COLOMBIALas heridas abiertas de la avalancha de Armero treinta años después de la tragedia«Tan felices eran en ese pueblo que todos los testimonios de sobrevivientes coinciden en un tema: vimos la fumarola, vimos las cenizas, vimos que el volcán se movía pero no nos fuimos, no creímos».
La próspera ciudad, de 50.000 habitantes, quedó sumergida bajo un mar de lodo y lava que la arrasó por completo y provocó la muerte de 25.000 personas. Hay un nombre que es el símbolo de todos ellos:
OMAIRA
"¡Ay...!", dijo pero no lloró, y los periodista afirmaron que "no nos miró con súplica, no estaba derrotada, había mucho de valentía en su mirada".
Omaira Sánchez, la niña que murió después de quedar atrapada por las inundaciones
Hace 30 años, el 13 de noviembre de 1985, un volcán del centro de Colombia conocido como el Nevado del Ruiz, sumergió a Armero, una ciudad próspera de 50.000 habitantes, en un mar de lodo y lava, recuerda hoy en El País Alejandra de Vengoechea.
Armero era la capital blanca de Colombia, por sus cultivos de algodón. Las mujeres bordaban, los hombres cuidaban su ganado. Pero la avalancha, anunciada, porque durante meses las autoridades avisaron que el volcán iba a explotar y que lo mejor era evacuar, alcanzó diez metros de alto y arrasó con el pueblo entero y 25.000 personas. Tan felices eran en ese pueblo que todos los testimonios de sobrevivientes coinciden en un tema: vimos la fumarola, vimos las cenizas, vimos que el volcán se movía pero no nos fuimos, no creímos.
UNA NIÑA INOLVIDABLE
Las crónicas cuentan que le dieron la espalda y se fueron todos llorando, con rabia, como odiando a Dios, a los hombres y a la naturaleza.
Una niña colombianade 13 años, atrapada entre el barro y escombros dejados por un deslizamiento ocurrido tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz. Pese a que su imagen dio vuelta al mundo, nadie pudo rescatarla a tiempo. Los miembros de los equipos de rescate se limitaron a rezar junto a ella y tratar de aliviarle la penuria. Omaira murió 72 horas más tarde, tras permanecer a la intemperie.
UNA MUERTE ANUNCIADA
Sola en la noche, con el miedo de la oscuridad, el susurro de llantos, lágrimas, gritos, desfiles de cadáveres, la noche que venía, sola entre tantos muertos, sola sobre los escombros de su ciudad, sola y abandonada por todos, la de Omaira fue una muerte anunciada y televisada. Cuando llegaron los reporteros, estaba agachada sobre un flotador (la cámara de un neumático) que colocaron bajo sus brazos como único recurso, sintió las voces, levantó la carita y les miró. Intentó una sonrisa. "¡Ay...!", dijo pero no lloró, y los periodista afirmaron que "no nos miró con súplica, no estaba derrotada, había mucho de valentía en su mirada".
No dijo que le dolían las piernas sino que simplemente no las podía mover. "Siento frío", parece que dijo con una mirada profunda, entre resignada y triste, pero se le veía tranquila, valiente: "Era una niña toda coraje", escribió entonces Cristina Echandía.
"Tengo miedo que el agua suba y me ahogue porque yo no sé nadar, aunque soy aquí de tierra caliente", balbuceó.
En un momento apoyó su rostro sobre el neumático, como para descansar y estuvo así unos cinco minutos, después, otra vez levantó el rostro y pronunció unas frases un poco incoherentes y ya sus ojos estaban más rojos y se notaba algo de delirio. "Tengo sed", dijo e intentó tomar un poco de aquella agua putrefacta: "Se lo impedimos y le pasamos otro vaso de agua", recuerdan los periodistas que asistieron impotentes a su agonía.
Los socorristas regresaron y se volvieron a ir, tras señalar que era imposible tratar de sacarla por la fuerza, porque eso sería destrozarla de la cintura para abajo o por lo menos perdería los pies. Dijeron que era indispensable traer la motobomba para sacar el agua y poder proceder a retirar la materia que la aprisionaba.
Cuando los helicópteros pasaban sobre ella, Omaira levantaba sus ojos enrojecidos y los miraba alejarse. "Te juramos, Omaira, que vamos ya a traerte la motobomba para sacarte de aquí" le decían los socorristas para darle un poco más de tranquilidad pero la niña les respondió: 'Váyanse a descansar y vuelvan a sacarme" Entonces, las crónicas cuentan que le dieron la espalda y se fueron todos llorando, con rabia, como odiando a Dios, a los hombres y a la naturaleza.
Por fin, llegó la motobomba en un helicóptero, pero funcionó de manera lenta, y a veces se obstruía por el barro; a esa hora, ya Omaira escasamente podía mantener los ojos abiertos, le habían quitado su blusita de color azul y yacía con su espalda descubierta. Hasta las cinco de la mañana había estado sufriendo delirios y cantado y contando chistes a los médicos y socorristas que la acompañaron durante la noche.
En realidad, habían pasado ya tres días, esa noche estuvo todavía consciente, sosteniendo conversaciones coherentes, pero después de la una de la madrugada comenzó a delirar, cantaba canciones extrañas y un testigo relata que hacia las tres de la mañana le dijo que "ya el Señor la estaba esperando". "Después cantó la canción de los pollitos", recuerda el socorrista, que fue su acompañante durante tres noches de agonía y muerte.
Omaira Sánchez era fuerte, simpática, valiente y hacía sonreír entre lágrimas cuando la televisión transmitía las dramáticas imágenes, y siempre mostró una presencia de ánimo sorprendente. Estaba triste por no poder asistir al examen de matemáticas que tenía aquel 13 de noviembre, triste pero sonriente a las decenas de cámaras, todas impotentes, sin poder hacer nada. Entre ellas la de Frank Fournier, quien tomó la fotografía que todavía hoy nos anuda la garganta y nos encoge el alma. "Cuando se tomó esa foto, Omaira ya estaba agonizando, murió pocas horas después", recuerda Fournier que la valora porque "sirvió para destacar la irresponsabilidad y falta de coraje de los políticos del país".
Vida y obra de Manolín Álvarez, el asturiano que fundó la radio en Cuba.
Viernes 22 de enero de 2016, 8:00 PM, «Crónicas del Caribe» (Stella Maris, 2015) en Books & Books, 265 Aragon Ave, Coral Gables, Miami.
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Book Presentation "Chronicles of the Caribbean" (StellaMaris)
Manolín life and work of Alvarez, the Spaniard who founded the radio in Cuba
by Author Jesús Díaz Loyola
January 22 de 2016 8:00 PM 265 Aragon Ave Books & Books Coral Gables, Miami
Cuban Research Institute
Centro Asturiano de Miami
FIU
«CRÓNICAS DEL CARIBE», la biografía de un asturiano que emigró para fundar la radio en Cuba, es un libro premiado y publicado bajo el sello de la editorial Stella Maris, el 17/03/2015.
Escrito en primera persona y con trazos novelescos, el libro cuenta la vida real de un asturiano que decide hacer las Américas y llega a La Habana a bordo de La Normandie, en 1905. En Cuba, y para ganarse la vida, construye con sus propias manos la primera emisora de radio de la isla y Centroamérica.
Su voz comienza a ser conocida hasta el punto de ser testigo de primera mano de los grandes acontecimientos que revolucionan el siglo XX. Por su vida pasan Federico García Lorca, Antonio Machín o Gabriela Mistral. El paso del régimen de Batista al de Castro. Los españoles exiliados tras la Guerra Civil. La revolución y la decepción. Los adeptos y los que se echaban mar adentro camino del exilio.
Este libro, recorre la historia contemporánea y la huella de la emigración hacia América.
JESÚS DÍAZ LOYOLA Nació en Caibarién (Cuba). Conoció y convivió en ese país con Manolín Álvarez. Actualmente reside en Madrid. Ha trabajado en diversos medios cubanos como la agencia de prensa independiente Havana Press, la Agencia de Información Nacional (AIN), la Cadena Nacional Radio Rebelde, la Cadena Nacional Radio Progreso, la revista Poder del Pueblo o el periódico Vanguardia de Villa Clara. Ha sido presidente de la Delegación Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). En España ha colaborado con Diario 16, Onda Cero, Telecinco y Telemadrid. Ganador en Cuba de más de 10 premios nacionales de periodismo, entre ellos el Gran Premio de la Radio Villa Clara 1987 y el Premio Documental del Festival Nacional de Radio y Televisión 1987, por el trabajo Manolín, un asturiano pionero de la radio en Cuba, tema de su libro Crónicas del Caribe, finalista del I Premio ‘Stella Maris’ de Biografía Histórica en España.
«Que el Jurado -entre casi un centenar de piezas competidoras- seleccionase a ésta cubana, dice mucho de su fineza, importancia e instrucción». (Pedry Roxana Rojo)
Jesús, quien es periodista, laboró años en la radio también y hoy vive en Madrid, pero nació y residió en Cuba.
Presentación del libro "Crónicas del Caribe" de Jesús Díaz Loyola el 25 de octubre en "Pablo´s Galería", en la vivienda del artista de la plástica Fernando Betancourt, presidente del Comité Municipal de la UNEAC en Remedios, Villa Clara, Cuba.
"Crónicas del Caribe" cuenta la vida real del asturiano Manuel Antonio Álvarez Álvarez (Manolín) que decide hacer las Américas y llega a La Habana a bordo de La Normandie, en 1905. En Cuba, y para ganarse la vida, construye con sus propias manos la primera emisora de radio en Caibarién, Villa Clara, Cuba. (José Armando Ocampo González)
«CRÓNICAS DEL CARIBE»
Ese es el título de la obra literaria que fue presentada este octubre entre Caibarién y Remedios, las dos patrias villaclareñas de su autor; Jesús Díaz Loyola.
Crónicas...fue el accésit del Premio de Biografía Histórica Stella Maris 2015 en su primera convocatoria hispana, el cual fue a parar a manos de obra del autor español Jesús Cotta por "Rosas de Plomo" que ahonda en torno a la vida íntima de Federico García Lorca.
Que el Jurado -entre casi un centenar de piezas competidoras- seleccionase a ésta cubana, dice mucho de su fineza, importancia e instrucción.
Jesús, quien es periodista, laboró años en la radio también y hoy vive en Madrid, pero nació y residió en Cuba.
Este testimonio novelado y escrito en primera persona, narra la vida de "Manolín" Álvarez, asturiano emigrado en 1905 quien junto a pioneros y entusiastas de la entonces novedosa radio (como mi tio-abuelo Feliciano Reinoso) convirtieron a esta villa en la primera del Caribe en trasmitir señales audibles desde 1917.
Las sedes de la UNEAC -en el cayo de casi todos- y la casa fabulosa del artista plástico/remediano Fernando Antonio Betancourt, fueron los espacios que acogieron este momento histórico feliz para ambas municipalidades.
El autor regaló ejemplares a personalidades e instituciones, que tendrán la honrosa tarea de diseminar tan valiosa semilla informativa.
Como declaró Yandry Garciandía -presidente de esa institución y homólogo de Fernando en su vecino territorio-; "esta ha sido la noche más grandiosa y la mejor actividad que hemos tenido durante la semana de la Cultura en Caibarién", que el 26 de octubre terminó "celebrando" su aniversario fundacional y que desgraciadamente estuvo transida de aguaceros, excesos de apatía y mala música. (Pedry Roxana Rojo)
Pedry Roxana (a la izquierda) y Luis Machado Ordetx (derecha), escritores y críticos literarios, presentan el libro del autor Jesús Díaz Loyola (al centro)
LAS «CARTAS A OFELIA», SU HISTORIA DE TODA UNA VIDA
—•Un viaje entre el pasado y el presente
Félix José Hernández París, ha compilado en 28 textos recurrentes y costumbristas, toda una vida de emociones desde que aterrizó en el exilio parisino en la década de los 80, un viaje entre su pasado no menos feliz y el destino que le deparó la vida en París.
"Son narraciones —cuenta Félix— surgidas a partir de las cartas que escribía cada semana a mi madre, Ofelia Valdés Ríos, contándole mis experiencias" allende los mares.
La joven Ofelia Valdés Ríos.
Un valioso documento para testificar las ingratitudes y alegrías de la vida en la impronta del desterrado; veintiocho libros que reúnen todas las crónicas que Hernández París ha escrito desde mayo de 1981 hasta septiembre de 2015, entrelazando los encantos de su nueva vida en la Ciudad Luz y el pasado maravilloso junto a su madre.
Un extraordinario documento para la posteridad y ulteriores estudios sobre la huella de la emigración, que llega en español, francés e italiano, y en las que Félix José ha contado con el apoyo incondicional del historiador cubano Ferrán Núñez.
Están al alcance de la vista en el siguiente enlace de Google Drive:
Son documentos sin desperdicios, porque como advierte Félix, es la crónica de su vida en la lejanía si escamotear el pasado de su más tierna infancia en el pueblo cubano de Camajuaní, donde al niño Félix se le estiró el cuerpo y conoció los sentimientos de la vida, gracias al amor de su madre. Es un viaje entre la infancia en su natal Camajuaní (1949-1959), la adolescencia y juventud habaneras (1959-1981) hasta su llegada al París de los ochenta.
Son crónicas excepcionales que recuerdan los momentos más gratos de un cubano desperdigado por el mundo y que no ha abandonado jamás le amor por su tierra y por su gen. Todo lo debe a esa mujer de nombre breve pero inmensa que es Ofelia.
Ella es la razón de toda la felicidad que lleva dentro para que Félix José cuente lo que ve afianzado en todo su pasado: filmes, obras de teatro, museos, exposiciones, libros, afectos, sociedad, en fin, todo un cúmulo de satisfacciones que siempre apuntan al sentimiento de bien que le inculcó su madre hasta que lo vio consumado como profesor universitario y de nuevas generaciones.
En sus crónicas, Félix va y viene a una Cuba que nunca ha salido de sus entrañas, y más bien ha estado latiente en los viajes que se ha dejado por 66 países a lo largo de los 34 años de exilio a los que ya asoma su vida.
Aquí está, la crónica inacabada de toda una vida que Félix sigue aporreando sobre las cuartillas de su escritorio, entre alegrías y sinsabores, pero con el ingrediente esencial de toda la nostalgia y el amor que le impregnó Ofelia.
La gran virtud es que hoy puede contarlo y lo ha contado estupendamente en las «Cartas a Ofelia» que son su mejor memoria. Y sé que lo seguirá haciendo, porque es un colega que disfruta y vive el arte de escribir que lleva en sus venas.
¡¡ENHORABUENA!!, colega y amigo!! Sigue navegando y escribiendo las cartas de cada día, sin barreras; tu pensamiento es ya un gran legado.
FRAGMENTO
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Cuba
El día 14 de septiembre recibí el sobre con las tres fotos. ¡Qué bello regalo me has hecho! Las conocía muy bien. En la que aparecen mis padres, fue tomada al día siguiente de su boda en Camajuaní, el 27 de diciembre de 1940. Esa foto estuvo siempre en la sala de mi modesta casa. Mi padre tenía 23 años y mi madre 22. Las otras dos fotos de mi padre, le fueron dedicadas por él a la que sería la mujer de su vida, unos meses antes de contraer nupcias. Ambas estaban en portarretratos en el cuarto de ellos, sobre la cómoda, en unión de varias más. París, 25 de septiembre de 2015. Mi querida Ofelia, El día 14 de septiembre recibí el sobre con las tres fotos. ¡Qué bello regalo me
Amado Hernández, Cuba, 1940
has hecho! Las conocía muy bien. En la que aparecen mis padres, fue tomada al día siguiente de su boda en Camajuaní, el 27 de diciembre de 1940. Esa foto estuvo siempre en la sala de mi modesta casa. Mi padre tenía 23 años y mi madre 22. Las otras dos fotos de mi padre, le fueron dedicadas por él a la que sería la mujer de su vida, unos meses antes de contraer nupcias. Ambas estaban en portarretratos en el cuarto de ellos, sobre la cómoda, en unión de varias más. Cuantos recuerdos han venido a mi mente gracias a esas fotos. Mi madre falleció en San Cristóbal de La Habana, el 22 de abril de 1988, después de varios días en estado de gravedad. Pero estuvo rodeada de seres queridos hasta el último suspiro. Yo desde este lado del océano, tuve que imaginar cómo fue el entierro, cómo fue el recorrido desde la Funeraria Bernardo García de Zanja y Belascoaín hasta el Cementerio de Colón. Mi padre y mi hermano me lo explicaron por teléfono y después en largas cartas. Muchos amigos y familiares asistieron a sus exequias. Dos años después, mi padre en persona trasladó sus restos hasta el Cementerio de Camajuaní, allá en las inquietas Villas. También “lo viví” casi en directo gracias al teléfono. No sé como pueden hacer los ateos, pues a mí sólo la Fe y la oración ante la Virgen y Cristo, me trajo serenidad. A la entrada de las murallas la bella ciudad croata de Dubrovnik, en el Mar Adriático, vi esculpida en la piedra su divisa:“Non bene pro toto libertas venditur auro” (La Libertad no se vende ni por todo el oro del mundo). Creo que es una gran verdad, pero a veces me parece que los que hemos escogido la Libertad, nunca terminaremos de pagar el precio por ella.
Amado Hernández, Santa Clara 1940
Mi padre fue llamado por Dios el 27 de julio de 2004. Su nueva esposa no le avisó a nadie. Sólo tres personas asistieron a su entierro. Mi hermano, que vive con su familia en Italia, se enteró por casualidad y me lo hizo saber. Fue sepultado en una de esas tumbas anónimas colectivas color ratón por la “compañera” esposa, exmilitar de las heroicas Fuerzas Armadas Revolucionarias. En la sepultura colectiva número 8 de la fila ll. Mi dolor fue tremendo. Un hombre que hizo tanto bien en su vida. Ni siquiera sus sobrinos de Santa Clara o Miami lo supieron, ni mi hermana de crianza que vive en Cuba. ¡Nadie! Durante dos años viví con la preocupación que cuando exhumaran sus restos en el Cementerio de Colón, esa « compañera » decidiera no reclamarlos y que los tiraran a la fosa común, allí donde los brujeros van a servirse como si fuera un supermercado gratuito, para hacer sus brujerías y preparar sus maleficios con los huesos de los difuntos. Por suerte, gracias a mis primos Alberto y Néstor, se pudieron recuperar y llevar en forma rocambolesca hasta Camajuaní, primero en coche, después en autocar y hasta el cementerio en bicicleta. Lo enterraron mis dos primas, María y Aurelita. Esta última lo quería como si fuera su padre. Eso ocurrió el 14 de septiembre, el mismo día que llegó el sobre con tus tres fotos.
Ofelia y Amado Hernández, Camajuaní,1940
Aurelita pidió al sepulturero que pusiera las cajas con los restos de mis padres bien juntas una a otra, antes de cubrirlas con la tierra. Lo que me recordó el final de la canción de aquella gran trovadora que fue María Teresa Vera (1895-1965) y que a mi padre gustaba tanto: “Boda Negra”. A continuación te reproduzco algo que escribió el genial argentino Jorge Luis Borges. Me lo envió mi amiga Marta desde New York: “Sólo con el tiempo. Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar el alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender... Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado... hasta el sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente igual vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende. Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos y sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas. Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla. Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos, tarde o temprano se verá rodeado de amistades falsas. Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste durante toda la vida. Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes. Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual. Con el tiempo te darás cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir. Con el tiempo te darás cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo te darás cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones y desprecios multiplicados al cuadrado. Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes. Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas. Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante. Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado. Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo,... ante una tumba, ya no tiene ningún sentido. Pero desafortunadamente, sólocon el tiempo...”
Y yo, mi querida Ofelia, después de haber salido de Cuba, le dije a mi madre todo lo que la amaba, le supliqué que perdonara mis majaderías y torpezas. Incluso en un cassette de una hora de duración, en un largo monólogo le confesé como la extrañaba y todas mis nostalgias. Sin embargo no le dije nunca a mi padre que le quise, nunca le pedí perdón por mis faltas, ni le hice saber como lo necesitaba. Desgraciadamente, como escribió el gran Borges, si un día puedo ir a inclinarme ante la modesta tumba de ese cementerio perdido en un valle de la Perla de las Antillas, ya no tendrá sentido pedirle perdón. Mi Cuba me duele, cada día más. Ayer por la mañana vi un excelente reportaje sobre Los Zafiros en Youtube. Volví a ver mi calle Soledad y el Parque Trillo por donde tantas veces pasé con mi padre y adonde él llevaba a mi hijo a jugar. Por la tarde la tv gala pasó un reportaje sobre las Damas de Blanco. Las vi desfilar dignamente con gladiolos en las manos desde la esquina de la calle Neptuno y Hospital hasta Infanta y bajar hacia el Malecón. Un hombre en bicicleta las insultaba, otro gritaba eslóganes a la gloria de Castro y de su régimen, un viejo las amenazaba. Pero un señor se acercó a una de ellas, tomó un gladiolo y le dijo: ¡Qué Dios te bendiga! No quiero continuar a contarte mis añoranzas, en esta tarde de llovizna otoñal parisina, pero deseo terminar reproduciéndote dos estrofas escritas por el gran José María Heredia, el que escribió el Himno del Desterrado (1825). Nació en Santiago de Cuba y murió en México, en la pobreza y el desamparo del exilio, con sólo 35 años, el 7 de mayo de 1839. “Cuba, Cuba, que vida me diste, dulce tierra de luz y hermosura, ¡cuanto sueño de gloria y ventura tengo unido a tu suelo feliz! (...) ¡Dulce Cuba!,en tu seno se miran, en su grado más alto y profundo, la belleza del físico mundo, los horrores del mundo moral.” Como habrás constatado, la actualidad de ese bello poema es asombrosa. Te quiere siempre, Félix José*.
* Félix José Hernández (en la foto) es exiliado cubano, residente en Francia. Fue profesor de Civilización de América Latina en la Université de Marne-la-Vallée y redactor de Les Cahiers d'Histoire Sociale.
¡Doce balseros cubanos: 11 hombres, un perro y una mujer! tocaron ayer las costas de la Florida, Estados Unidos. Llegaron a bordo de una rústica embarcación, después de un largo viaje, desafiando el viento y el mar. Durante días enteros, entre noches apacibles y amaneceres turbulentos, la huella cruenta del océano pudo parecer toda la eternidad, pero llegaron al final para heroificar, una vez mas, la arriesgada odisea de la mar.
Claude Monet, uno de los más grandes impresionistas de todos los tiempos, inmortalizó el acarreo de un barco en una orilla de Honfleur, Francia.
Hoy, la orilla americana acarreó la suerte de 12 vidas que navegaron horas y horas, tras las aguas de la libertad.
Habían partido desde Caibarién, un puerto en las inmediaciones de Cuba. La imagen de su crónica pudo contarlo, la misma crónica que han vivido muchos cubanos, probablemente en las horas mas siniestras de sus vidas.
Por eso digo que las escenas de ayer en las playas de Miami, parecen como sacadas de un cuadro impresionista de Monet.
Aquí queda la huella de una odisea para el recuerdo de los que llegaron y la inmortalidad de cuantos han perecido en el intento.
En la antigua Roma, atrio era un espacio abierto en sus míticas casas cercado de pórticos y destinado a reuniones familiares y a los huéspedes. En las iglesias romanas, atrio se describía en un patio amplio que miraba al exterior. Atrio son los extensos corredores al aire libre que se disipan a la majestuosidad de muchos templos y palacios en la fisonomía de las grandes ciudades de este mundo.
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