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07 septiembre, 2018

HÉROES DE LA MAR

La odisea de un hombre extraordinario: Alberto Pis narra su propia hazaña.

"LA HAZAÑA DE MIS HERMANOS MUERTOS EN LA MAR"

POR Jesús Díaz Loyola.


A todos los que zozobraron en su intento por cruzar y nunca llegaron.

CUANDO de cruzar el estrecho de la Florida se hable, hay héroes anónimos, a veces inigualables, en la gran odisea de la vida. Mientras viven, se les juzga por falsas conductas, a veces se tarda siglos en juzgarlos bien. Alberto Pis es uno de ellos, pero él prefiere hablar de las mujeres, hombres y hasta niños sepultados en las profundidades en sus intentos por cruzar el océano y abrazar una vida nueva. Esos son los verdaderos héroes de la mar.

Un día insospechado planean irse, dejan atrás una vida de penurias y agonías. No les importa nada, ni debatirse con la muerte, porque para eso quieren vivir, y se lanzan a la odisea.

En Cuba se han pasado toda una vida hasta que el día menos esperado las novias se pierden, parejas formadas se rompen, familias enteras se separan. Pocos cubanos no guardan tras de si una historia cruenta en sus instintos por salir y cruzar el mar.

Voy a corroborar esta verdad con un solo nombre: Alberto Pis y el drama que supuso su odisea para salir de Cuba.

"Mi lucha estaba en no perder las esperanzas y no pensar en la muerte", es la mayor esencia de su testimonio.

El miércoles 27 de agosto de 1997 le cambió la vida. Ese día, hace ahora 21 años, se levantó con una idea fija, y Alberto fue adelante, sin importarle previsiones ni recursos, pero sobre todo, sin miedo. 

"Yo sabia que era un intento muy riesgoso, demasiado peligroso y difícil de lograr", narra en su relato del que ofrecemos un extracto. 

EL DRAMA DE ALBERTO PIS

«Íbamos cuatro personas a bordo de una rústica embarcación. Primero había que salir de Caibarién —un puerto del centro-norte de Cuba— Teníamos que superar el riesgo potencial que suponía  pasar frente al reflector del punto de Guardafronteras. Y lo superamos.

El estado precario de la pequeña embarcación que pudimos conseguir para marcharnos, nos exponía al peor de los riesgos. Pero a cualquier  precio había que irse, y ese día nos fuimos, jugándonos todo, a bordo de un chapín de madera vieja que hacia agua con bastante frecuencia. 

La embarcación de mi aventura no llegaba a los diez pies de largo —menos de tres metros— y los cuatro tripulantes nos amontonamos en ella. Poco a poco fuimos desafiando el mar.

En la chalupa siniestra que nos movía lentamente, no había más espacio que para la muerte. Juro que ese día llegué a pensar que me abría  al fin de mis días

En el lento avance sobre el agua, nos ayudaban dos remos de madera hechos por nosotros mismos. Una pequeña vela de sacos de harina cocidos entre si y sujetos a una vara del monte, nos servía como mástil y era todo lo que nos movía en un bote que olía a muerte. Así nos abrimos paso por las aguas mansas del Caribe con la sombra de la vela reflejándose sobre el agua a la luz de la luna.

Confieso que desde mucho antes de partir, ya era un hombre destrozado. En tierra, me despedí de mis dos hijos de nueve y quince años. Creo que fue lo último que hice antes de abandonar la isla. La mirada de ellos, a la vez que me estremecía el alma, me daba fuerzas para partir.

Habíamos zarpado caída la noche, por el pedraplén que se prolonga desde la calle de Falero, en un rincón oscuro de la pequeña bahía de la ciudad donde nací. Eran poco mas de las nueve de la noche. Aprovechamos el horario de la telenovela y nos hicimos a la mar con el deseo de llegar en el tiempo que fuera a tierras de libertad. Tuvimos suerte al salir, y con mucha estrategia conseguimos zafarnos de la luz detectora de los faros delatores que alumbran hacia al Caribe.

Ademas de la fuerza física que me acompañaba, llevaba conmigo una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona de Cuba, y un crucifijo que me llenaba de fuerza en todo momento para pensar que si habíamos salido, podíamos llegar.

Ya habíamos superado las primeras dos horas cuando pensaba que dominábamos el mar, entonces aparecieron olas enormes y comenzaron las cavilaciones y la mente a viajar por todo mi pasado.

Me acordaba de mis hijos, de mi casa y de mi gente. En tierra, cada vez que aparecía una botella de ron, acariciábamos una y mil veces le idea fija de cruzar Las Bahamas y largarnos para siempre. Ahora que era un hijo del Canal, asumía un espíritu de resignación y le soltaba una carcajada al océano. ¡Voy a llegar! ¡Lo vamos a conseguir! 

Nos turnábamos los remos cada quince o veinte minutos, conscientes de que aquella manera rudimentaria de navegar nos estaba forjando mas que la mejor escuela naval del mundo. 

No todo era la balsa o el chapin desprovisto; había que tener cojones para enfrentarse al océano. Lo que mas martillaba a bordo era la certeza casi inevitable de estar cerca de la muerte. Y la muerte la tuve encima muchas veces durante el viaje.

Cualquier cubano enfrentado a las fuertes corrientes del Canal Viejo de Bahamas, es un desafío. Nadie ha vivido peor clima de adversidad que quien atraviesa la furia de las corrientes oceánicas que baten sobre el estrecho. Ni siquiera los embistes mas cruentos de las tempestades y los ciclones que cada año azotan el Caribe se comparan con el mar embravecido de Bahamas. 

El océano es un infierno, y en el infierno nos debatíamos aquel día en una lucha constante bajo un sol tórrido, hacinados por el salitre, el embiste de las olas y la amenaza permanente de los tiburones. 

Con el peor de los presagios, mis compañeros y yo, alcanzamos el amanecer del siguiente día —jueves 28 de agosto— a la altura de Cayo La Gua. Lo que mas nos reconfortaba era vernos sanos y salvos. Ya estábamos en aguas internacionales, y como nunca antes nos sentíamos ciudadanos del mundo. Seguimos remando todo el tiempo, rumbo Norte, en una lucha constante contra el viento y las corrientes.

Teníamos por delante dos días enteros de penurias y todavía faltaba lo peor. Y lo peor llegó la misma noche del jueves 28. Dos mercantes que aparecieron en el horizonte se nos venían encima cuando íbamos en la misma dirección. La suerte estaba echada. Si no abandonábamos rápido el curso de la travesía,  en diez minutos más nos tragaba el mar. 

Saque fuerza de donde no podía después de muchas horas de insomnio, sin beber ni comer. En ese instante remábamos con mas fijación que nunca, pero ninguno conseguía desviar el chapín de la dirección que le imponía la corriente arrasadora que se movía con los mercantes. Mis compañeros, que todavía no habían llorado, lloraban como niños enternecidos cuando veían que el final estaba cerca. "Un rato más y seremos hombres muertos en el océano".

Ya era inminente que los cuatro sucumbiríamos sepultados bajo las aguas cuando un golpe de suerte fortuita desvió aquellos trasatlánticos enormes que unos minutos antes parecía que nos devoraban.

Cuando ya estábamos a salvo,  los nervios me dieron por reír, y me reí largamente mientras escrutaba en el horizonte: "Hoy has vuelto a nacer, Alberto", me decía a mi mismo y hasta aborrecía la imagen siniestra de los mercantes alejándose. 

Había llegado a un minuto de la vida en que a uno poco le importa cualquier cosa, pero tuve fe y se que fue Dios quien nos salvó esa noche del peligro potencial de las olas inmensas que dejan los trasatlánticos a su paso por el océano.

¡NOS RESCATAN!

Al mediodía del 29 de agosto después de la segunda noche en el mar, nos sentíamos hombres a salvo cuando alcanzamos las proximidades de  Cayo Anguila y de pronto uno de mis compañeros lanzó un grito despavorido:

-¡Miren!

No nos separaba ni un kilómetro desde que mis ojos incrustados por el salitre advirtieron la inconfundible presencia de los guardacostas. 
Los cuatro fijamos la vista en la misma dirección. Todo lo que buscábamos era el Norte desde el primer minuto de la partida por Caibarién dos noches atrás.

Hacía horas que ninguno nos sentíamos con fuerzas para remar. Pero se nos espabiló el alma y remamos con tanta prisa, de la misma manera que el guardacostas se dirigía a nosotros. En ese instante sólo queríamos estar a salvo. Estábamos dispuestos a ceder de cualquiera manera con tal de abandonar el mar. 

Ipso facto nos condujeron al Centro de Detención de Islas Nassau. Allí se me pasaron ocho meses de calvario, preso también de libertad hasta que una noche insospechada  de abril del noventa y ocho me soltaron en las calles de Nassau. Ocho meses después, yo seguía siendo un hombre sin luz ni sombra. No tenia adonde ir, y en medio de los infortunios, otro golpe esperanzador me salvó de dormir en la calle cuando la presencia de un amigo se ilumino por azar como si mi vida quisiera resistirse a mas desgracia.

EL PASO CRUENTO 
POR BAHAMAS

Bahamas es un campo de concentración donde mas bien se va a morir. Nadie tiene piedad en el reclusorio  de Bahamas. Es un destino sin Ley, escenario de la leyenda negra de la emigración. Allí van a parar todos los cubanos interceptados en alta mar y allí también viví el maltrato y la vejación de mis compañeros de la odisea de la mar. 

Vi de todo en Bahamas durante ocho meses de encierro que parecieron toda la eternidad. Desde golpes y hambre, corrupción y maltrato. Sobreviví de mil maneras, por mi propia cuenta, mendigando desde un jabón hasta una toalla con que asearme. Pero nunca pensé que era mejor quedarse, y seguí adelante.

Viendo torturar a mucha gente y destilando odio a toda hora, dejé aquel antro. No se que infierno es peor, si el océano o Bahamas. 

VIENDO AHOGARSE A 
TRES CUBANOS Y UNA NIÑA 

Mi desolación fue total. No recordaré otra cosa igual den mi vida. Hasta yo también quería morirme. Fueron cuatro horas cruentas a la deriva en las mismas entrañas del océano, viendo como el mar se tragaba a vidas esperanzadas muy cerca de mi. Salieron y se sumergieron varias veces hasta que desaparecieron para siempre.

En un intento siniestro por llegar finalmente a Estados Unidos abandonamos Bahamas, pero el tiempo y las malas condiciones lo cambiaron todo. Un golpe de ola reventó sobre la embarcación indefensa que nos trasladaba a todos. En ese instante, todos perdimos la noción. 

En torno a mi, vi como flotaban todos mis documentos, fotos de familia, de mis hijos, amigos, en fin todo el pasado que llevaba conmigo se deshacía entre las olas y también se lo tragaba el mar. Ya solo me acompañaba el crucifijo que he llevado siempre desde que salí de Cuba. 

Por un instante oí gritos que después se acallaron. Ya yo había perdido de vista a tres hermanos cubanos incluyendo una nena de unos tres o cuatro años. Todos sucumbieron en el naufragio. 

Volví a oír gritos y llantos una y otra vez. Ya casi había perdido todas mis fuerzas, pero saque de donde no podía y sosteniéndoles  a flote, ayudé a salvar la vida de dos menores por evitar que ellos también murieran como los otros inocentes que un rato antes se petrificaron en el fondo del mar.

A veces ni caía en la cuenta del naufragio que estaba viviendo, y me parecía que todo aquel panorama conmigo dentro del agua era un sueño funesto. Pero recobré la razón y  me di cuenta de que no estaba solo en el mar y que los gritos zumbaban por todas partes, de unos a otros, en una lucha incontrolada por mantenernos todos a flote. Entonces yo también grité en un acto de piedad reverente por todo lo que estaba pasando. ¡Dios mío, ten piedad!

Ya yo había perdido todo el miedo al océano y así estuve  hasta que vinieron en nuestro auxilio. Me tranquilizaba saber que yo no estaba sólo en el naufragio y que a mi alrededor otros se encontraban en iguales o peores circunstancias, aunque desgraciadamente algunos estaban muertos en el fondo del mar.

Entre Bahamas y Florida, ocho meses después de mi primera detención, en la primavera del noventa y ocho, viví cuatro horas terribles, horrendas, que no olvidaré nunca

Durante la travesía, mil veces nací. Uno de mis compañeros vio  rondar los escualos muy cerca del chapín. En realidad, no sabía ya que era mejor, si morir sepultado en las profundidades o en la boca de un tiburón. Cualquier cosa me podía haber pasado hasta que aparecieron los guardacostas de la Florida y fui rescatado junto a un grupo numeroso que si sobrevivió, 

Cuando nos encontraron los servicios de guardacostas, yo estaba más muerto que vivo. La deshidratación y las quemaduras pudieron más que todos nosotros. Pero al fin, con vida, llegamos a las costas norteamericanas. 

KROME

Por delante  cinco meses en el Centro de detención de Krome por toda la investigación abierta tras el naufragio y la razón de mis hermanos muerto. No fue hasta un año después que recibí el asilo político de las Cortés de los Estados Unidos y pude traer finalmente a mis hijos y esposa conmigo.

Pero juro con toda sinceridad  que no me arrepiento de haberlo hecho, de haber estado expuesto durante más de un año a mil vicisitudes, entre el mar y las detenciones, y en las que muchas veces tuve la muerte cerca. Por eso si volviera atrás, lo volvería a hacer, por el futuro y el bien de mis hijos, y ahora de mis nietos, sin dejar de reconocer que la ausencia de la tierra que me vio nacer es un dolor que martilla toda la vida, porque Cuba se lleva siempre en el corazón.

Todavía veintiún años después, la gente me pregunta, la misma gente que me daba por muerto las dos veces que estuve a la deriva. Aún así, a merced de todo el riesgo que supuso mi odisea en el mar, yo no me considero un héroe. Héroe, si a caso, hay que ser para ver morir delante de ti a personas con los mismos anhelos y las mismas esperanzas. Héroes son mis hermanos muertos en la mar.

EL AUTOR

Esta es solo la historia breve de Alberto Pis García, un hombre extraordinario. Su odisea es la de cientos de cubanos, decenas de miles, que han preferido enfrentar el desafío del océano antes que permanecer en su tierra, porque no les dejaron vivir.

Es así el por qué muchos protagonistas que salieron a buscar otra vida un día, vieron truncadas sus esperanzas a mitad del camino. Salieron decididos y aferrados, sin importarles que lo más seguro que tenían era encontrar la muerte en el mar. 

Por eso, digo que son estos los verdaderos héroes, y lo corrobora Alberto Pis. Muchos alcanzan su sueño; otros, desgraciadamente, sucumben en el intento. No se sus nombres. No hace falta. Hoy los evoco desde esta crónica, aunque ahora sólo queden sus nombres para recordarlos. La vida fue ingrata con ellos. Salieron un día en busca de la felicidad y acabaron siendo unos invitados de la muerte.

LAS FOTOS

Dos momentos en dos tiempos: Alberto Pis durante los años 80 cuando amasaba su idea, y hoy, 21 años después, gozándose de la libertad que procuró toda una vida. Los tiburones no pudieron con él, y ahora Alberto es un lobo de mar.




12 diciembre, 2017

EL LEGADO DE BARBARITA ALVAREZ

“Con 81 años vividos, Bárbara R. Alvarez deja un gran legado a la vida: una familia numerosa, en la que llegó a contar trece nietos y su undécimo biznieto no hace dos meses todavía.”

▪️SIEMPRE me cuesta imaginar el momento doloroso en que las personas que quiero, aprecio y estimo, dejan de existir. Estoy seguro que a Barbarita tampoco le habría agradado saber cuando las personas que mas quiso dejarían de vivir. Lo que sí sabía Barbarita –como lo sabemos todos– y es como un frágil consuelo de la vida, es que siempre iba a recordar a esos seres queridos que poco a poco han ido dejando de vivir.
Anoche, la muerte ingrata le arrebató a ella la existencia en la ciudad de Miami, Estados Unidos y dejó en todos un profundo vaho de tristeza.

Barbara R Alvarez, esposa del querido Manuel A Alvarez Casado, un matrimonio al que me une una profunda amistad que tiene raíces cubanas. 
Esta mañana (hora española) el querido Manolo de todos nos despertaba con la descorazonada noticia en su muro: “Con profundo dolor les hago saber que mi querida esposa Barbarita paso a la presencia del Señor víctima de un violento ataque cardiaco. Mi corazón está roto en mil pedazos.”
Cuesta asimilar estos momentos difíciles de los amigos, pero como de cierta manera todos los seres humanos somos hermanos, porque pensamos y sentimos del mismo modo, tenemos que ser cómplices del dolor que hoy inunda a los Alvarez de Miami, porque todo lo que ellos ahora sienten es identificable con lo que alguna vez hemos sentido y sentiremos los demás cuando ya sólo nos quede recordar el alma de aquellos seres que hemos querido hasta el final.
Con el impacto que me provoca esta desagradable noticia, desde aquí quiero trasladar mi más profundo pesar a todo el universo de la familia inmensa que nos legan Barbarita y Manolo; a sus hijos, nietos y biznietos.
A los Alvarez todos, agradezco la valiosa contribución y, de manera especial, a Manolo y Barbarita, la recepción que me dieron el pasado año en Miami –como antes lo hicieron en Madrid– cuando fui a entregarles la obra acabada con la historia de Manolín Alvarez, padre de la radio en Cuba y gen asturiano de toda la familia que forjaron.
Gracias a todos por ayudarme a corroborar cada etapa de la vida de Manolín.
A todos, sea unánime mi gratitud, porque a todos pertenece la pasión que fundamentó y sustentó nuestra amistad.

Barbarita junto a Manolo (en la foto durante un encuentro en mi viaje a Miami en enero de 2016) engendró una de las generaciones más numerosas de los Alvarez. 
La voy a recordar siempre con la energía vivificadora con la que se recuerdan a las madres, y particularmente a Bárbara porque con sus 81 años vividos deja un gran legado a la vida: una familia numerosa, en la que llegó a contar trece nietos y su undécimo biznieto no hace dos meses todavía.
Serán ellos los que mantenga vivos los años adorables y el ejemplo de Barbara Álvarez que hoy mismo se ha ido a la presencia de Dios.➕DEP

13 noviembre, 2017

DANIEL TORRES: LA VOZ QUE ILUMINÓ EL LENGUAJE RADIOFÓNICO DE LOS 80 Y 90

Apostilla por un colega y amigo, el maestro Daniel Torres, aquel del cubanísimo ¡¡Buenas Noches Cuba!!🇨🇺

▪️El gran innovador de la “opción informativa más completa de la radio nacional”, ayer se fue para siempre en Miami, tras batallar contra un cáncer mortal, al que no pudo sobreponerse.
✍🏻Tenía poco más de 60 años. Su huella vital quedó impregnada en todos los que aprendimos con su excepcional manera de hacer la radio y conseguir arrimar a los receptores una audiencia millonaria que por toda Cuba le seguía tardes y noches enteras siempre que daban las 7:00 de la tarde en La Habana, y Daniel Torres lanzaba desde la legendaria Radio Rebelde su enardecido:
«🎙¡¡Buenas noches Cuba!!  📡 En el aire ‘Exclusivo’ de Rebelde, el magazin sonoro de la tarde, la opción informativa más completa de la radio nacional. »
DANIEL llegaba a la redacción, se sentaba y aporreaba la máquina de escribir hasta que tenía el guión completo de la edición de su noticiario ‘Exclusivo’. Era la voz y la cabeza pensante de la hora noticiosa que llenaban cada día una batería de redactores, reporteros y corresponsales dispersos por todo el archipiélago.
Entre la búsqueda del clavo noticioso de la jornada y las más relevantes noticias de la actualidad nacional y extranjera, la voz pensante del vespertino que revolucionó la radio cubana, se mantenía impasible hasta que daban las 7:00 de la tarde y ‘Exclusivo’ dominaba la audiencia en todas las latitudes.
Cualquier boceto de su programa estrella era perfecto, de premio. Y fue en ‘Exclusivo’ donde yo comencé a sentir una admiración casi obsesiva por este hombre de radio que ayer abandonó la existencia en la diáspora, tal vez con un cúmulo de noticias exclusivas por contar todavía.
En 1988, cuando yo pulía mis años primerizos en el periodismo provinciano desde Villa Clara, sufrí el desconcierto de haber sido expulsado de una reunión preparatoria de un Congreso de trabajadores cubanos. Impactado por el hecho, Daniel Torres me sacó al aire y convirtió en noticia aquella paradójica bofetada oficialista a la libertad de expresión: “¡Expulsado un periodista en Villa Clara!, lo que quizás sea el titular de la noche.” Y lo fue aquel día insospechado, en que yo comencé a admirar el calibre de profesional audaz que era Daniel Torres.
En mis años vitales en Radio Rebelde después —los espléndidos 90—, Daniel era ya la voz estrella consagrada de la opinión diaria desde su sonoro vespertino ‘Exclusivo’, pero, sobre todas las cosas, siempre primero periodista.
En el estrecho espacio de la tarde, Daniel llegaba y hacía mil cosas a la vez. Comprobaba posiciones de la batería profesional de hacedores de la noticia que llenaban una hora completa de actualidades con un estilo radiofónico único en su franja horaria, dando la última hora entre las sorpresas de las crónicas recurrentes que se iban sucediendo en cualquier parte.
Daniel Torres hilvanaba parsimoniosamente la historia con la actualidad, siempre con sus punzantes y medulares comentarios del día a día en una Cuba polémica y un mundo en constante evolución.
Por eso digo que Daniel iluminó el lenguaje radiofónico de su tiempo y llenó la crónica periodística de un ímpetu realista que nadie consiguió jamás.
Así fue como sentó una época sin precedentes en el periodismo cubano cuando se embarcó en su proyecto más adorado: ¡Exclusivo!
Cuando nos acostumbramos a su estilo, fue casi inevitable que cada tarde, a las 7:00, oyentes y colegas, nos sentáramos a saborear su singular manera de hacer la radio y dar la noticia. Lo esperábamos ansiosos en todos los hogares cubanos antes de zambullirnos en las noches de la televisión.
Así, con ese ímpetu del profesional perfecto, fue como llenó también su segmento ‘En Caliente’ de noticias internacionales en la "Revista de la Mañana" que hizo época en la Televisión Cubana.
Por sus pupilas, pasaban cada día cientos de noticias y textos de los más afanados colegas en aprender de sus formas y estilos. Para Daniel Torres, la concisión y el lenguaje directo eran imprescindibles para conseguir el gancho de la pegada en la radio. Por eso, no me importó nunca verle rebatir desde su sabiduría una nota imperfecta. El maestro lo hacía con el afán de hacerla mejor y hacerla exclusiva.
Hoy, muchos de los que aprendimos en la gran escuela de su sabia junto a las viejas consolas de bobinas, nos enternece la noticia ingrata de su partida.
A Daniel Torres, debemos mucho del aprendizaje del buen periodismo y, sobre todo, del excelente comunicador que fue hasta su muerte.
Guardo el mérito de haberme educado en el periodismo de primera línea que forjó la escuela que fue el noticiario ¡Exclusivo! a las ordenes de Daniel Torres. Lo recordaré toda la vida como el hombre que iluminó el lenguaje radiofónico en la Cuba de los 80 y 90 junto a otro extinto no menos conocido: el uruguayo Jorge Ibarra, forjadores de una generación que no les olvidará jamás.
¡¡Gracias, Daniel Torres, maestro, por todo lo que nos legaste!!

🎙LA GENERACIÓN DORADA
Daniel Torres estaba haciendo maravillas en el éter desde la radio de provincia, en La Habana. Fue el histórico directivo Juanito Hernández –ya fallecido–, el que se lo trajo a la radio nacional, y quien dio vía libre a su ambicioso proyecto de ‘Exclusivo’ que vio la luz en 1988.

 CUANDO FUE TOMADA ESTA FOTO 
El colega Frank Díaz Donikian, parte de aquel equipo diverso de hombres de radio que surcaban el éter cubano en los 80 y 90, tomó esta foto para la historia. Como él lo cuenta, fue captada "con una vetusta cámara soviética Zenit, cargada con película ORWO en blanco y negro, una mañana de sábado en el verano de 1985 (¿o 1986?)“, relata Frank, quien guarda un tesoro de historia urgido de plasmarse, entre fotos y testimonios de aquellos años adorables en que vivíamos para la radio y por la radio. Gracias, Frank.🎙🎧

Los jóvenes Daniel Torres (izquierda) y Jorge Ibarra (derecha). Junto a Ibarra, Alberto De Pérez, estrellas de la generación dorada del boom de la radio cubana de los 80-90.
▪️Daniel Torres (a la izquierda) en los años del gran boom de la radio cubana. La foto de Frank Díaz Donikian, publicada por cortesía de Félix Fernando Garrido, de un momento de “Haciendo Radio”, espacio matinal del que Torres también fue cofundador junto al uruguayo Jorge Ibarra (a la derecha), alma y guía del gigante mañanero que agolpó una lista innumerable de nombres notables de aquella generación dorada.
Garrido, otra voz estelar y colega de primera fila, ha dicho sobre Daniel: “Empezaba cada día una vida nueva. Así lo conocí con apenas 22 años, en el Noticiero Provincial de Radio de La Habana que sentó pautas en la forma casi cinematográfica de transmitir las noticias. Todos muy jóvenes y llenos de una permanente alegría por hacerlo todo cada día mejor. Luego me llamó para fundar el Exclusivo de Rebelde en julio de 1988, una idea suya que abrigó como siempre hacía... Así me he quedado todos estos años con esa imagen sonriente característica de Daniel. ‘Tu estilo, tu creatividad, tus ideas como hombre de Radio, como el comunicador completo se quedan con nosotros’.”

SU ÚLTIMA DÉCADA EN LA DIÁSPORA 

DANIEL TORRES: EL PODER DE LA PALABRA HABLADA 🎙
▪️Uno de los periodistas más prolíficos de la radio cubana que se hacía en los 80 y 90, sucumbió ayer en Miami, Florida, donde se había radicado hace más de una década. Siendo ya un sexagenario con unos deseos inmensos por seguir viviendo, Daniel Torres no pudo más y se le detuvo el corazón ayer. Junto a otro emblemático de los 80 –el extinto uruguayo Jorge Ibarra– Daniel Torres fue un ejemplo de lucidez y ética profesional siempre que se ponía delante del micrófono.
Lo voy a recordar en un testimonio vivo que nos trasladará a los años de su estelar noticiario Exclusivo que cada tarde tenía en vilo a todo un país. 
Durante su convivencia en Florida, Estados Unidos, no cejó en su ejercicio profesional, y dirigió y presentó con igual brillantez el programa En Contacto –en este enlace–, que pasó por varios cadenas de televisión en Miami. Las últimas emisiones las realizó MegaTV.
En cualquier parte, Daniel Torres era un maestro en el arte de comunicar y hacer el periodismo sin hojarascas ni textos floripondios. (Jesús Díaz Loyola) 
https://youtu.be/Th9UY8Lj3w4

01 junio, 2017

JUAN CARLOS ROQUE GARCÍA: «CARTAS DE UNA MADRE», VIAJE A LA AÑORANZA

📖🇨🇺Un libro del periodista y escritor cubano, Juan Carlos Roque García que justifica cómo Cuba se dividió.
El periodista y escritor cubano, Juan Carlos Roque firma su libro.

◾️La maltrecha supervivencia es la causa por la que casi dos millones de cubanos se fueron de su tierra.
📜"Cartas de una Madre" (Círculo Rojo, 2017), el libro-testimonio del cubano Juan Carlos Roque García, presentado este miércoles en el Centro Asturiano de Madrid, permite entender como Cuba se dividió después de los ochenta por su maltrecha supervivencia, y se volvió  una sociedad cerrada y sin futuro. 
De izquierda a derecha: Juan Carlos Roque, el vicepresidente del Centro Asturiano y Jesús Díaz Loyola.
El segundo libro de corte monográfico-epistolar del autor nacido en 1960 en Güira de Melena, La Habana, fue presentado anteriormente en Barcelona y en Amsterdam, Países Bajos.

En 2016, Roque García publicó también 'Cómo Cuba puso a bailar al mundo. Veinte años del Buena Vista', su primer gran proyecto literario que permitió comprender mejor el impacto de la música cubana que ha recorrido el planeta. 

"Cartas de una Madre", la apasionante historia que Juan Carlos Roque teje desde la correspondencia de una madre cubana –Olga Villegas– y su hijo emigrado –Frank León– que no volvió a ver nunca, no solo permite entender cómo las familias de la isla se dividieron por la maltrecha supervivencia, sino que es la causa por la que durante más de medio siglo, casi dos millones de cubanos se fueron de su tierra.
Jesús Díaz Loyola, en la presentación en Madrid del libro «Cartas de una Madre»
Dije en la presentación que "no se puede entretejer únicamente la historia del emigrado cubano entre la pena y el amor, el dolor y la esperanza." 

"La punta de lanza que ha convertido a Cuba en un país sumergido y sin futuro es –y no otra– la mala administración y testarudez aferrada de sus gobernantes, lo cual contrasta con la ausencia de libertades esenciales en un país donde hoy todavía la gente acaricia como un sueño la idea de irse."

Si nada de eso fuera verdad –y lo puntualicé en la presentación del libro de Juan Carlos Roque García–, "ni Frank se habría lanzado a la aventura, ni cientos de miles de cubanos a lo largo de los años, habrían arriesgado sus vidas en el mar o en tierra ajena. Y mucho menos Olga Villegas –la protagonista– habría consumido la madurez de su existencia entre la agonía y el desencanto, escribiendo cartas y más cartas sin que viera nunca el beso regresado de su hijo." 
"Cartas de una Madre", es un friso de la historia emocional de la familia cubana en los últimos 30 años. Se refleja en el trasfondo de cualquiera de las cartas que revela el libro de Roque García y que permitirá al lector entender cómo Cuba cayó en un barranco tras el derrumbe del socialismo europeo, porque el país comenzó a navegar en una maltrecha e insostenible economía que poco se ha recuperado. 

El país había estado viviendo de la mano tendida de la ex Unión Soviética. Tras su desintegración –incluso desde mucho antes–, en Cuba empezó a predominar una lucha obcecada por sobrevivir. Ya todo era un caos para poder comer, vestir o sostener al resto de la familia.  Entonces, la opción por el exilio fue la elección que muchos escogieron. 
En 1991, Frank León, con 40 años se marchó para siempre como hicieron muchos cubanos con el brote de los grandes éxodos.

La vida de Frank León encontró el destierro en Miami. Su madre fue poderosa a la hora de escribir cuando necesitaba romper las barreras del sufrimiento y de la distancia. 

"Cartas de una Madre", bajo el sello editorial de Círculo Rojo, es un libro escrito con mucho sentimiento, que estremece desde la primera lectura porque es una historia verdadera, llena de emociones y siempre recomendable por lo que enseña y aprendes, además de lo que hace sentir.
El amor de su vida, su refugio, su consejera, su confidente, objeto de su nostalgia. Todo eso fue Olga Villegas en la vida de su hijo en la lejanía, un artista plástico que hoy vive sus días sembrado en un exilio americano hasta ahora irreversible.

"Cartas de una Madre" está escrito para todos los que llevan en el alma el dolor de la separación,  el mismo dolor que se llevó a la tumba Olga Villegas en 2006 con 84 años, y que ahora perdura en un texto, en el que Juan Carlos Roque vuelca su pasión más adorable: la de investigador.
Emma Sordo (arriba junto al autor) viajó desde Miami y asistió a la presentación de un libro medular para la emigración cubana.
Juan Carlos Roque firma su libro.
Frank nunca volvió a su hogar, ni aún 11 años después de muerta su madre –26 años en total sin volver a pisar Cuba– Esperemos que ese día del retorno definitivo esté hoy más cerca, aún cuando Frank León que tiene ahora 66 años, es renuente a visitar Cuba hasta que "el gobierno de la isla respete totalmente y sin condiciones los derechos de sus ciudadanos", refleja el autor en el epílogo del libro.

Dije en la presentación de "Cartas de una Madre" y así termino esta reseña  de un libro cardinal, que el homenaje permanente ha de estar siempre en todas las madres e hijos que un día desafiaron sus rumbos sin importarles los riesgos cuando salieron en busca de una vida mejor, y desafortunadamente no la encontraron porque la desgracia les sobrevino en el camino. 

Desde aquí, expreso mi especial reconocimiento a la audacia del autor, sin cuya entereza y dedicación no hubiéramos conocido una historia real de la Cuba contemporánea en la perspectiva de una madre: Olga Villegas.
¡Enhorabuena, Juan Carlos! 📖🇨🇺
"Cartas de una Madre", es un friso de la historia emocional de la familia cubana en los últimos 30 años.

01 noviembre, 2016

REYNALDO MIRAVALLES: SU VIDA FUE UN HALO DE GLORIA INFINITA

«Este país me recuerda, y cada vez que vengo aquí soy feliz. Dondequiera que viva, esta es mi patria.»

EL HOMBRE ALTO DEL SOMBRERO ALÓN 
Y SU HALO DE GLORIA INFINITA

Reynaldo Miravalles: “Mi gran felicidad ha sido siempre dedicarme a lo que más me satisface: ser actor”. 

🅿️OR eso sonreía tanto, y por eso su vida fue un halo de gloria infinita. Ahora que se fue, Reynaldo Miravalles nos deja a todos los que conocimos sus valores de artista y de persona, con esa carcajada plena que protagonizó y le caracterizó toda la vida.

Por eso, 'Melesio Capote' o 'Cheito León' y una infinidad de personajes que se fueron ayer con él, nos deja sobrados motivos para quererle por siempre. 

Su último gran trabajo, cuando ya era un nonagenario, se lo trajo, luego de casi 20 años sin filmar en Cuba, el director Gerardo Chijona. Puso en sus manos un guión escrito por Eduardo Eimil, basado en la novela homónima de Eliseo Alberto (Lichi) Diego: "Esther en alguna parte". Y Reynaldo Miravalles lo hizo con la gracia y el esplendor de los 20 años. 

Una vez le preguntaron: ¿cómo le gustaría ser recordado cuando no exista? Y sin mayores concepciones demostró la sencillez humana que ocultaba su grandeza: 

—Como quieran. Que digan lo que consideren de mí. Pero más nada. Eso no tiene importancia. Después que me muera, ¡se acabó la ola! ¡Já, já, já!

Había nacido en El Callejón del Chorro, en la Plaza de la Catedral. En la misma Habana. 

La primera vez que volvió a la isla tras 16 años de ausencia, pasó lo que el mismo Miravalles le contó a Carlos Eduardo Maristany Castro.

—Yo fui a decirle a la gente que yo había nacido ahí. Y se me aparecieron más de 60 personas a preguntarme, a hacer chistes conmigo. Yo hice chistes con ellos. Este país (Cuba) me recuerda. Simplemente me siento un hombre feliz porque el trabajo que yo hice la gente lo reconoce, y la amistad que la gente me brinda me alegra. Y no ha sido una sola vez. Me aplauden con afecto. Cada vez que vengo aquí soy feliz. Esta es mi patria. Dondequiera que viva, esta es mi patria. 

Antes de salir de Cuba, Reynaldo Miravalles dejó la efervescencia de una controvertida película: "Alicia en el pueblo de Maravillas" (1991). A ese filme, le siguieron "Mascaró" (1992) y "Quiéreme y verás" (1993). 

Volvió a rodar tras 19 años "Esther en alguna parte" (2013) que es también un poco el reflejo de su vida.

—No he hecho en 19 años películas en Cuba porque no vivo en Cuba. Vivo en otro país. Amo a Cuba, pero vivo en otro país (Estados Unidos), por necesidad que tengo, y porque tengo otra forma de vivir. 

EN CUBA 

—Es un placer para mí y un placer para los que trabajan aquí. Cuando yo me encuentro con mis compañeros es como si antes me hubiese encontrado con ellos antier o ayer, porque jamás he tenido conflicto con nadie. ¡Jamás!

SU LEGADO  

En sus comienzos, en La Habana de los 40, el joven Reynaldo irrumpió en el mundo del espectáculo interpretando al personaje de Leoncio Garrotín y Rompecocos. 

De su carrera artística se sabe que en el año 1944 hizo su primera actuación en la radioemisora La voz de los Ómnibus Aliados. A partir de ahí, trabajó en casi todas las emisoras de radio de La Habana.

Su debut en la televisión fue en 1952, y ese mismo año recibió el premio del actor más destacado. Participó ocasionalmente en el programa de Radio Progreso “Alegrías de Sobremesa” y junto a Edwin Fernández figuró en un programa de TV que hizo época en Cuba: “Si no fuera por Mamá”. 

Al morir ayer, convaleciente en La Habana, estaba considerado uno de los mejores actores cubanos de todos los tiempos. 

Su vida lega actuaciones en mas de 30 largometrajes, entre los que destacan filmes finalistas a la Palma de Oro en el Festival de Cannes ("Tiempo de morir", "Los sobrevivientes") y las películas nominadas al Oscar ("Alsino y el Condor").

A finales de 2007 participó en el largometraje "Cercanía", que trata sobre la relación de un padre con su hijo, la lucha por la supervivencia de los exiliados cubanos y los eternos y universales sobresaltos del amor. De cierto modo, espejo de una etapa de su vida. 

Cada vez que le preguntaban ¿cómo lleva a Cuba en el corazón?, Miravalles respondía: 

—Cuba es mi Patria.

Ayer la dejó para siempre. 

18 agosto, 2016

EL DESEO NO CUMPLIDO DE CELIA CRUZ: VOLVER

A 13 años de la muerte de la reina de la salsa 

—• Lo único que no pudo hacer la grande en vida, fue regresar a Cuba •—

Cuando Celia Cruz, 'La reina de la salsa', murió en Nueva York en 2003, la enterraron con un puñado de tierra cubana, el país al que tanto amó y cantó, pero al que no pudo volver nunca desde su partida en 1960.

Lo único que no pudo hacer en su vida fue regresar a su país natal. Se lo contó a la agencia DPA, Omer Pardillo, quien durante muchos años fue el representante y casi un hijo para Celia.

“Solamente estuvo una vez de visita con la emigración de los balseros, pero en la parte americana, en la base militar de Guantánamo", relató Omer. "Había una cerca que divide Cuba de la base naval. Celia fue hasta allí, se paró, metió la mano por debajo y recogió tierra cubana del lado de allá y con esa se enterró."

Celia siempre decía: ‘Tengo un pedacito de Cuba en mí con esta tierra”, contó para la historia Omer Pardillo.

Celia fue una reina indiscutible que nunca pudo tocar el trono de sus orígenes, pero allí ha seguido palpitando en el corazón de todos los cubanos que la supieron querer y admirar. 

Su voz inconfundible, su estilo extrovertido que la hacían tan carismática y extravagante en el escenario, exportó al mundo la música salsa, los ritmos afrocubanos y y el jazz que hicieron de ella una expresión internacional de la música de una isla donde sus canciones fueron prohibidas por mucho tiempo, aunque en la vida real los cubanos la escuchaban en la intimidad de sus hogares. 

"Que la cantante más importante de la isla de Cuba no se escuchara en la radio y sea vetada es algo muy fuerte que le dolió mucho a Celia Cruz y que lo llevó muy cerca de su corazón toda la vida", contó Pardillo sobre la espina que siempre tuvo clavada una artista que grabó más de 70 discos y en cuyo repertorio destacaban las guarachas cubanas, un delirio en ella. Celia no pudo pisar La Habana nunca, porque la quería en una Cuba Libre, el mismo "Cuba Libre" que escribió desde allí Madonna en una página de Internet. 

Fue Madonna, estuvieron los Rolling, pronto irá Raphael, también lo hará Julio Iglesias, y así una estela de figuras que el banderín oficial ya permite.

Sin embargo, lo que cuenta y queda en el sentimiento de todo un pueblo es que, al menos, a Celia Cruz la llevaban y la llevan en el corazón todavía, y como a ella a toda esa elite de figuras que son expresión de cubanía y que van desde Gloria Estefan hasta Willy Chirino. Ninguno de ellos ha llegado aún a Cuba, aunque Chirino siga cantando que "ya vienen llegando".

Celia Cruz denunció siempre la situación del pueblo cubano, lo que la convirtió en enemiga del régimen. 
Un día después de la muerte de la cantante, el oficialista diario Granma, difundió una nota, en la que decía: "Durante las últimas cuatro décadas se mantuvo sistemáticamente activa en las campañas contra la revolución cubana generadas desde Estados Unidos, por lo que fue utilizada como icono por el enclave contrarrevolucionario del sur de la Florida."

Su representante, Pardillo afirma que sí, que Celia Cruz fue símbolo del exilio cubano —para honra de todos— y que era muy querida en Miami, pero siempre culpó al gobierno cubano de no dejarla asistir al entierro de su padre en la temprana fecha de 1962, dos años después de abandonar la isla. Fue lo mismo que pasó con la convalecencia de su madre, que murió también sin que Celia pudiera verla nunca. Es lo que todavía sigue pasando con muchos cubanos, a los que les está negado volver la vista atrás, aunque los Rolling Stones y la mismísima Madonna ya sean glorias bendecidas en La Habana. 

POSTDATA
Los Grammy a lo largo de su carrera justifican su estrellato, aunque la estrella no haya podido volver a cantar en Cuba, desde su partida en 1960. 

Con el paso del tiempo, como muchas cosas en Cuba, Celia Cruz fue tolerada e incluso salió de una lista negra de artistas proscritos cuya existencia nadie nunca ha confirmado. 

Tras la llegada de la Revolución al poder, Celia Cruz y el resto de componentes de la entonces famosa orquesta Sonora Matancera se exiliaron en México, en 1960. Entre los miembros del grupo estaba el trompetista Pedro Knight, quien fue el marido de Cruz durante más de 40 años. De México se marchó a Nueva York, donde vivió toda una vida. Su cubanía innata siempre estaba a flor de labio. Con su célebre exclamación de "¡Azúcar!", se convirtió en icono de Cuba fuera de Cuba. Su música no morirá nunca. Celia Cruz es una leyenda de la música cubana que se pasea por toda Cuba, aunque jamás haya podido volver a ella. 

La palabra hablada y escrita

En la antigua Roma, atrio era un espacio abierto en sus míticas casas cercado de pórticos y destinado a reuniones familiares y a los huéspedes. En las iglesias romanas, atrio se describía en un patio amplio que miraba al exterior. Atrio son los extensos corredores al aire libre que se disipan a la majestuosidad de muchos templos y palacios en la fisonomía de las grandes ciudades de este mundo.

Y eso es @trio press, un espacio permanentemente abierto a los acontecimientos que han rodeado y rodean la vida. @trio Press (ATP Foro de Noticias) es una ventana a la actualidad en todos los horizontes del quehacer humano, y que dibujaremos con la imagen, el sonido y la palabra hablada y escrita.

@trio press-foro de noticias es una plaza pública en la red, un epicentro de atención cultural e invitación constante al foro libre.

El atrio triunfó en Roma tal como el ágora en Grecia como punto de encuentro y opinión tras la caída de la civilización micénica en el siglo VIII (Antes de Cristo). Hasta nuestros días, la más famosa, el Ágora de Atenas, es la única belleza arquitectónica de la Antigua Grecia que conserva, al menos, su techo original. Y allí, como marcándole el paso del tiempo está al aire libre el extenso corredor, el atrio, que se disipa al Ágora de Atenas.

En honor a esa pauta primera del derecho al foro y a la opinión sale @trio press. Como un foro público, un espacio para difundir actualidades. Vamos a contar la historia que vivimos a partir del testimonio que es uno mismo. Queremos, sobre todas las cosas, encontrar los protagonistas del pasado y del presente del derrotero que es la vida.

Esto es @trio press el espacio donde invitamos a contar la historia, la de este mundo y que, a veces, pasa inadvertida. Contáctenos y cuéntenos lo que quiera en Atrio Press, el foro de noticias. Nosotros lo diremos tal como nos lo cuenten. Bienvenido a @trio press.

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