27 septiembre, 2016

LAS MUJERES DE MI PUEBLO CUBANO Y MARINERO

   CAIBARIÉN
    "Y si ella volviera" (1956)

CUALQUIER chica de mi pueblo era bella como un Cristo. Viéndolas crecer hermosas y rebosantes, se nos acabó de estirar el cuerpo en Caibarién, el rincón cubano junto al mar, donde nací. 
Las veíamos caminar con sus pasos sigilosos, mientras nos reuníamos en una esquina, en el parque o hacíamos la cola del pan de cada día. 

Hace unos días, Alicia Castro, a quien siempre le acompañó una belleza incontrolable, me hizo  despertar aquellos años de encantamientos cuando todos corríamos tras las muchachas bellas de mi pueblo. 

Le iba a contestar su correo con las tecnologías de estos tiempos, pero preferí escribir esta crónica para compartirla con los amigos agradecidos del pueblo.


Con esta foto, Alicia o "Alicita" -como la llamamos-, me recordó el encuentro que tuvimos el 4 de febrero de 1989, en aquel Caibarién. La tomó para el recuerdo el fotógrafo villaclareño José Antonio López Godoy (TOM), mi compañero inseparable en los años de periodismo provinciano en Cuba. Tom (QED) disfrutaba, tanto como yo, el placer inmenso que provocaban los rostros de mujeres, imágenes que revelaba parsimoniosamente y después las obsequiaba como el mejor de sus tesoros sobre el papel.

Alicia era especialmente bella, con las curvas de su cuerpo contoneándose siempre que iba y venía por puerto Arturo; su piel era blanca como la espuma y los ojos claros como perlas marinas, y tenía un cabello alargado que le cubría toda la espalda. Pero, sobre todo, Alicia era un volcán de ternura que robaba todas las miradas y todos los momentos. Por eso, no nos importaba tanto el sentido de aquellos actos reverentes bajo el sol tórrido de una Cuba ya envilecida como los encuentros espontáneos entre los amigos. Ningún motivo era mejor que reírnos y charlar con las mujeres de mi pueblo, a ras de calle, en sus portales benditos o a la orilla de sus costas con el olor húmedo del Caribe. 

A pesar de las carencias, las muchachas de mi tiempo vestían con buen gusto. Llegaban con pantalones largos y oscuros sin importarles  el color del cielo, pero siempre imponía su candor, aunque llegarán con su pelo breve y resumido.


Ana Alicia Castro "Alicita" nació en Caibarién, nuestra Villa Blanca junto al mar, y en aquellos años adorables era un encanto tan costeño como las noches de luna llena, como lo eran las hermanas Yrasema e Iliana López Samuell (en la foto anterior) y lo siguen siendo las mujeres bellas de mi pueblo. 

El padre de Alicia es el viejo Castro alias "Cañón", y fue un emprendedor como todo padre bueno. "Cañon" y todos los viejos queridos del pueblo, se dejaron sus años vitales buscándose el plato de cada día para las familias numerosas que formaron. Muchos a bordo de uno embarcación, como lo hizo "Cañón" o el mismísimo Luisito Echemendia; otros, estibando en los almacenes centenarios del puerto, como lo habría hecho mi padre José, como lo hizo Roberto Perez Ortueta y tantos padres buenos de Caibarién. 

Alicia, en su fiesta de 15 junto a la abuela Anita (DEP), a quien tuve la suerte fortuita de conocer, cuando iba a degustar en su casa una de las mejores paellas que se hacían en puerto Arturo, el barrio marinero de Caibarién.

Hace cincuenta años, cuando nació Alicia, tal vez en Cuba soplaban aires con otro esplendor, pero todos esos sueños por vivir mejor se fueron perdiendo en el camino, entre todas las calamidades en que íbamos  creciendo. Ni Alicia ni yo, jamás creímos en  el cuento de que algún día viviríamos mejor. Han pasado 57 años y nada. Por eso se fueron familias enteras, y muchos como nosotros también han acabado yéndose de la tierra que nos vio nacer. 


Ahora Alicia es una entre cientos de miles de cubanos  que vivimos lejos del terruño y tenemos un trabajo digno que nos ayuda a sobrevivir mejor. Tal vez, todos habríamos tenido la ilusión de haber forjado una vida en nuestra tierra, pero la mentira y la sinrazón disiparon toda una generación.

Ya solo nos queda el recuerdo del tiempo ido en un pueblo cubano y marinero que en medio de las hordas de la desesperanza vio crecer la belleza de sus mujeres.


Alicia y yo teníamos poco más de 20 años en esta foto. Su belleza exótica le acompañó siempre. Por eso hoy no puedo menos que recordarla,  y con ella, a todo el encanto de las mujeres bellas de Caibarién, el rinconcito pesquero donde nací. 

Lo que hoy he contado desde el recuerdo, lo que nos contábamos y sentíamos los jóvenes de entonces, lo que nos decíamos del amor y de la modestia en que vivíamos, era todo un cúmulo de sueños irrealizables en un pueblo callado, donde lo mejor era el encanto de su gente. 

Desde que me fui hace 17 años he seguido hurgando en la memoria de mi pasado. Sueño siendo un niño, sueño con hamacas y voladores. Pero, a veces, sueño despierto. Es evidente que con el recuerdo que me trae Alicia, sigo acordándome de la belleza irresistible de las mujeres de mi pueblo. 

14 septiembre, 2016

El asturiano Padre de la Radio en Cuba, lo fue también de la narracióndeportiva en Centroamérica

¡Hace hoy 93 años!

«ÁLVAREZ—REINOSO», EL «KNOCK OUT» 
QUE LOS CATAPULTÓ A LA FAMA  


ESTE miércoles, 14 de septiembre, se cumplen 93 años de la primera narración deportiva a través de la radio en Cuba y Centroamérica. La protagonizaron tres nombres: el asturiano "Manolín" Álvarez, en los controles; Lorenzo Martín, como traductor y el cubano Feliciano Reinoso, que puso su voz.

Feliciano Reinoso Ramoso, su más cercano colega, primer narrador deportivo de la radio cubana y de América Latina.
Este hombre —Feliciano Reinoso en la foto posterior— con quien tuve la suerte fortuita de intimar en su vejez, era un veinteañero en el Caibarién de 1923, un puerto del norte de Cuba que traspasó fronteras con una pelea de boxeo ya célebre. 
Lo voy a contar.

El joven Feliciano Reinoso Ramos ( a la derecha), primer narrador deportivo de la radio en Cuba y América Latina, gracias a la proeza de la transmisión que protagonizó junto a Álvarez.

ERA un sábado el catorce de septiembre de 1923, hace ahora 93 años. Desde bien temprano, en la estación de Manolín Álvarez en Caibarién —6EV—  se ponían discos, en tanto avisaban de la proximidad de la pelea. A medida que llegaban las cinco de la tarde, hora marcada para el comienzo del combate, la aglomeración de público era cada vez mayor en torno al edificio de la Sociedad Liceo, escenario de la transmisión.
Una multitud aguardaba en las calles, y en el parque invadían hasta los tejados de las casas de los alrededores. Todo olía a presencia humana. Voces y gritos definían la impaciencia del público que saturaba  los bares y cafés del pueblo.

Me lo contaron para la historia el propio Álvarez y Reinoso:  "Cuando llegó el momento apocalíptico de entrar en acción, a las cinco en punto de la tarde, estábamos recibiendo la señal de onda media de la WLW de Powell Crosley, el hombre que dio nombre a los famosos radios Crosley", recuerda Manuel.

"La WLW emitía desde Cincinnati Ohio con una potencia de quinientos mil watts. La recepción de la señal en Caibarién era clara y se oía como si el enfrentamiento fuera al doblar de la esquina".

Lorenzo Martín, un primo de Álvarez, demostró sus dotes como traductor ese día; Reinoso se debatió ante el micrófono con los pormenores del combate, y Manolín se puso en los controles. "Los primeros minutos nos parecieron toda la eternidad por nuestras ansias de no perder un solo detalle". —cuenta Manuel—  "Íbamos retransmitiendo en español las incidencias del enfrentamiento que tenía lugar en el Polo Grounds de Nueva York, entre el norteamericano   Jack Dempsey y el argentino Luis Angel Firpo, el Toro de las Pampas".

La “Pelea del Siglo” apostaba por el título mundial de peso completo. Todos los ojos del mundo estaban en Nueva York ese sábado, y Caibarién era parte de aquel acontecimiento. Aquel trinomio de hombres de radio —Manolín, Reinoso y Lorenzo—, protagonizaban un acontecimiento que justificaba la estridencia de los comienzos de la radio.

Por lo que narraban desde Estados Unidos, había lleno total en el Polo Grounds: más de ochenta mil espectadores enfurecidos apostando por el ídolo americano; en Caibarién, en cambio, toda la preferencia estaba en El toro de las Pampas. No cabía un alma mas en el centro de la ciudad, cuando empezaron a retumbar los altoparlantes que Manolín y su equipo habían dispuesto.

Firpo tenía veintiocho años y peleaba en busca de la cúspide de su carrera enfrentando a un Dempsey que ya era uno de los mayores boxeadores de la historia.

A plena tarde, todavía con el sol refulgente del Caribe, Dempsey y Firpo se dieron los primeros golpes. Feliciano comenzó su descripción y lo hizo como si él mismo habitara entre los dos boxeadores:

¿COMO EMPEZÓ ESTA HISTORIA?


Jesús Díaz Loyola, con 18 años junto a Manolín, en una de sus largas entrevistas armando la historia del emigrante español.
Jesús Díaz Loyola, con 18 años junto a Manolín, en una de sus largas entrevistas armando la historia del emigrante español.
En Céspedes, 7, Caibarién, el puerto del norte de Cuba donde tuvo su primera residencia cubana el forjafor de la radio en la isla, hay una placa inscripta que lo justifica todo: “Desde este lugar trasmitió en 1917 Manolín Álvarez las primeras señales de radio de Cuba. Caibarién. Instituto Cubano de Radio y Televisión. 10 de Octubre de 1982”. 
Por eso, ya nadie niega en Cuba que mil novecientos diecisiete fue el año de los grandes emprendimientos por la radio. Y ese año, y muchos otros, hay que agradecerlos a la figura de Manolín, el emigrante asturiano que se fue a La Habana un día y nunca volvió a su tierra. 

A lo largo del camino toreó el chantaje y las incomprensiones de petulantes cuando pretendió enseñar la radio como un invento humano, “lo mas humano que se ha hecho”, me decía siempre justificando su auto de fe por la vida.
En 1917 transmitió las primeras señales y en 1920 ya estaba en posesión de la primera estación de radiotelefonía de Cuba: la 6EV desde  Caibarién, a la que luego sucedieron 6LO y CMHD, sin contar los lugares adonde llegó su impronta de genuino forjador de las ondas.
Ahora lo voy a recordar  en sus años más vitales, junto a Feliciano Reinoso,  porque  la muerte  no se lleva a  los  amigos, sino que los guarda y los retiene en sus años adorables como los días en que los dos me contaban sus historias y yo los escuchaba todo entusiasmado.

Caibarién, 1923
La radio cubana canta 
el primer knock out
“Mi obcecación era cada vez mayor,
pero la radio era nuestra mejor terapia”.
Manuel Álvarez, 1923
En tres años, la 6EV se había vuelto un hervidero de hombres compulsivos en el arte de comunicar. La estación en Caibarién  era una rebatiña constante tras el último acontecimiento y la última noticia.
Una recreación artística de la pelea del Siglo, en 1923, entre el norteamericano Jack Dempsey y el argentino Luis Ángel Firpo, la primera transmisión deportiva en los anales de radio cubana y de gran parte de América.
Una recreación artística de la pelea del Siglo, el 14 de septiembre de 1923, entre el norteamericano Jack Dempsey y el argentino Luis Ángel Firpo, la primera transmisión deportiva en los anales de radio cubana y de gran parte de América.
La fuerza emocional que trasladaban las ondas, corría como pólvora y trascendía las fronteras naturales del mundo que nos rodeaba. Sudábamos la camiseta a cualquier precio y nos curtíamos en pleno Caribe. Nos lo dejábamos todo por la radio.

Con esa fijación, casi obsesiva, fuimos al gran reto de la primera transmisión deportiva a través del micrófono y ese momento llegó con la simultánea de una pelea de boxeo desde Estados Unidos. Lo conseguimos con particular supremacía, antes incluso que la primera retransmisión de un partido de fútbol en España 
Feliciano Reinoso Ramos, discípulo desde el primer día, fungió como narrador, y lo hizo con dotes excepcionales. Reinoso era reconocido en el pueblo por sus excelentes nociones del pugilismo.
Con Feliciano venía manteniendo una sólida amistad que nació a raíz de mis primeros ensayos en el diecisiete cuando éramos unos veinteañeros y la amistad duró toda la vida.
Un día fortuito en las tertulias que manteníamos en el café Ambos Mundos de Caibarién, Reinoso pasó de ser testigo a brazo fuerte del oficio de comunicar con la voz y el sonido. Temas de actualidad, de sociedad y las novedades que llenaban la crónica diaria se descifraban en aquellas charlas.
El día que fraguamos la primera transmisión deportiva, aquella célebre taberna era un abejero impenitente de escritores, periodistas y artistas de todos los ámbitos que veníamos a discutir nuestros pareceres y confrontábamos los más personalizados criterios ideológicos. Todo el centro de la villa, era aquellos años un espacio impregnado por el conocimiento y el saber. Y en ese ambiente proyectamos llevar una pelea de boxeo por el éter radiofónico.
Cada paso, cada proyección de nuestros días, lo masticábamos en Ambos Mundos. A veces madrugábamos al pie de los alcoholes buscando el trasfondo de algún tema medular. Un día fortuito de mil novecientos veintitrés ese tema fue el boxeo y la idea acariciada de transmitir la pelea del siglo desde el Polo Grounds de Nueva York.
Ese día, mi perseverancia estaba en realizar el sueño de aquella transmisión, y asumimos que si superábamos aquel reto nos consagraríamos.
-Este será un camino largo, Feliciano –le dije.
-Pero estamos desarmados, Manuel –comentó aludiendo a todo lo que aquel empeño requería.
-Lo intentaremos, Reinoso –precisé.
Al tercer trago de aquella tertulia, nuestras voces retumbaban en Ambos Mundos.
-Te crees dueño del mundo, Manuel –me dijo con una sonrisa zumbona.
-¡Como para levantarle la moral a cualquiera! –riposté.
Con toda la fuerza de mi ira tiré contra el suelo un ejemplar de El Comercio que tenía en mis manos. Me puse negro y sentí una enorme indignación por lo que Reinoso decía.
Me asomé al portal y hasta la calle daba espanto. Habíamos pasado de la media noche. Encendí un pitillo y me volví a Feliciano:
-Mira, Reinoso, no las vamos a jugar como sea.
-Adelante entonces –asintió más optimista.
-Cuanta más audacia empleemos, más seguro será el éxito, verás.  –finalicé.
En realidad, Reinoso era un profesional consolidado. Se había formado en el campo de la ingeniería y la electrónica. Éramos contemporáneos y especialmente él gozaba de una inteligencia y cultura prodigiosas. Lo demostraba cada día en las conversaciones desenfrenadas que manteníamos en Ambos Mandos. Empezábamos por política, pasábamos por las mujeres de nuestras vidas y terminábamos en una gran disputa por los partidos de pelota de las grandes ligas americanas que ya levantaban  furor en toda América.
La noche del gran proyecto, cuando nos habíamos atizado media botella de ron, pusimos todo el empeño en la pelea del siglo y aún así, refugiado en su modestia, Reinoso no dejaba de reparar en la sorpresa de haberle elegido para aquella transmisión.
La idea de encargarle a él y no a otro aquel reto, había partido del director del periódico El Comercio, Bernardo G. de Santamarina y el doctor Pedro Luis Valenzuela, nombres vinculados a la radio desde el primer día. En definitiva, éramos un puñado de almas nuevas que nos movía el arte de transmitir, y ese día el arte estaba en el boxeo.
Reinoso era siempre preciso a la hora de comentar. Sus puntos de vista clarificaban cada vez más aquella idea. Por eso trabajamos muy coordinados en aquel empeño y con una compenetración como si nos conociéramos de toda la vida.
La mítica 6EV, la primera estación de radio telefonía cubana, salida de las manos de un asturiano de la emigración: Manuel Álvarez Álvarez, de Ambás, en Carreño (a la derecha) Ese fue el soporte técnico de la primera transmisión deportiva de Cuba y Centro América.
La mítica 6EV, la primera estación de radio telefonía cubana, salida de las manos de un asturiano de la emigración: Manuel Álvarez Álvarez, de Ambás, en Carreño (a la derecha) Ese fue el soporte técnico de la primera transmisión deportiva de Cuba y Centro América.
El sábado catorce de septiembre de mil novecientos veintitrés, el día del enfrentamiento entre Jack Dempsey y Luis Ángel Firpo, la radio se puso a prueba.
Las cuarenta y ocho horas anteriores al combate fueron cruciales en el mundo interior de la emisora. Precisamos los pormenores de la transmisión, nos imaginábamos la euforia del momento de la pelea y de los días siguientes. Los dos, Reinoso y yo, mirábamos al futuro con unas ansias enormes de comernos el mundo a cualquier precio.
La noche antes, el viernes trece, ninguno de los dos pegamos ojos. Vivimos un estado de vigilia total a la expectativa del acontecimiento que relanzaría a la radio en todo Centroamérica.
Con una caña brava se improvisó una antena rústica en busca del mayor alcance de la señal de las ondas electromagnéticas. Hicimos una base resistente, empalmamos una vara, otra y otra, hasta conseguir una altura, de manera que la señal viajara con el viento. Subí a lo más alto de ella para asegurarme de que todo estaba dispuesto. A las cuatro de la tarde del catorce de septiembre, una hora antes de aquel duelo de titanes, yo estaba trepado en un mástil de más de veinte metros en medio de todo el lío que generaba aquella osadía.
Confieso que aquel día viví entre el estupor y la astucia. El viento regalaba un zumbido cuando se entrecruzaba con la antena, Y de esa manera, la 6EV.puso a prueba su entereza en la soberbia de los brazos sobre el cuadrilátero.
Desde bien temprano, en la estación se ponía discos, en tanto avisábamos de la proximidad de la pelea. A medida que llegaban las cinco de la tarde, hora marcada para el comienzo del combate, la aglomeración de público era cada vez mayor en torno al edificio de la Sociedad Liceo, desde cuya primera planta se gestó la transmisión. Toda la equitación de la emisora estaba allí.  Una multitud aguardaba en las calles y el parque lo ocupaban centenares de personas que invadían hasta los tejados de las casas de los alrededores. Todo olía a presencia humana. Al paso de cada minuto, mi obcecación era mayor con aquel reto. Voces y gritos definían la impaciencia del público que saturaba  los bares y cafés del pueblo.
Cuando llegó el momento apocalíptico de entrar en acción, a las cinco en punto de la tarde, estábamos recibiendo la señal de onda media de la WLW de Powell Crosley, el hombre que dio nombre a los famosos radios Crosley. La WLW emitía desde Cincinnati Ohio con una potencia de quinientos mil watts. La recepción de la señal en Caibarién era clara y se oía como si el enfrentamiento fuera al doblar de la esquina.
Lorenzo Martín Álvarez, mi primo que ya hacía su vida en Cuba, demostró sus dotes como traductor ese día; Reinoso se debatió ante el micrófono con los pormenores del combate, y yo me puse ante los controles. Los primeros minutos nos parecieron toda la eternidad por nuestras ansias de no perder un solo detalle. Íbamos retransmitiendo en español las incidencias del enfrentamiento que tenía lugar en el Polo Grounds neoyorkino, entre Dempsey y Firpo, el célebre Toro de las Pampas.
La “Pelea del Siglo” apostaba por el título mundial de peso completo. Todos los ojos del mundo estaban en Nueva York ese sábado, y Caibarién era parte de aquel espectáculo. Protagonizábamos un acontecimiento que justificaba la estridencia de los comienzos de la radio.
Por lo que narraban desde Estados Unidos, había lleno total en el Polo Grounds: más de ochenta mil espectadores enfurecidos apostando por el ídolo americano; en Caibarién, en cambio, toda la preferencia estaba en El toro de las Pampas. El centro de la ciudad y todos los alrededores estaba abarrotado de gente. No cabía un alma cuando empezaron a retumbar las bocinas que habíamos dispuesto a gran altura.
Firpo tenía veintiocho años y peleaba en busca de la cúspide de su carrera enfrentando a un Dempsey que ya era uno de los mayores boxeadores de la historia.
A plena tarde, todavía con el sol refulgente del Caribe, Dempsey y Firpo se dieron los primeros golpes. Feliciano comenzó su descripción y lo hizo como si él mismo habitara entre los dos boxeadores:
¡La pelea en el primer round comenzó casi pareja! ¡Dempsey utilizó su técnica y sus velocidades frente a la fuerte pegada de Firpo que ahora mismo domina el ring! ¡Hay movimiento en el ring!
Por el enfrentamiento coordinado, daba la sensación de que iba a ser un combate largo. Me asomé a la calle y en torno a la estación 6EV, en su sede de Céspedes, había hombres, mujeres y niños por todas partes. Una multitud agolpada escuchaba atenta los altoparlantes, que provocaban una verdadera explosión social por la inmediatez que les trasladaban las ondas. Ese día, tenía la sensación de que nosotros también nos estábamos inmortalizando al propio tiempo que lo hacía Firpo frente a Dempsey.
-¡Es espectacular lo que estamos viviendo, Feliciano!, le dije gesticulando de la emoción que todos advertíamos. Lo que narraba Reinoso, le brotaba de sus entrañas.
Como si el poder de los puños oyera nuestro mandato, en los minutos siguientes, aquel pleito dio un giro de noventa grados. Aquellas dos almas se pegaban como bestias voraces, como si uno de los dos sobrara en el ring. Reinoso seguía la descripción con pelos y señales:
¡Ha sido llegando al final del primer asalto! Firpo consiguió acorralar a Dempsey contra las cuerdas y con una certera derecha a la barbilla, lo arrojó fuera del cuadrilátero. ¡Jack salió despedido diecisiete segundos por entre las cuerdas del ring! ¡Esto es lo jamás visto!
Una pelea para no olvidar,  indescriptible se puede decir. Dempsey cayó sobre los periodistas, golpeándose contra una máquina de escribir, sufrió un corte en su cabeza, y, ciertamente, estuvo entre catorce y diecisiete segundos fuera de combate. Pero sólo la magia de la radio y el poder de la palabra podían trasladar el mensaje de lo que se estaba viviendo en Nueva York.
En realidad, fue una pelea de las que pocas se habrían visto en la historia del boxeo. Feliciano, con su  medular narración, ya formaba parte de un tiempo y ese tiempo comenzaba a hacer historia. Sus comentarios fluían uno tras otro.
Dempsey tuvo tiempo de pasarse los dedos por la cabeza desangrada. Presentía su propia derrota cuando tuvo la tentación de su revancha.
¡Hay una actuación injusta! –Reinoso se emocionaba-. ¡El árbitro llegó sólo a la cuenta de nueve segundos cuando Dempsey logró regresar ayudado por los periodistas!
Feliciano  se contoneaba frente al micrófono, parecía que estuviese en el cuadrilátero. Se enardeció más cuando vio que le arrebataron la pelea a Firpo.
Dempsey se incorporó como el que despierta de una muerte súbita y con una fuerza que no habría tenido nunca arremetió sobre su rival.
¡Esto es injusto! ¡Lo nunca visto! Una cuenta increíblemente lenta, sumado al hecho de que Dempsey no volvió al ring por sus propios pies, Firpo debió haber sido declarado ya ganador por knock out. ¡Pero, no, señores, sigue el combate! –alentaba Reinoso y seguía al hilo la pelea:
¡Hay un segundo asalto! Dempsey, recuperado, se lanzó sobre su rival y se convirtió en una máquina de dar golpes. ¡La sangre brotó del rostro de El Toro Firpo! ¡Jack Dempsey logró derribarlo tres veces!
Manolín Álvarez en el crepúsculo de su vida. Sobre sus manos la réplica de un hórreo de plata, recuerdo de su tierra asturiana que no volvió a hacer nunca.
Manolín Álvarez en el crepúsculo de su vida cuando ya era un nonagenario.
En el resumen de la pelea, Reinoso fue preciso:
¡La pelea ha sido detenida a los cincuenta y siete segundos! ¡Lo nunca visto! ¡Ya lo digo yo! ¡Dempsey es el ganador por knock out!
De cierto modo, los dos huesos duros que eran Dempsey y Firpo, parecían demonios enfrentados en un duelo a muerte. El combate duró cuatro minutos. Aquel día que inmortalizó la radio quedó grabado para siempre y la caída de Dempsey fue recordada como el momento deportivo más dramático en la primera mitad del siglo veinte.
Terminado el combate, la mirada de Reinoso no podía ocultar la risa delatora por aquel primer gran triunfo del deporte por las ondas y, al propio tiempo, un dejo de insatisfacción por la pelea robada a Firpo. Desde esa transmisión, Feliciano Reinoso fue de por vida mi gran compinche de la  radio.
Al siguiente día, el domingo quince de septiembre, la radio era la noticia en las portadas de los diarios. Habíamos prometido una transmisión simultánea y la conseguimos con un éxito rotundo.. Captamos la transmisión de onda media de la WLW y sin perder un solo detalle llevamos el combate de principio a fin. En cambio, la PWX de La Habana, que anunció con bombos y platillos aquella transmisión, no lo hizo sino a medida que entraba por teleprinter.
El catorce de septiembre, la 6EV se hizo mayor entre todas las estaciones que había en Cuba y se hizo grande en el mundo, porque aquel combate radiado pasaría a la posteridad como  el primer control remoto internacional en la historia de las ondas.
Reinoso, con veinticinco años, cantó el primer knock out al aire y  llegó a apasionarse tanto con aquella transmisión que con el tiempo se ganó el mote de Dempsey, y así firmaba después sus crónicas deportivas en la radio y en los periódicos.
Con Reinoso nació un estilo para triunfar en el éter, porque con su incombustible voz le dio color y emoción  al deporte por la radio. De la máquina de escribir le brotaban las crónicas más deslumbrantes de cada acontecimiento. Cogía las noticias al vuelo y las cocinaba con su lenguaje particular.

29 agosto, 2016

JUAN GABRIEL: SU MÚSICA YA ES LEYENDA


El cantante y compositor Alberto Aguilera Valadez, conocido como Juan Gabriel, falleció este domingo en Santa Mónica, California a los 66 años de edad.

Nos enamoró desde que tenía 21 años, con melodías como Hasta que te conocí, Así fue, Querida, El Noa Noa y Se me olvidó otra vez. 

El deceso del cantante originario de Parácuaro, Michoacán, sucedió a las 11:30 am, a causa de un infarto, según confirmaron familiares del artista.

El cantautor se presentó la noche del sábado en Los Ángeles, California como parte de la gira "MeXXIco es todo", en el que mostró toda su vitalidad y entrega, y en el que recalcó de principio a fin su orgullo por México.


Uno de los cantautores más prolíficos en la historia mexicana, con alrededor de mil 800 canciones, se presentó ante 17 mil 500 asistentes en el Forum de Inglewood, de California, donde se le veía vital y entero a sus 66 años.

Uno de sus últimos trabajos musicales fue el lanzamiento de un álbum tributo al grupo de rock Creedence, con "Gracias al sol", su versón al tema "Have You Ever Seen The Rain?" de Creedence Clearwater Revival.

Alberto Aguilera era hijo de Gabriel Aguilera Rodríguez y de Victoria Valadés Rojas, ambos campesinos. Fue el menor de un total de diez hermanos.

El cantante y compositor, quien también fue conocido como 'El Divo de Juárez', logró fama en México y diversas partes del mundo, además de recibir numerosos premios y reconocimientos por su exitosa carrera.

México ha perdido a su 'Divo de Juárez’. 
Juan Gabriel había nacido el 7 de enero de 1950. Comenzó su carrera artística a los 21 años, en la que despegó con canciones de su composición. Entre su repertorio están melodías como Hasta que te conocí, Así fue, Querida, El Noa Noa y Se me olvidó otra vez. Sus canciones tocaban numerosos géneros musicales y se han convertido en símbolos de la cultura mexicana contemporánea.

El sábado, en su último concierto  de más de dos horas en Los Ángeles, se le vio emocionado y rindió un homenaje a la cantante española Rocío Durcal, con quien cantó una serie de duetos en la década de los 80, según informa la web de los premios Billboard. El mexicano tenía pendientes tres conciertos en Guadalajara y Monterrey en los próximos meses.

Ya sólo quedará su nombre para recordarlo y su música hecha leyenda. 

18 agosto, 2016

EL DESEO NO CUMPLIDO DE CELIA CRUZ: VOLVER

A 13 años de la muerte de la reina de la salsa 

—• Lo único que no pudo hacer la grande en vida, fue regresar a Cuba •—

Cuando Celia Cruz, 'La reina de la salsa', murió en Nueva York en 2003, la enterraron con un puñado de tierra cubana, el país al que tanto amó y cantó, pero al que no pudo volver nunca desde su partida en 1960.

Lo único que no pudo hacer en su vida fue regresar a su país natal. Se lo contó a la agencia DPA, Omer Pardillo, quien durante muchos años fue el representante y casi un hijo para Celia.

“Solamente estuvo una vez de visita con la emigración de los balseros, pero en la parte americana, en la base militar de Guantánamo", relató Omer. "Había una cerca que divide Cuba de la base naval. Celia fue hasta allí, se paró, metió la mano por debajo y recogió tierra cubana del lado de allá y con esa se enterró."

Celia siempre decía: ‘Tengo un pedacito de Cuba en mí con esta tierra”, contó para la historia Omer Pardillo.

Celia fue una reina indiscutible que nunca pudo tocar el trono de sus orígenes, pero allí ha seguido palpitando en el corazón de todos los cubanos que la supieron querer y admirar. 

Su voz inconfundible, su estilo extrovertido que la hacían tan carismática y extravagante en el escenario, exportó al mundo la música salsa, los ritmos afrocubanos y y el jazz que hicieron de ella una expresión internacional de la música de una isla donde sus canciones fueron prohibidas por mucho tiempo, aunque en la vida real los cubanos la escuchaban en la intimidad de sus hogares. 

"Que la cantante más importante de la isla de Cuba no se escuchara en la radio y sea vetada es algo muy fuerte que le dolió mucho a Celia Cruz y que lo llevó muy cerca de su corazón toda la vida", contó Pardillo sobre la espina que siempre tuvo clavada una artista que grabó más de 70 discos y en cuyo repertorio destacaban las guarachas cubanas, un delirio en ella. Celia no pudo pisar La Habana nunca, porque la quería en una Cuba Libre, el mismo "Cuba Libre" que escribió desde allí Madonna en una página de Internet. 

Fue Madonna, estuvieron los Rolling, pronto irá Raphael, también lo hará Julio Iglesias, y así una estela de figuras que el banderín oficial ya permite.

Sin embargo, lo que cuenta y queda en el sentimiento de todo un pueblo es que, al menos, a Celia Cruz la llevaban y la llevan en el corazón todavía, y como a ella a toda esa elite de figuras que son expresión de cubanía y que van desde Gloria Estefan hasta Willy Chirino. Ninguno de ellos ha llegado aún a Cuba, aunque Chirino siga cantando que "ya vienen llegando".

Celia Cruz denunció siempre la situación del pueblo cubano, lo que la convirtió en enemiga del régimen. 
Un día después de la muerte de la cantante, el oficialista diario Granma, difundió una nota, en la que decía: "Durante las últimas cuatro décadas se mantuvo sistemáticamente activa en las campañas contra la revolución cubana generadas desde Estados Unidos, por lo que fue utilizada como icono por el enclave contrarrevolucionario del sur de la Florida."

Su representante, Pardillo afirma que sí, que Celia Cruz fue símbolo del exilio cubano —para honra de todos— y que era muy querida en Miami, pero siempre culpó al gobierno cubano de no dejarla asistir al entierro de su padre en la temprana fecha de 1962, dos años después de abandonar la isla. Fue lo mismo que pasó con la convalecencia de su madre, que murió también sin que Celia pudiera verla nunca. Es lo que todavía sigue pasando con muchos cubanos, a los que les está negado volver la vista atrás, aunque los Rolling Stones y la mismísima Madonna ya sean glorias bendecidas en La Habana. 

POSTDATA
Los Grammy a lo largo de su carrera justifican su estrellato, aunque la estrella no haya podido volver a cantar en Cuba, desde su partida en 1960. 

Con el paso del tiempo, como muchas cosas en Cuba, Celia Cruz fue tolerada e incluso salió de una lista negra de artistas proscritos cuya existencia nadie nunca ha confirmado. 

Tras la llegada de la Revolución al poder, Celia Cruz y el resto de componentes de la entonces famosa orquesta Sonora Matancera se exiliaron en México, en 1960. Entre los miembros del grupo estaba el trompetista Pedro Knight, quien fue el marido de Cruz durante más de 40 años. De México se marchó a Nueva York, donde vivió toda una vida. Su cubanía innata siempre estaba a flor de labio. Con su célebre exclamación de "¡Azúcar!", se convirtió en icono de Cuba fuera de Cuba. Su música no morirá nunca. Celia Cruz es una leyenda de la música cubana que se pasea por toda Cuba, aunque jamás haya podido volver a ella. 

06 mayo, 2016

BLADIMIR ZAMORA CÉSPEDES: «Llévenme apenas con los olores del cuerpo»

SEMBLANZA DEL POETA MUERTO

«Ahora mismo si me vinieran a / quemar la casa / o en alguna pesadilla / tocaran a la puerta para pedirme / un viaje / por paisajes totalmente fuera / de mi cariño / y si los emplazadores hicieran el increíble / papel del indulgente / permitiendo / que llevaran conmigo / las pertenencias indispensables / sin dudas miraría en redondo / tratando de indagar con cuál de ellas / me salvo / echaría un resoplido de caballo en trote / y poniendo la vista en un punto / parecido a la cercanía / a esos / desfiladeros remotos / les podría decir solo / con el seguro cauce de mi mirada / llévenme apenas / con los olores del cuerpo»
                                        'El resoplido'
Del poemario “Los olores del cuerpo” 
(Casa Editora Abril, 2009)

Bladimir Zamora Céspedes (Bayamo, Cuba, 1952-2016). Poeta, periodista e investigador de la historia de la música cubana. 

Después de un jueves ingrato en que el colega y amigo, Bladimir Zamora Céspedes, se estuvo debatiendo entre la vida y la muerte, hoy nos despertamos con que desgraciadamente no pudo más. Ya lo difunden desde Cuba. Voy a escribir la crónica de ese ser inmenso que conocí. 


Murió anoche, a las 10:05 pm (4:05 de la madrugada española) en Bayamo, su tierra cubana, una de las personas más nobles y extraordinarias que he conocido: el escritor, poeta y periodista cubano que se inmortalizó con sus crónicas en "El Caimán Barbudo". Le quedaba mucho por hacer todavía, pero quedará la hechura de gran cronista en infinidad de historias amontonadas y toda su papelería como legado imperecedero.

EL pasado otoño, la última vez que estuve en La Habana, no lo pude ver. Me dejó una nota en el hotel. Siempre escribía notas como el jeroglífico de momentos emocionantes que ha sido su vida. Ya no lo veré más, pero seguiré esperándolo en aquella Habana de sones y boleros, de bohemios como él que agotaban sus días en nostálgicos rincones  que desde hoy notarán su ausencia, me quedaré 
esperándole con su voz rasgada y pausada como lo notarán en el patio de Marta Valdés, donde se recitaba poesía y sonaban los boleros sabrosos del filin cubano o en la casa de Niño Rivera, en el barrio de La Víbora, como lo narran las crónicas que se han escrito sobre su vida: "Los días de asueto, Bladimir Zamora nos guiaba por La  Habana profunda, dándonos a conocer rincones de magia palpable".

Hoy todos evocan al poeta muerto cuando "nos llevaba de viaje iniciático hasta Santa Isabel de las Lajas, a derramar un poco de ron sobre la tumba de Benny Moré.”

La descorazonada noticia de la muerte de Bladimir Zamora Céspedes (Bayamo, Cuba, 1952-2016), es un palo gordo, muy gordo, de quien supo granjearse el afecto  por todas partes, donde quiera que agotaba sus días el colega y el amigo. Una cirrosis hepática irreversible acabó tempranamente con su vida, cuando Bladimir con 64 años encima era mil razones a la vez. 

La noticia desde las especulaciones primeras hasta la confirmación este amanecer español, nos ha impactado a todos los que le conocimos e intimamos con él. 


Bladimir era un tipo que llegaba y se quedaba para siempre. Era tantas cosas juntas como ayer mismo lo manifestaba Odette Alonso, otra poeta cubana y amiga del alma: «Con Bladimir Zamora escuché por primera vez en mi vida a Celia Cruz; él venía llegando de España, donde le regalaron un disco de la sonera, y aquel mediodía cerró las puertas y ventanas de su cuartico -siempre 'La Gaveta'- para que los vecinos del solar no escucharan a la cantante prohibida, y nos dijo: "Tienen que oír esto"...» Por Bladimir, se escucharon muchas cosas cuando en Cuba escuchar a The Beatles era un pecado colosal.

Bladimir, durante un programa con el que hizo época en Radio Ciudad de La Habana desafiaba la censura y llenaba de música las tardes habaneras con el sonido rico y cálido de los vinilos prohibidos.

El joven Bladimir (a la derecha) junto a sus compañeros de Radio Ciudad de La Habana, en los 80.

El año pasado estuve en La Habana y por malas coincidencias no nos pudimos ver. Me dejó una nota como todas las que fue dejando a lo largo de la vida abundante de historias armadas y por contar todavía.

"He venido a verte. Hablaremos de tu libro. Volveré más tarde, o mejor me encuentras en 'La Gaveta'."

Ya no vendrá más ni abrirá su gaveta, porque Bladimir Zamora echó anoche definitivamente el cierre al rincón que desde una alcoba en la habanera calle del Monserrate, 405 le sirvió de guarida toda la vida. 

Allí, a la sombra del 'Floridita' de Hemingway, subiendo y bajando por la esquina de Monserrate y Obrapia, se le pasaron los días y las noches a Bladimir, desde que dejó su Bayamo natal y se estableció en La Habana. Vivió como un bohemio en un constante ir y venir por la ciudad que absorbió toda su capacidad de saber. 
Calle del Monserrate, en La Habana Vieja, donde el bayamés Bladimir Zamora se dejó toda una vida. 

¿Cuanta historia no dejará tras de sí 'La Gaveta' de Bladimir?¿Quién no prendió alguna vez la vela de sus botellas fantásticas que derramaban la cera de los años y los encuentros interminables en que casi siempre acaba convertido su rincón bohemio en las alturas de La Habana Vieja con el olor humedo de todo el pasado maravilloso que allí atesoran los libros entre los que dormía y amanecía.

¡Se nos fue el Bladi, coño! Todavía no me lo creo.


Lo conocí en el otoño de 1987, en el festival nacional de la radio en Caibarién -mi pueblo-, cuando ya la historia del emigrante asturiano Manuel Álvarez justificaba mi pasión desenfrenada por el periodismo. En aquel festival, mereció el Primer Premio Documental.

Bladimir, alimentando toda la pasión de mi temprana perspicacia periodística  con aquella humana atracción por la radio, escribió entonces "100 años para germinar", la crónica que llenó dos páginas de "El Caimán Barbudo". 
Voy a decir que por el amor y fijación que los dos sentíamos por aquella historia y por la radio, nuestra amistad también había empezado 100 años atrás, por toda la manera compulsiva con que viajábamos en el tiempo y nos remontábamos en historias pasadas. En realidad, su vida fue un pasaje de historias olvidadas que Bladimir fue rastreando y armando con su pasión desenfrenada por escribir. Fue lo que hizo con el español Santiago Auserón, en 1991 a su paso por La Habana, cuando formaron un binomio tras la pista de los valores del son tradicional, una búsqueda incesante que acabó con la publicación del disco 'Semilla del Son', imprescindible antología con 20 de los más grandes soneros cubanos de todos los tiempos.

Tal vez, antes de su mortal convalecencia, Bladimir habría estado hurgando en la historia o rastreando en los archivos musicales de su Habana, como eran todos sus días, llenando los manuscritos de su memoria inmensa con el manojo de papeles que llevaba siempre encima, apuntando con su pluma afinada sobre los textos que volcaba después en las obra acabadas de su poesía y en cuanta crónica escribía. 

Así lo recordaré toda la vida, como hoy mismo lo evoca su compañera de oficio en "Caimán Barbudo", Paquita Armas: "El Caimán está de luto", escribe la colega para justificar toda la carga de tristeza del medio adonde Bladimir llegó en los 80 para formar parte de la plantilla de una revista que amó como un empedernido, "porque si todos los que hemos pasado por esa redacción nos llamamos caimaneros, el Blado no se llamaba, lo era."

Bladimir Zamora fue fundador emblemático de la peña de los noveles periodistas, poetas, pintores y actores de aquella Habana noble de los ochenta, porque Bladimir, como lo recuerda Paquita, "fue el alma del Caimán hablado", donde quiera que iba, momentos a los que él llamaba "Los Caimanes Orales", la idea original de su peña en la casona de Paseo -sede de "Caimán". Lo llevaron a muchas partes y así convirtieron la antigua Casa del Joven Creador -después Museo del Ron-, en "Los Caimanes Orales" con todas las secciones de la revista convertidas en grandes reportajes hablados. Y llevaron "Los caimanes..." hasta a los Festivales de Cine y tuvieron momentos de gloria con figuras como Pablo Milanés, y le oyeron cantar junto al entonces muy joven Polito Ibáñez.

"El Blado escribía de música, especialmente de la trova, en la que devino un experto reconocido en Cuba y otros lugares, como España. Promotor incansable de cantores y poetas bisoños, en su sección 'Por primera vez', dio voz a creadores casi niños que hoy son reconocidos en ese difícil arte de hacer poesía", evoca su compañera Paquita.


Me dedicó su primer libro: "Sin puntos cardinales" (Editorial Letras Cubanas, 1987), pero en “Los olores del cuerpo” (Casa Editora Abril, 2009) fue donde Zamora explayó su mayor carga poética de nostalgias y angustias, un viaje de las emociones que vivió desde la década de los ochenta hasta los años más recientes. Son sus recuerdos de las distintas épocas en que vivió: «Son textos que denotan ese puñado de sentimientos ancestrales, que uno no puede o no quiere quitarse de encima», confesaría Zamora sobre su último poemario.

LA HUELLA ESPAÑOLA DE BLADIMIR

Tras su gran antología junto a Santiago Auserón: 'Semilla del Son' (1991), se unieron a Jesús Cosano (Fundación Luis Cernuda) y gestaron tres años más tarde los Encuentros del Son Cubano y el Flamenco, en cuyo marco –Bladimir siempre en el centro– se realizaron conferencias y conciertos en varios pueblos sevillanos. Consiguieron unir en un escenario, por primera vez, a patriarcas de la música cubana como Compay Segundo, El Guayabero -ya fallecidos-, Los Naranjos, el Septeto Espirituano y otras glorias; junto a figuras del flamenco como Tío Juane, Pedro Bacán, José Mercé y Chano Lobato.

Esta confesión tiene más 10 años. La encontré entre las tantas cosas escritas sobre Bladimir cuando ya él llevaba más de 30 años en las correrías periodísticas de "El Caimán..." y era una fuente inagotable de historias en el quehacer de la revista cultural cubana. 

En aquel contexto, 
le preguntaron:

─ ¿Y cómo llega Bladimir Zamora al Caimán?

— Leí el primer número de la revista cuando tenía 12 años y vivía en Bayamo. Publiqué mi primer poema en ella en el año 1972, cuando estaba en la universidad. A partir de entonces realicé varias colaboraciones.Incorporarme al "Caimán Barbudo" fue un elemento fundamental en mi desarrollo intelectual. Cuando termino mis estudios en 1976, ya era natural para mí la relación de trabajo con la revista.

Bladimir se fue ayer con la 'b' de Bayamo, con el beso de un ángel, se fue en el pleno esplendor de su carrera, cuando le faltaba mucho por hacer todavía. Se fue joven, sí. Nunca se sintió un tío viejo. Se fue y dejó a un 'Caimán' más joven todavía, porque ese fue el auto de fe que le mantuvo vital siempre. Por eso se inventó 'Por primera vez', su sección del 'Caimán' para pintores y narradores noveles que estiraron allí sus pasiones. 

Voy a terminar esta charla sobre y para el Bladi, procurando como le gustaría a él que lo despidieran.

En aquellas conversaciones que hoy recuerdo, le preguntaron 
─ ¿Cómo valora  Bladimir sus años junto al  "Caimán"?

—Me ha traído enormes satisfacciones. Sin "El Caimán" no me hubiera podido relacionar con varias generaciones de artistas jóvenes que son parte de mi formación, de mi círculo de amigos. También ha significado grandes tristezas. Que en el año 1990 dejara de salir la revista, independientemente de que me explicaran las razones, me provocó incluso un pre infarto. Fue un inmenso placer estar entre los vivos cuando se reanudó la circulación. Yo no puedo explicarme a  mí mismo sin "El Caimán Barbudo".

Hoy el pre infarto nos sobrevino a nosotros cuando supimos que Bladimir Zamora se había ido para siempre. ¿Quién se explica ahora "El Caimán Barbudo" sin Bladimir Zamora?

«Llévenme apenas con los olores del cuerpo»

POSTDATA: 

No creo que haya una sola figura de la cultura cubana que no conociera de la nobleza y el amor por la historia y por la vida de Bladimir Zamora Céspedes. Tal vez, ni él mismo advertiría que este jueves sería el más ingrato de su existencia. Lo estarán recordando hoy más que nunca sus colega del "Caimán Barbudo", donde estiró cuerpo y oficio; en el mundo de la radio, allá cuando hacía cuna en la joven Radio Ciudad de La Habana. Se nos fue ayer para siempre  el hombre de la B de Bayamo, echó el cierre a su "gaveta" habanera y al tesoro de historia que llevaba dentro. 


Bladimir nos deja un blog formidable: 
UN POETA EN CUBA: SEMBLANZA DE BLADIMIR  ZAMORA.
Bladimir Zamora Céspedes (Bayamo, Cuba 1952). Poeta, periodista e investigador de la historia de la música cubana. A partir de 1972 comenzó a publicar en los más importantes periódicos y revistas cubanos. Gran parte de su labor ha aparecido en la revista cultural de su país El Caimán Barbudo. Colaborador habitual de La Jiribilla, revista on-line cultural de Cuba. Poesía suya se ha publicado en Alemania, España, EE.UU, Chile, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica, Francia, Cuba.
Sus trabajos sobre música popular cubana, son parte significativa del quehacer periodístico reflejado en la prensa de su Isla. Sobre este tema también ha escrito para revistas de EE.UU., Suecia y sobre todo España. Fue colaborador habitual y una de sus firmas mas destacadas de la  revista AJOBLANCO. Artículos suyos también aparecieron en los periódicos españoles, EL MUNDO y DIARIO 16.
Tiene publicados, CUENTOS DE LA REMOTA NOVEDAD, PAPELES DE PANCHITO, y el libro de poemas, SIN PUNTOS CARDINALES.  Realizó junto al poeta cubano residente en España, Felipe Lázaro la compilación de la antología de poesía CUBA: LA ISLA ENTERA, que dio a conocer la editorial madrileña Betania en 1995.
Bladimir Zamora Céspedes, falleció el 5 de mayo en su natal Bayamo, víctima de cirrosis. Su deceso, deja un vacío en la cultura musical cubana, de la que fue un promotor incansable. (DEP ➕)

La palabra hablada y escrita

En la antigua Roma, atrio era un espacio abierto en sus míticas casas cercado de pórticos y destinado a reuniones familiares y a los huéspedes. En las iglesias romanas, atrio se describía en un patio amplio que miraba al exterior. Atrio son los extensos corredores al aire libre que se disipan a la majestuosidad de muchos templos y palacios en la fisonomía de las grandes ciudades de este mundo.

Y eso es @trio press, un espacio permanentemente abierto a los acontecimientos que han rodeado y rodean la vida. @trio Press (ATP Foro de Noticias) es una ventana a la actualidad en todos los horizontes del quehacer humano, y que dibujaremos con la imagen, el sonido y la palabra hablada y escrita.

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En honor a esa pauta primera del derecho al foro y a la opinión sale @trio press. Como un foro público, un espacio para difundir actualidades. Vamos a contar la historia que vivimos a partir del testimonio que es uno mismo. Queremos, sobre todas las cosas, encontrar los protagonistas del pasado y del presente del derrotero que es la vida.

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