31 marzo, 2016

MANOLÍN ÁLVAREZ: UNA HISTORIA DE MÁS DE 100 AÑOS

El colega Jorge José Rodríguez Borges, me ha enviado desde Estados Unidos, estas palabras para saludar también los ocho años de mi blog y los casi 35 consagrados a la pasión en que juntos hemos crecido desde que allá por los 80, en Villa Clara, Cuba, comenzáramos a emprendernos en el arte de escribir crónicas y noticias. Este es un artículo perfecto que abrió la noche de presentación de «Crónicas del Caribe» en Books and Books, Coral Gables de Miami, el pasado 22 de enero. «Crónicas del Caribe», la historia del asturiano Manuel Álvarez que emigró a Cuba y se erigió en fundador de la radio, este 30 de marzo recobra actualidad al cumplirse 30 años de su muerte en Caibarién, el pueblo cubano al borde del Caribe, donde"MANOLÍN" se sembró para siempre.
Gracias, Jorge.
Gloria al maestro de la radio!!
Jorge José al centro, y a su lado los hijos de Álvarez: Manolo y Nelson

«Hoy Loyola está aquí con nosotros, en Miami, la tierra adoptiva de buena parte de la familia de Manolín, para permitirnos vivir el punto culminante de una larga historia de poco más de 110 años... Nos presenta el tan currado libro y con los brazos en alto nos dice a sus colegas, a sus amigos, a sus familiares, a los familiares de Manolín y a Manolín mismo "lo he logrado, lo hemos logrado, Maestro.»

Una larga historia de poco más de 110 años
Manuel Álvarez Jr.  y Jorge José, portando el libro.

Jorge José Rodríguez Borges
jjr@borgesconsulting.us

Hoy (el 22 de Enero del año 2016), aquí en esta librería de Coral Gables, una señora muy antigua, pero siempre muy actual, va vestida de fiesta y hasta haciendo guiños a los protagonistas principales de este encuentro, esta señora es la Señora Historia. 
Ella, que a veces es escurridiza, huraña, despistada y hasta injusta, hoy nos abre sus brazos para permitirnos participar del que considero es el punto culminante de una larga historia de poco más de 110 años.
El autor Jesús Díaz Loyola, en los años 80 en una de sus sesiones de entrevistas con "Manolín".

Todo comenzó cuando su principal protagonista, siendo todavía un adolescente,  llegó en el año 1905, procedente de Carreño,  Asturias, al norte de España, a un poblado pesquero nombrado Caibarién, en el Norte de Cuba.

Cuba, una isla hermosa y sacrificada en la cual aquel adolescente, llamado Manuel Álvarez y conocido como "Manolín", fundó una aguerrida y querida familia y donde con el pasar de los años muchos de los que estamos aquí, comenzando por el querido y respetado amigo Manuel Álvarez Jr., "Manolo", además del primer llanto, también dimos el primer grito por la libertad y soñamos con el apóstol José Martí que la primera ley de la República fuera el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

Pero, además de fundar familia, aquel adolescente asturiano, que ya comenzaba a ser cubano, trabajó duro y con pasión. Y lo hizo con tanta pasión, con tanto empuje, con tantas ganas que para el justo momento en que otro adolescente, llamado Jesús Díaz Loyola, entrara a formar parte de la segunda parte de esta historia de poco más de 110 años, ya Manolín Álvarez era una leyenda en el ámbito de la radioafición en el planeta.

Hacer contacto en los años 80 con la emisora de radioficionado de Manolin, quien transmitía desde Caibarien, era un deseo y un orgullo para todo el que operaba una planta de radioaficionado alrededor del mundo, incluyendo sus propios colegas de la isla.

El orgullo y deseo era mayor, sobre todo si esos colegas eran adolescentes recién llegados a la radioafición, como lo era en aquel momento mi hermano menor, por medio de quien oí hablar por primera vez de Manolín y por medio de quien conocí años después aquí en Miami a Manolo y su familia.

Con total nitidez recuerdo que dos radioaficioandos ilustres eran muy deseados poder contactar en aquel Facebook de la época pre-internet llamado radioafición: uno era el entonces Rey de España, Juan Carlos, y otro era Manolín Álvarez, quien además del radioficionado de más edad activo en el mundo, era también, sin dudas, el rey de las ondas.

Y ese rey de la radio, que ya había dejado de ser un adolescente para ser todo un patriarca, tuvo un buen día sentado frente a él a otro adolescente. Un adolescente que más que estar atraído por el cómo fabricar aquellos aparatos llamados radios, estaba fascinado por la posibilidad que esos complejos ingenios técnicos de válvulas, resistencias, transistores, cables, antenas, micrófonos y bocinas daban para comunicarse con otras personas en la distancia.

Desde aquellos primeros momentos de exposición al mágico mundo de la radio, Loyola tuvo bien claro que lo de él no era fabricar radios, sino “hacer radio”, es decir hablar por la radio, reportar por la radio. Es así como a mediados de los 80 en la emisora CMHW de Villa Clara comienza a oírse una voz que terminaba sus reportes diciendo: “Desde Caibarién, la Villa Blanca, reportó para ustedes Jesús Díaz Loyola.”

Con sus reportes de prensa desde Caibarién, Loyola sentaba las bases de lo que fuera su carrera de periodista inquisitivo, audaz y atrevido, mientras que con sus conversaciones con Manolín fue acumulando un extenso y valioso material sonoro, gráfico y escrito, que lo convertiría en protagonista de la segunda parte de esta historia de poco más de 110 años, cuyo punto culminante estamos viviendo aquí esta noche.

Fue necesario que pasaran más de 20 años para que Loyola pudiera levantar los brazos como lo hizo hace unos meses al llegar a la tierra natal de Manolín, Asturias, para presentar por primera vez su libro y para que lo haga hoy entre nosotros, como símbolo de triunfo profesional, personal y ético.


Es la victoria por la obra de toda una vida que comenzó siendo un adolescente en su natal Caibarién como corresponsal de prensa y oyendo las extraordinarias historias de quien finalmente por la perseverancia de Loyola como periodista e investigador tuvo que ser reconocido como el Pionero de la radio en Cuba: el asturiano Manolín Álvarez.

Cuantas historias no le contó Manolín a Loyola y cuantas crónicas, entrevistas y reportajes no nos regaló Loyola en la prensa radial y escrita de la Cuba de los 80 y 90 para ilustrarnos del ingenio, la perseverancia, la humildad y el optimismo de Manolín, quien siendo ya un anciano contaba sus aventuras y travesuras en el mundo de la radio con total lucidez.

Loyola, poco a poco, y sin quererlo, se convirtió en el biógrafo de Manolín y llegado el momento, su defensor al demostrar en su tesis de periodismo que el verdadero pionero de la radio en Cuba y América Latina era un noble asturiano que desde su natal Asturias había recalado en Caibarién, donde en los primeros años del siglo 20 fundó familia y también las primeras bases de la radio en Cuba. 

Sin embargo antes de que Loyola hablara, el oficialismo y la oficialidad imperante no reconocían a Manolín en su indiscutible lugar de pionero de la radio en Cuba. Algo que sabe su familia en el exilio, pero en particular su hijo Manolo, quien deseaba que se hiciera reconocer como era debido, pero ya sabemos… a veces la Señora Historia es escurridiza, huraña, despistada y hasta injusta.

Luego de la sustentada tesis de Loyola, la historia tuvo que comenzar a ser otra, aunque a regañadientes los oficialistas la aceptaron. Faltaba entonces el libro que plasmara en blanco y negro esta fabulosa historia de Manolín Álvarez. Desde mediados de los años 90, Loyola comenzó su vía crucis primero en la isla y luego desde España para que naciera el libro donde pudiéramos leer la historia de Manolin.

Cuantos portazos en la cara no recibió Loyola. Cuantos NO escuchó en estos años Loyola. Parecía que no había tinta ni papel en este mundo para publicar la historia de Manolín, la historia del pionero de la radio en Cuba. Pero Loyola tenía el compromiso ético con Manolín, con sus herederos, (entre ellos y sobre todo con el querido y admirado amigo Manolo Álvarez) y consigo mismo y con la historia de la radiodifusión en Cuba de que la vida de Manolín quedara en las páginas de un libro.

Y así ha sido, luego de más de 20 años, pero ha sido.
El autor junto a la familia Álvarez de Miami, durante la presentación de su libro en Coral Gables.
Hoy Loyola está aquí con nosotros, en Miami, la tierra adoptiva de buena parte de la familia de Manolín para permitirnos vivir el punto culminante de una larga historia de poco más de 110 años, que es hoy cuando junto a familiares de Manolín, entre ellos sus herederos directos, nos presenta el tan currado libro y con los brazos en alto nos dice a sus colegas, a sus amigos, a sus familiares, a los familiares de Manolín y a Manolín mismo "lo he logrado, lo hemos logrado, Maestro".

Palabras que hacen que ahora mismo en las ondas hertzianas de este mundo comiencen a repicar llaves de telegrafía y voces de radioaficionados que repiten al unísono CQ, CQ, CQ DX, que es la clave para pedir contacto con otros colegas en la distancia. En este caso una distancia que alcanza más allá de las fronteras de este mundo y comenzar una tertulia en la cual, sin lugar a dudas, podremos sentir la presencia de Manolin y cuyo tema a desarrollar por el amigo y colega Jesús Díaz Loyola es:

"Manolin Alvarez, asturiano de nacimiento y cubano y caibarienense por adopción (el pionero de la radio en Cuba y radioaficionado de clase mundial) tiene erigido un monumento justo e imperecedero en el libro de Jesús Díaz Loyola".
El encuentro de dos colegas y un sueño realizado.

19 marzo, 2016

LA HABANA ESPERA UN EJÉRCITO QUE YA NO ES EL DEL IMPERIO

El anuncio del Presidente norteamericano Barack Obama de visitar Cuba tuvo repercusión inmediata en los medios y desató un mar de conjeturas y opiniones, mayormente favorables. Mañana, por fin, llegará Obama a La Habana.
Sin duda, 20, 21 y 22 de marzo, serán tres días de pasos sólidos con el rumbo impreso por el actual inquilino de la Casa Blanca en su política hacia Cuba desde el anuncio simultáneo realizado por él y el presidente cubano, Raúl Castro, el 17 de diciembre del 2014, acerca de la decisión de los dos países de restablecer relaciones diplomáticas, mas de medio Siglo después, desde que fueran rotas en enero de 1961.
Tras un grupo de avances en el largo camino hacia la normalización plena de los vínculos mutuos, mañana por fin, llegará Obama a la isla.
CONFESIONES DESDE LA HABANA 
"Estamos los cubanos en la fiebre de antes, durante y posterior al viaje de Obama." —narra la crónica desde la isla.
Las medidas de embellecimiento y seguridad internas se han extremado para atender un ejército que ya no es el del imperio. 
OBAMA COMO UNA VEDETTE 

¿BAILARÁ EL PRESIDENTE 
EN LA HABANA?
Ser el mandatario de un país no difiere en nada del lado humano de estos líderes; en Obama mucho menos, que ya demostró sus dotes de baila'or durante su visita a Kenia el pasado año, después que también lo hiciera junto a su esposa, Michelle Obama, durante la tradicional celebración tras la toma de posesión en 2013, cuando pusieron el broche a su fiesta de investidura con un baile a ritmo de "soul".

Ahora la pregunta es si a "los Obamas" les saldrá el ‘Sergio Baila'or’ que llevan dentro, y bailarán también en La Habana.
Por lo pronto esta es la...
CRÓNICA EN LA VÍSPERA 
La Habana ha cambiado un poco su fisonomía ante los preparativos para ofrecer una imagen “alegre y bonita” al inquilino de la Casa Blanca y su nutridísima delegación, integrada, entre muchos otros, por 20 congresistas.
Más de 10 cuadras paralelas y transversales al hotel Habana Libre, centro de prensa internacional, fueron pavimentadas totalmente, y edificios cercanos pintados y los árboles podados. 
 Los llamados baches, que habitualmente duermen un sueño eterno, han sufrido la “embestida” de cilindros y numerosas brigadas de obreros que no sabe de dónde salieron.  
La Habana Vieja se beneficia de igual labor embellecedora, pues el gobernante invitado la recorrerá. 
Desvíos de calles, prohibición de parqueos de autos y cambios en trayectoria de rutas de ómnibus también ocurrirán domingo, lunes y martes. 
Los vetustos y con frecuencia semiderruidos inmuebles de las proximidades del estadio Latinoamericano de pelota, en el Cerro, fueron “salpicados” por el efecto bienhechor de la pintura.
Obama presenciaría un juego entre la selección cubana y un equipo de las grandes ligas profesionales, el primero en décadas. En el equipo de los Tampa Bays vendrá un pelotero cubano considerado aquí desertor. Quizás el locutor oficial anuncie su nombre si el manager lo utiliza.  
Las medidas de embellecimiento y seguridad internas se suman a las adoptadas por el visitante estadounidense, para atender una enorme caravana de autos, asesores, auxiliares, periodistas, esposa, hijas, en fin, un ejército que ya no es el del imperio. 
Estamos los cubanos en la fiebre de antes, durante y posterior al viaje de Obama, al que se refieren elogiosamente pasajeros de ómnibus, transeúntes, vecinos y otros ciudadanos de a pie.
Obama es como una vedette, claro, altamente bronceada, que con sonrisa distendida llega a La Habana a interactuar –según sus palabras- con los cubanos.   

CRÓNICA DE UN PADRE BUENO: ÁNGEL MARTÍN PAVÓN

• Ante la pérdida de un padre, la soledad desgarradora es irreemplazable. 
Con esta crónica quiero expresar mi sentimiento a Desi, mi compañera, y a toda la familia Martín Fernández por la ausencia de un hombre, que además de padre, fue un ser noble y sencillo hasta el final. (JDL)

El joven Ángel 


El padre-abuelo

 «Son buenas gentes, 
               que aman, sueñan y piensan,
          y que un buen día, como tantos
                          reposan bajo la tierra».
                                 Antonio Machado.

ÁNGEL MARTÍN PAVÓN
EL DÍA que los hombres conozcan más de su pasado y sepan que en los lugares donde crecieron, hubo y habrá hombres valiosos, entonces se arraigarán más y sabrán defender la tierra en que nacieron. Ángel Martín Pavón (Fontanarejo de los Montes, Ciudad Real, 1929-2014), pertenece ya a esa lista infinita de seres anónimos, pero extraordinarios, que amaron a su pueblo y se recordarán toda la vida.

La sola idea del fatídico domingo en que se fue para siempre, es tan ingrata que no se puede verbalizar. No fue a la hora del café cuando se marchó. Era pasada la una de la madrugada del 13 de julio de 2014.

Cuando recibí la triste noticia, lo primero que sentí  fue un vacío inmenso, un profundo dolor que no se olvidará jamás.

Cuando se pierde al padre —y yo también lo perdí—, sólo el desgarro emocional de la familia es capaz de delatar el vacío que deja ese soporte de inteligencia viva que siempre será el padre. 

Ángel Martín, a sus 84 años, aún con la salud ya debilitada, demostró una enorme resistencia y vitalidad hasta el final.

No porque la muerte sea la última ley de la existencia las emociones dejaron de acentuarse mas aún. La partida de Ángel, el esposo, el padre y el abuelo, no quedó como un hecho natural, sino que fue un corte en seco en el alma familiar como si todos quedáramos definitivamente huérfanos.

Voy a hablar, por fin, de este hombre que vivió pegado a la raíz, a la familia y a su pueblo: Fontanarejo, un rincón callado de la Comarca Histórica de los Montes de Toledo, que con Ángel lloró la partida de quien se aplatanó a su tierra desde el mismo día en que nació, el frío invierno de 1929.

Ángel (a la derecha) junto a mi       padre, José, en Madrid, después de una corrida de toros en 2004.

Recuerdo las conversaciones con él, que no era mi padre, pero casi lo fue. Era un hombre adusto que en la mesa familiar, ensimismado siempre en su silencio, todo el sentimiento lo llevaba dentro.

Nadie como Ángel habrá vivido más el apego por el campo y por su pueblo. Cada año, «Las Luminarias», la tradición medieval que identifica al rincón castellano-manchego en que nació, eran un acontecimiento en su vida.

La infancia en el pueblo le marcó su existencia. La nostalgia por una tierra tan accidentada y bella, los misterios de sus montes, el amor por la agrestenaturaleza, el placer de las aguas de los riachuelos cercanos y las tradiciones ancestrales, fueron para Ángel un referente permanente como lo es Fontanarejo para Castilla La Mancha y toda España.

Entre calles empedradas, queda ahora el recuerdo de un antaño labrador: su ir y venir por las cuestas de su aldea, ora en busca de romero, ora haciendo los fardos verdes que arderían después expandiendo por el pueblo el aroma purificador.

Ángel Martín Pavón, quiso a su familia y a su pueblo, fue el enlace de un presente encarado al futuro con el pasado y las historias que llevaba en su interior. Era hombre de hazañas anónimas, cazador incansable en sus tiempos mozos. Allí, en su casa de Fontanarejo, cuelgan los símbolos de aquellas correrías de antaño como trofeos inmortales de sus años de juventud.




«Montaba a la mañana el sillonero 
con el último mate en los pellones
y salía, ganándole a los peones, 
puro brillo de plata en el apero.
Y cuando el sol caía en el potrero, 
entre mulas, arneses y jergones, 
regresaba cortando callejones
con todo el horizonte en el sombrero».

No está Ángel, el esposo, el abuelo, el lugareño, el labrador. Un cúmulo de vivencias guardadas se fueron con el. Pero el hombre bueno que fue, nos dejó para siempre su lealtad, su nobleza y toda su generosidad. 



EL ABUELO DE 
LAS EMOCIONES  


Hay abuelos de todos los tamaños y clases: abuelos altos como el árbol que invita a trepar, abuelos gordos como osos de felpas, los que nos gusta besar y acariciar; abuelos diminutos que nos hablan en voz baja durante horas enteras; abuelos listos, que saben todo lo que hay que saber; abuelos callados, que con un leve silbido todo lo dicen. El abuelo Ángel fue todos ellos juntos en las distintas etapas de su vida. Lo saben los cuatro hijos que junto a Marina engendró, y los seis nietos que la vida le regaló.


    En La Cabrera, Madrid, 2008

POSTDATA PARA ÁNGEL________________________ 
A la altura de la 1:30 de la madrugada del 13 de julio de 2014, la muerte se llevó por delante a mi suegro y amigo. Tenía 84 años y unas ansias enormes por seguir viviendo.

En las Navidades de 2013, su semblante era un esplendor de vida llena, pero una afección insospechada le cortó la existencia un domingo ingrato de julio. Se fue con el preciado tesoro de haber pasado toda una vida junto a su familia, desde el día en que se unió con Marina, en una premonición de futuro feliz que no se acabó nunca.

Junto a Marina, la mujer que le acompañó toda la vida.

Ángel se adelantó a su partida cuando todavía debería estar  gozándose con los suyos  y con toda la gente que le amó.

Ya  nadie te reemplazará en tus instintos.

Ya nadie te suplirá como tú lo hacías, esperando siempre afanoso en el banco de la esquina.

Ya nadie te arrancará una sonrisa anticipando aquel abrazo tierno de familia. 

Ya no estarás más junto a Marina, la mujer que te amó toda la vida y que no deja de llorar tu ausencia entristecida.

A veces, cuando no tenías con quien hablar o con quien compartir el café de cada día, deambulabas por los campos, tal vez, hurgando en todo tu pasado, desde los menesteres de labrador primero hasta los trajines de la electricidad que te llevaron a Madrid, sin que el amor a la tierra abandonara nunca tu pasión.

Te vas como un auténtico hombre de secano, al que por otra parte le encantaba el mar, ese mar al que añorabas volver y que tantos veranos disfrutamos juntos.

Seis años faltaban para que la vida te asomara al nonagenario, pero la muerte, con su inusitado paso y su presencia cotidiana, arrebató tu mirada y dejó en todos un vaho de tristeza que no se borrará jamás.

Hoy reposas, como tantos, en Fontanarejo de los Montes, la tierra donde se te estiró el cuerpo y moldeaste toda una vida.

Gracias, querido Ángel, por todo lo que nos legaste. (D.E.P.)

 
Fontanarejo de los Montes, pueblo de tradiciones y tierra de Ángel Martín Fernández.

La muerte de mi padre y la confesión que le debía

La Habana, 5 de agosto de 2010.
La noche antes -4 de agosto-, mi padre, ignorándolo todo en medio de la enfermedad terminal que lo consumía, estaba consciente y hasta sonreía. Lo llamé desde Madrid y le prometí que volvería para Navidad. Ya no hablaba, pero estaba consciente: "Yo salgo de esta", me había dicho en dos viajes anteriores. Esa noche, se tomó un helado y durmió como un ángel, pero ya el corazón apretaba más su caja torácica. A la mañana siguiente, a las 7:35 a.m., mi padre quebró su último suspiro en tierra cubana. Nadie habría luchado tanto como él por ganarle la batalla a la muerte y seguir viviendo. Hace 10 años me fui de su lado y le debía una gran confesión. Esta crónica que ahora le escribo, es la imagen escueta de la vida que mi viejo y yo hemos llevado en el esencial empeño por luchar y salir adelante. Él lo hizo hasta el final.____________________________________________________________________

Mi mayor ídolo,
mi mejor consejero
Jesús Díaz Loyola

Si me preguntaran quien es el personaje de mi vida, sin duda alguna diría que es mi padre. Sólo por el hecho y el respeto al gen que me engendró, siempre diría que mi padre.

Pero resulta que mi padre es algo más, es el hombre de las confidencias más íntimas, de las grandes discrepancias, los mejores consejos y los besos más tiernos.

¡Y vaya putada que me hace ahora! Después de más de 40 años de andar juntos por la vida, mi padre se fue insospechadamente con el alba de un jueves del cálido agosto cubano de 2010, pero con el premio de habernos
dejado a todos, a la familia que fundó y a los amigos que se ganó, un gran legado: la constancia y el amor.

No me importó convivir junto a él una etapa de carencias y mil vicisitudes en la isla que los dos amamos como unos empedernidos, pero "conviví contigo y crecí a tu vera, que es lo que importa y tú lo sabes, porque Cuba fue la vida que nos tocó y tú el padre perfecto y luchador".

"Te recuerdo cuando yo comenzaba a vivir mis ansias desaforadas por la profesión que me marcó: el periodismo, y que solo a ti y a tú desdén puedo agradecer, porque tú me diste la vida y me la fortaleciste siempre en el sentido de hacerme un hombre de bien. Gracias, viejo".
En 2004, en el parque del
Buen Retiro de Madrid.

"No se me olvidan tus andaduras de recio buscavida, desde las maratónicas jornadas por las llanadas de Mayajigüa, allá en la tupida campiña cubana, hasta las horas infinitas buscándote el pan de cada día bajo el sol abrasador de La Habana. Lo hacías cuando eras un treintañero y yo un hijo de la inocencia que te seguía a cualquier parte. Y lo hiciste hasta el final de tus días, porque me sobran razones para saberte un padre ejemplar".

Gracias viejo,
por toda
tu grandeza.






Cuando yo era un niño que comenzaba a gatear, mi padre, que es José, se ganaba la vida como estibador del puerto donde los dos nacimos: Caibarién.

Ya yo era un veinteañero, y en esos avatares de los primeros años y las primeras pasiones, con unos deseos inmensos por vivir, "siempre que nos sentábamos hablabas de todo; tus rechazos y tus durezas me maduraban, y sabía que poco a poco estábamos forjando la vida sumergidos en el afán por salir adelante y hacerlo cada día mejor".

"Cada vez que te bajabas de tu fecundo día en las noches cálidas del Caribe, cuando nos ponías el café y te apretabas el puro que celebraba tu hornada, siempre decías con tu particular perspicacia: La vida a mi no me vence".

"Te recuerdo en el último verano que los dos pasamos juntos —2009—, que eras el mismo de siempre cuando un dictamen médico te detectó la enfermedad degenerativa que te arrebató la existencia. Aún así, con el presagio de tu inminente partida, fui capaz de prever el momento en que te quedarías paralizado y desde la lejanía suplí en casa tu invalidez y asumí tu papel responsable con esa perseverancia de echártelo todo encima que nos inculcaste desde el primer día".

"Ya estabas postrado y eras el vivo drama de tu injusta invalidez, y cuando las premoniciones de tu salud eran irreversibles, entonces hiciste derroche de tu dignidad paternal y me pediste perdón si en algo habías errado en esta vida".

"Y te dije: ¡Que tengo yo que perdonarte, viejo, si tú me diste la vida! Aún así me prometiste que en cualquier parte siempre velarías por nosotros".

La última imagen que guardo del hombre extraordinario que fue mi mayor riqueza, es la de sus diminutos ojos escondidos debajo de los párpados en una lucha constante por vivir. Nunca abandonó su fuerza de caribeño curtido por el sol y el salitre: "Yo salgo de esta", decías y te reías.

Cuando el seis de agosto me fui a La Habana y lo llevé dormido hasta el campo santo del pueblo pesquero donde se nos estiró la vida, el negro David, compañero de aquellos fogueos entre los sacos y la estiba al borde del Caribe, me dijo con clara satisfacción como tantas veces se gozaba afirmándolo a José: "Fue el único hombre en la historia portuaria que descargó
 él sólo, un vagón de 40 toneladas de cuero". Ese era el grande de mi padre.

Y te recuerdo con un dato más. "¿Te acuerdas en el otoño de 1985 cuando éramos unas almas marcadas por las adversidades de la convivencia que nos tocó en la isla?
Mi casucha, la tuya, en el rincón costero donde vivíamos, sudando el salitre todo el santo día, había sido barrida como tantas otras por la furia de los vientos del huracán Kate que azotó al centro la isla. Allí estabas tú, salvándolo todo y a todos".

En ese ambiente crecimos, corroborando cada vez el deterioro del cauce por la vida en la Cuba que nos tocó, "pero siempre estabas tú, dándonos unas ansias enormes por seguir adelante".

"Viniste desde los treinta cuando Caibarién, la Villa Blanca, era un esplendor de ciudad junto al mar, y ahora te vas cuando toda la isla es un lúgubre destino, donde la subsistencia es una conjunción de suerte y rumbo de todo un pueblo. Pero hoy, sin embargo, lloro de felicidad, porque aún en los tiempos que nos tocó vivir, me lo diste todo a cambio de nada, y esa es mi mayor gratitud".

Al alba cruel del cinco de agosto de 2010, la muerte inesperada se llevó a mi padre, José, con 77 años encima y unas ansias enormes por vivir. Un año atrás, su semblante de incansable luchador era un esplendor de vida llena, pero una atrofia acelerada le cortó la existencia. Mi padre se fue con el tesoro sagrado de habernos regalado casi medio siglo a su vera desde el lejano julio de los sesenta, en que eligió a Elisa, mi madre, para premiarnos a cinco hijos con la vida.

Adiós padre, tú has sido mi mayor riqueza.
Seguiré luchando con la misma fe con que tú lo hacías.

En la madrileña puerta de Alcalá durante el viaje que nos reencontró. Después, como el frondoso tronco que no abandona su raíz, regresó a la semilla.

15 marzo, 2016

JAVIER GAZAPO Y SU MUNDO MÁGICO CON LOS PERROS

«Su línea canina, que se mueve entre lo mágico y lo real, conforma cuadros surrealistas de un colorismo impresionante.» (JDL) 
El pintor Javier Gazapo. Sobre él, su obra "Me meo" cobra actualidad.
Interpretar la realidad desde la abstracta dimensión de la mirada de un perro, se ha vuelto una obsesión en él. No hay día en que su muro no conozca las alaridos coloreados de sus perros. Hoy, yo he sido "el emperrado" de su mundo mágico. Entonces, me fui a galope con su manada, entre recuerdos, añoranzas y, de vez en cuando, un ladrido.
En la enjundia del mundo de sus colores, Gazapo tuvo hoy un momento de bonanza y me salpicó con el color encantador de sus perros, donde armoniza el retrato en el mágico mundo que se ha creado con los perros. Y le salió un "Perro majá".

LA PINTURA QUE ME HIZO DE GAZAPO 
En la enjundia del mundo de sus colores, Javier Gazapo (Caibarién, Cuba), tuvo un momento de bonanza y me salpicó con el color encantador de sus perros, su línea actual, donde armoniza el retrato en el mágico mundo que se ha creado con los canes. Y le salió esto que Gazapo ha llamado un "Perro majá".

http://atriopress.blogspot.com/2016/03/los-perros-de-javier-gazapo.html

"Amarren el perro que está vacuna'o
Cuida'o con el perro que muerde calla'o", dice una ocurrente guaracha-son de Faustino Oramas "El Guayabero" de Cuba, El Rey del doble sentido.
"Pastor alemán".

Desde hace algún tiempo, el pintor cubano Javier Gazapo, afincado en Palma de Mallorca, lleva ese doble sentido a su obra con perspectivas del emblemático personaje del perro en una enjundia de razones, donde entremezcla todo su pasado, y se retrotrae a las tiempos de los que no se ha desprendido jamás, y más bien viajan íntimamente con el curso de su vida.

Javier Gazapo (Caibarién, Villa Clara, Cuba) está inmerso en una nueva línea y desde su alegre nostalgia —canina— sin proponérselo, está escriturando todo su pasado con el poema sin palabras que es cada obra suya. 

Gazapo, sueña con perros y mil demonios..., quizás sea ese el golpe de suerte de su musa divina para que cada día despierte con sus ideas cristalizadas.
Gazapo, junto a una de sus obras, en una exposición reciente. 

Si línea canina, que se mueve entre lo mágico y lo real, conforma cuadros de un surrealismo impresionante. Tal pareciera que Javier es parte de una manada que invade la civilización de sus días. Cuando una idea le baja, le mueve el color del fuego, que son todos los colores juntos en un mundo perro y vacío. 
En la óptica de sus perros el mundo es más perfecto, o mas bien encendido, porque ellos son sus dioses, los astros que le guían: Ora pinta sus rostros, ora de largas patas arriba. Sus colores mezclan el fuego y los naranjos, la miel y el ámbar, pero sus rabias son como el sueño de la sal.
"Esta es tu casa, perro sato".

Destella luz Gazapo con sus perros, con cabezas cortadas en la piedra del orgullo. Mucho orgullo el de este cubano costeño, que no pudo vivir sin el olor del mar ni el sol del océano y se fue a vivir a una isla del archipiélago Balear, porque tal vez el día y el invierno, el silencio turbio y desordenado de la Costa, son la sangre, el ritmo, el incitante tesoro de la vida de Javier Gazapo que ahora galopa sobre el color de sus mascotas como un perro desperdigado y empedernido. 

Yo sé que allá en Cuba, desde muy pequeño, Javier andaba a la vera de su padre, impregnándose del color de la vida. Su pasión por los paisajes de su entorno marinero, era voraz. Un día tomó el pincel, hizo época en su natal Caibarién, y el óleo y los colores le han acompañado toda su vida. 
"Perro fueraborda".

"Cuida'o con el perro que muerde calla'o
Amarren el perro que está vacuna'o", dice la guaracha de 'El Guayabero'. Digo yo, cuida'o con el perro si viene Gazapo...

TRILOGÍA: "Can cerbero", "La vuelta" y SN (Obras cortesía de Javier Gazapo)

El talento de un colega extraordinario: Jorge García Sosa

A propósito del Día de la Prensa Cubana

‼️Periodistas todos los días‼️


APOSTILLA POR MIS COLEGAS MUERTOS 
Y LOS QUE SIGUEN EN PRIMERA LINEA 

El 14 de marzo fue el Día de la Prensa Cubana y quiero evocar los nombres de aquel periodismo de primera fila en que me forjé. 

Llegué a 'Vanguardia' en los años del gran esplendor, con la bocanada de aire fresco que estaba significando el arribo de reporteros, todavía activos,  de la talla de José Antonio Fulgueiras Domínguez, Mercedes Rodríguez García y Luis Manuel Machado Ordetx, y de otros que ya no están como Iroel Camero López, René Rodrigo Ruano, Ifrain Sacerio Guardado y el íntegro Jorge García Sosa. 

Todos llegamos hechos unos imberbes, y sin mayores reverencias nos contrataban por 200 pesos, una fortuna en los 70 y 80. En los pasillos del periódico maduramos en el oficio que amamos toda la vida.

Jorge García, que llegó todo flaquito y acabó siendo un maestro de la corrección, murió en 2013 con 62 años. En mis tiempos en 'Vanguardia', se desempeñaba como Jefe de Información. Todos juntos, vivimos el primer golpe, el desconcertado final de Ruano cuando iba en busca de la noticia un día ingrato en que la noticia acabó siendo él. A la muerte de Rodrigo Ruano, le siguieron las de Ibrahim Pérez Gómez, Raúl Castillo Rolo, José Ramos Pichaco, Ifrain Sacerio, la de Andrés de J. Fernández y Miguel Ángel Pérez Cuéllar; también la de Juan José Pérez Palmero, que también comenzó en aquella redacción, y la del patriarca Roberto González Quesada, el maestro mayor. 

No hace un año todavía que otro decano periodista, Guido de Armas, colega de oficio y de las buenas juergas, murió en Santa Clara montado en los 80. Sumo también las bajas del tándem de fotógrafos : José Vizcaíno y José (Pepe) Hernández Mesa, artífices junto a Manuel de Feria ( todavía en pie) de las imágenes que rastreaban por toda la geografía central para ilustrar las notas y los reportajes que llenaban cada día la edición del matutino impreso. Y sumo al fotógrafo José Antonio López Godoy (TOM) compañero inseparable en mis años de periodista en Cuba. Tom disfrutaba, tanto como yo, el placer inmenso que me provocaba el periodismo de investigación. Eran unos verdaderos maestros del lente, protagonistas de un caudal interminable de películas que justificaban el día a día y todo el progreso villaclareño de aquellos años de máximo esplendor. Todos, en algún momento de sus vidas fecundas, fueron vitales en el tándem de reporteros sagaces del matutino villareño, y hoy forman parte inseparable de la historia del periodismo de primera línea. 

Todos, guardamos el mérito de habernos forjado y educado cuando la redacción de 'Vanguardia' era un corrillo permanente cocinando la crónica de cada día. 

A veces, llegábamos tarde en la noche, nos sentábamos a la mesa y aporreábamos la máquina de escribir y no abandonábamos la silla de Céspedes, 5 hasta que paríamos la última cuartilla que después nos trituraban los lápices implacables de García Sosa y González Quesada. Sobrada elocuencia de que nuestro tiempo fue el del mejor temple de la madera de periodistas que se curtían, porque reinaba la chispa, sin decir mentiras. Vivíamos afanados siempre en decir la verdad, hasta que un día tropecé con la censura, choqué más de una vez, y salté la barrera. 
Yo quería ser periodista y fui periodista.

Esta foto es de mi entrañable TOM, cuando yo tenía 20 años y echaba espuelas en el oficio. 

José Antonio López Godoy, que adelantó su partida el 7 de septiembre de 2009, fue compañero inseparable en mis años de periodista en Cuba, disfrutaba especialmente el placer inmenso que me provocaban los grandes reportajes a toda página. Llenó cientos de películas de la vida diaria y el progreso villaclareño que después cocinábamos entre su laboratorio y la redacción. Los dos fuimos testigos de cuánto hizo el escultor cubano José Delarra —también fallecido—, en su obra cumbre que fue la plaza del Ché de Santa Clara, y de mis encuentros interminables con Manolín Álvarez, el padre de la radio en Cuba, dos temas que fueron mi fuerte en aquel periodismo de investigación. 
Gracias, "Tomaso"!

TU IMPLACABLE LÁPIZ ROJO

Por Jesús Díaz Loyola.

                                      A Jorge García Sosa y todos los colegas muertos.

Es una paradoja verdadera: ”Hoy hay más comunicaciones que periodismo”. En cambio, contigo aprendí a ser más rectificador de mis escritos; y hoy, siempre que tomo la pluma, me acuerdo de tus sabios consejos llenos de la chispa que nos inculcabas cuando éramos unos aprendices de periodista. 

Por eso te lo dije la última vez que nos encontramos en Santa Clara, y no me canso de decirlo: "He añorado siempre que volviéramos a ser la redacción de «Vanguardia» que una vez fuimos".

El testimonio más elocuente que guardo de Jorge García Sosa (Santa Clara, 1951—2013) es el de los años 80, los del gran fogueo del periodismo provinciano cuando rastreábamos la noticia palmo a palmo, sin importarnos límites ni tiempo.

Como jefe de información entonces, con tu implacable lápiz rojo, limpiabas de hojarascas y textos floripondios las crónicas certeras que volcábamos en las gacetillas de cada día. Así nos impregnabas el aire nuevo. Por eso estuviste en la cúspide y lideraste aquel tándem de hacedores de la noticia cuando el periódico era un hervidero, un verdadero zafarrancho en el desvelo por la exclusiva de cada día. 

Después, como diseñador, nutriste de ideas nuevas el lenguaje de los formatos de las páginas que llenábamos con el día a día villaclareño.

Jorge era alérgico a los actos y al reunionismo. Durante sus más de 30 años de ejercicio, la perspicacia por la novedad le había gobernado siempre en la esencial divisa de que el periodismo es para los demás, y no para uno mismo. Por eso nos concienciaba que detrás de un acto y una reunión había una noticia mejor.

TRES DÉCADAS FECUNDAS

En el momento de su muerte, ocurrida el domingo 1 de diciembre de 2013, Jorge ocupaba el sillón de jefe de redacción en «Vanguardia», y dejaba tras de si tres décadas de ejercicio fecundo en la redacción del periódico que lo amamantó toda la vida desde que terminó sus estudios en la Universidad de La Habana.

En los años 80, todavía en la época en que «Vanguardia» se imprimía en la rotativa de Céspedes y Plácido, por un golpe del destino, o mejor, por haber acertado en el buen ejercicio profesional, pasé a integrar la plantilla de reporteros del diario después de tres años destinado en el Gobierno provincial de Villa Clara.

Aquel salto me permitió conocer mejor las dimensiones de un Jorge García, a quien ya admiraba como un as de la redacción. La burocracia administrativa que había dejado atrás, no perdonaba que primero fuéramos periodistas y después portavoces. 

En esa manera de decir las cosas como son, tuvo mucho que ver la suspicacia de Jorge García, que cada día nos volcaba en una batalla tenaz por poner sobre el tapete los problemas más acuciantes de la vida. Fue así como llegué a intimar con él, en sus tiempos memorables como jefe de información de «Vanguardia». En realidad, fue él y no otro, quien me propuso que me fuera a trabajar en el periódico y le sacara partido a mi entonces naciente vocación.

Y hasta lo dudó en algún momento: “Mejor te quedas en el Poder Popular, porque entonces quien nos va a sorprender a la hora del cierre cada día, diciendo: ‘¡Traigo un palo, un notición!’ “.

Hay una exclusiva que puedo considerar el mayor bombazo que haya metido durante mis años en «Vanguardia» a la vera del ímpetu certero de García Sosa, y ese fue el reportaje denuncia a la pasividad burocrática que lastraba la ejecución de la etapa final de la fábrica de traviesas de Santa Clara, un tema que levantó polémica y revolucionó el espíritu constructivo de una obra sumergida en el letargo.

De ahí salió el reportaje titulado: "Fabrica de traviesas: Un elefante blanco dormido". 
—Salió como un tiro", me dijo ese día, Jorge cuando manoseábamos la plana ya impresa que cayó como un boom hasta agotar bien temprano la edición en los Kioskos.

En ello, no sólo tuvo que ver Jorge, que ya era brillante emplanando las páginas del diario; también fue determinante la rienda abierta que nos daba otro as de la línea editorial: Ifrain Sacerio Guardado, el jefe de información que sucedió a García y que desafortunadamente también sucumbió.

Jorge y Sacerio fueron dos nombres, dos identidades de una época de 
«Vanguardia», que se convirtieron en los mejores confidentes de las investigaciones que una batería de reporteros tenaces llevábamos adelante cada día en el afán por revelar lo bueno y lo malo.

Pero no siempre todo se publicaba. Jorge como Sacerio se habrán llevado muchas  historias no contadas de esa dinámica a veces infructuosa cuando a ellos tocaba la determinación de anunciarnos la no publicación de los trabajos censurados. Fue lo que me pasó con el Secuestro de Agustín García Fernández, un pescador del puerto de Isabela de Sagua que vivió mil desventuras en el estado norteamericano de la Florida, y aún cuando regresó, no pudo ser héroe en su tierra. Eso nunca se publicó, y no precisamente obedeció a una determinación de Jorge o Ifrain.
El Secuestro de Agustín se fue a la basura, pero me quedó el aliento certero de dos maestros de mi tiempo y de mi oficio. Al menos, de aquellos batacazos quedaba la sólida enseñanza que en buena lid me inculcaron Jorge y Sacerio. "¡Tú, sigue así!", me decían, aunque los reportajes cocinados durante días enteros en las máquinas de escribir, muchas veces fueran a parar a la papelera, porque sencillamente "no ayudaban".

Así también fue como yo comencé a ver un periodismo que cada día perdía más primacía —lo veían todos— y se quedaba más rezagado, en medio de historias estremecedoras que la indolencia burocrática rechazaba ajena a toda la voluntad de mis colegas.

A pesar de ello, la dinámica que me impregnaron mis años provincianos en «Vanguardia», sirvió para que todos creciéramos periodistas ejercidos y curtidos. Muchos como yo, llegaron en los 80, recién graduados e imberbes todavía, pero con el mayor empeño puesto en publicar.  Así se nos acabó de estirar el cuerpo, arropados en el desvelo de nombres como el de Ifrain Sacerio Guardado y el mismísimo Jorge García Sosa, aunque ya sólo queden sus nombres para recordarlos.

El periódico era la mejor escuela de periodismo, pero en realidad, la escuela era Jorge García siempre que empuñaba el lápiz rojo sobre las cuartillas de los reporteros que escribíamos la crónica del siguiente día.

LAS FOTOS:

Jorge García Sosa poco antes de su muerte, ocurrida el domingo ingrato 1 de diciembre de 2013.


Ifrain Sacerio Guardado, otro ardid de la noticia, a quien también le debo  formación y astucia.



En 1984 —con 20 años— cuando yo empezaba a trajinar sobre la máquina de escribir y las grabadoras de bovinas, porque quería ser periodista. 



Jorge García tuvo la audacia de curtirnos a muchos noveles periodistas cuando «Vanguardia» era un corrillo de corresponsales y reporteros, el diario que daba en la diana de la noticia cada día.

La palabra hablada y escrita

En la antigua Roma, atrio era un espacio abierto en sus míticas casas cercado de pórticos y destinado a reuniones familiares y a los huéspedes. En las iglesias romanas, atrio se describía en un patio amplio que miraba al exterior. Atrio son los extensos corredores al aire libre que se disipan a la majestuosidad de muchos templos y palacios en la fisonomía de las grandes ciudades de este mundo.

Y eso es @trio press, un espacio permanentemente abierto a los acontecimientos que han rodeado y rodean la vida. @trio Press (ATP Foro de Noticias) es una ventana a la actualidad en todos los horizontes del quehacer humano, y que dibujaremos con la imagen, el sonido y la palabra hablada y escrita.

@trio press-foro de noticias es una plaza pública en la red, un epicentro de atención cultural e invitación constante al foro libre.

El atrio triunfó en Roma tal como el ágora en Grecia como punto de encuentro y opinión tras la caída de la civilización micénica en el siglo VIII (Antes de Cristo). Hasta nuestros días, la más famosa, el Ágora de Atenas, es la única belleza arquitectónica de la Antigua Grecia que conserva, al menos, su techo original. Y allí, como marcándole el paso del tiempo está al aire libre el extenso corredor, el atrio, que se disipa al Ágora de Atenas.

En honor a esa pauta primera del derecho al foro y a la opinión sale @trio press. Como un foro público, un espacio para difundir actualidades. Vamos a contar la historia que vivimos a partir del testimonio que es uno mismo. Queremos, sobre todas las cosas, encontrar los protagonistas del pasado y del presente del derrotero que es la vida.

Esto es @trio press el espacio donde invitamos a contar la historia, la de este mundo y que, a veces, pasa inadvertida. Contáctenos y cuéntenos lo que quiera en Atrio Press, el foro de noticias. Nosotros lo diremos tal como nos lo cuenten. Bienvenido a @trio press.

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