imágenes tomadas de las páginas de Yander Zamora (Cuba)🇨🇺

La palabra hablada y escrita

En la antigua Roma, atrio era un espacio abierto en sus míticas casas cercado de pórticos y destinado a reuniones familiares y a los huéspedes. En las iglesias romanas, atrio se describía en un patio amplio que miraba al exterior. Atrio son los extensos corredores al aire libre que se disipan a la majestuosidad de muchos templos y palacios en la fisonomía de las grandes ciudades de este mundo.

Y eso es @trio press, un espacio permanentemente abierto a los acontecimientos que han rodeado y rodean la vida. @trio Press (ATP Foro de Noticias) es una ventana a la actualidad en todos los horizontes del quehacer humano, y que dibujaremos con la imagen, el sonido y la palabra hablada y escrita.

@trio press-foro de noticias es una plaza pública en la red, un epicentro de atención cultural e invitación constante al foro libre.

El atrio triunfó en Roma tal como el ágora en Grecia como punto de encuentro y opinión tras la caída de la civilización micénica en el siglo VIII (Antes de Cristo). Hasta nuestros días, la más famosa, el Ágora de Atenas, es la única belleza arquitectónica de la Antigua Grecia que conserva, al menos, su techo original. Y allí, como marcándole el paso del tiempo está al aire libre el extenso corredor, el atrio, que se disipa al Ágora de Atenas.

En honor a esa pauta primera del derecho al foro y a la opinión sale @trio press. Como un foro público, un espacio para difundir actualidades. Vamos a contar la historia que vivimos a partir del testimonio que es uno mismo. Queremos, sobre todas las cosas, encontrar los protagonistas del pasado y del presente del derrotero que es la vida.

Esto es @trio press el espacio donde invitamos a contar la historia, la de este mundo y que, a veces, pasa inadvertida. Contáctenos y cuéntenos lo que quiera en Atrio Press, el foro de noticias. Nosotros lo diremos tal como nos lo cuenten. Bienvenido a @trio press.

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