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02 marzo, 2017

CUBA: LORCA LO HIZO CÉLEBRE Y AHORA SE CAE A PEDAZOS

▪️103 años después de fundado, ¡Un Siglo!, el 'Gran Hotel Comercio' de Caibarién, Cuba (1914), entre la dejadez y el deterioro, ha emprendido el sinuoso camino del fin.

Una de las expresiones de la arquitectura clásica cubana del siglo pasado que lucía como joya junto al Caribe, se cae a pedazos.
Esta es la crónica de sus días más célebres. De momentos épicos como la visita del poeta andaluz Federico García Lorca en 1930 y su inexorable triste camino hacia el final. 
En la foto, de última aparición, supuestamente Lorca, posa junto a los trabajadores en la barra-restaurante del emblemático hotel en los días de su estancia en Caibarién, en la primavera de 1930.

El Gran Hotel Comercio en sus años de esplendor.


¿Cuanta historia se iría con él?


EL FIN DEL RINCÓN MÁS DESEADO DE CAIBARIÉN 
Y DE GRAN PARTE DEL CENTRO DE CUBA 

🔻Algunos de los acontecimientos que hicieron célebre a uno de los hoteles mas emblemáticos del interior de la isla.

     "Todos los días del año el Gran Hotel Comercio estaba en las tertulias callejeras".


🔳El restaurante del hotel Comercio, el rincón más deseado de la hostelería de la villa, desde que fue fundado en 1914, fue punto de encuentro permanente de la cultura y toda la casta caibarienense hasta que la Revolución Socialista no pudo con su conservación, lo cerró y el Comercio empezó el sinuoso camino hacia su deterioro.

Cada año, en las fiestas por navidades, sobre los salones del ya mítico hotel se veía a todo el Caibarién mediático, artístico y político. 

En los años de la radio de la primera hora, cuando el asturiano Manuel Alvarez lanzó desde Caibarién —en 1917, hace un siglo— las primeras señales que abrieron la era de la radiodifusión en Cuba, el pueblo vivía de convite en convite. El Alcalde de la ciudad se encantaba con la radio y manifestaba permanentemente su sorpresa ante el poder y el alcance de algo tan efímero como el sonido: 
6EV, la primera emisora de radio de Cuba que sacó al aire en 1920 
el asturiano Manuel Alvarez y fue testigo del paso de Lorca por la villa.

—Llamen a los historiadores y a la prensa, convoquenles al Comercio y que hagan constar que en Caibarién, antes que en cualquier otro lugar, ha salido al aire la primera estación radiotelefónica de Cuba. 

En los años primerizos de la radio, el hotel Comercio era un corrillo impenitente de celebración en celebración. Los periódicos inundaban cada día los quioscos, 
hablando de la gran actividad entre la radio y el Comercio.

Cada semana los reporteros de La República, El Imparcial de Caibarién; y La Publicidad de Santa Clara, vivían atrincherados entre la emisora y el hotel en un zafarrancho permanente cocinando las crónicas que llenaban sus ediciones. 
Los redactores de publicaciones especializadas como Magazine de La Lucha y La Gaceta Radio de Cuba fueron fieles testigos profundizando en sus trabajos de fondo, tomando fotos aquí y allá. Ora en la estación de radio, ora en el hotel Comercio, ora en el centro  de la ciudad, contando cuanto se vivía en el esplendor del Caibarién de la primera mitad del siglo pasado. 

Los fotógrafos diligentes de los estudios Martínez Otero, quienes desde el lente de sus cámaras eran unos apasionados de la historia, se encargaron de captar para la posteridad el día a día de la Villa junto al mar. 

El director fundador del hotel Comercio, Braulio Fernandez Cima (en la foto anterior), sintió tanta devoción por el lujoso hotel —uno de los mejores del interior del país— que llegó a ocuparse diligentemente de la llega de cada visitante todo el santo día. Por mucho tiempo Braulio fue el hombre orquesta de los placeres y los días en Caibarién. 
Cada día los periódicos decían algo nuevo y la sensación que experimentaba todo un pueblo era la de ver en el Comercio un rincón impávido. 

Desde su espectacular inauguración, ya todos los días del año el emblemático Comercio estaba en las tertulias callejeras: 
—¡ Hay que ver lo que ha conseguido este gran hotel en la ciudad! coincidían los comentarios en cualquier parte con todo el énfasis del acontecimiento que estaba representando el Gran Hotel.

¡El Partido gobernante en su mejor entendimiento con la oposición!
¡Gente de todas las clases en las comidas de los amigos! ¡Amas de casa con novios pudientes visitando el hotel! ¡Los voceadores de periódicos permanentemente en torno al Comercio! !Los salones del hotel a lleno total con tertulias diarias sobre los más diversos temas de actualidad!

Lorca en el mirador de Yumurí, Matanzas, días antes de su arribo a Caibarién, el 28 de marzo de 1930. 

LORCA, ESTRELLA EN EL "COMERCIO"

🔳El sábado 28 de marzo de 1930, descendió en la villa el poeta andaluz Federico García Lorca. Lo acompañaba un grupo de amigos, entre ellos, el escritor e investigador José María Chacón y Calvo, anfitrión de una larga estancia cubana. Todos se alojaron en el Comercio. 

Aquel día de primavera la noticia daba cuenta de la multitud que rodeaba a Lorca, mientras se trasladaba al emblemático hotel Comercio que relucía en la esquina de María Escobar y Justa.

Durante mucho tiempo en Caibarién, se habló de aquella ilustre visita y de la estancia de Lorca que hizo más memorable el hotel, testigo de la sensibilidad musical del poeta, porque allí le vieron tocar varias veces, según las crónicas de la época. Lorca improvisaba magistralmente piezas al piano en el hotel Comercio. En realidad, la música marcó las noches cubanas del poeta desde su paso por La Habana, de donde venía ya impactado con el son sabroso que aprendió a admirar en la urbe. 

El domingo 29 de marzo de aquel año (1930) el poeta ofreció una conferencia ante un auditorio reunido en los jardines de la Colonia Española, frente al parque, donde tenía su sede la Institución Hispanocubana de Cultura. 

Lorca salió andando desde el hotel Comercio rodeado de una amplia comitiva. Llegó a la sede social de los españoles elegantemente vestido, todo de verano y bien peinado, una distinción particular siempre en él.

Concluida la conferencia, la Hispanocubana de Cultura ofreció un banquete de despedida al poeta. En el espacioso salón donde los invitados más distinguidos charlaban entre sí, con el impacto extraordinario que era la presencia de Lorca, se oían valses y hasta jazz hot que llegaban con las magistrales ejecuciones de las grandes Big Bands americanas. La comida era en mesas separadas, cosa que a Federico no le impidió pasearse por el salón saludando al público presente. Al granadino se le vio todo el tiempo con su vaso de whisky con soda y entre el furor de las anécdotas y los saludos, hasta hizo al piano alguna ejecución entre la declamación de sus versos más elocuentes.

Durante varios días el poeta entraba y salía del hotel Comercio como si de un alma bendita se tratara. 

El miércoles tres de abril de 1930, el poeta y sus amigos abandonaron las habitaciones del lujoso Hotel Comercio en el 28 de la calle de María Escobar y se dirigieron a la estación de ferrocarril a tomar el tren Cincuenta que los retornaría a La Habana. 

Lorca dejaba su huella en el Comercio como la dejaron tantas celebridades a su paso por Caibarién en los años años más adorables del siglo XX. 
De esa manera, el Gran Hotel Comercio y muchas edificaciones que ahora se reducen a ruinas, pasaron a ser célebres en aquella ciudad junto al mar y Caibarién formó parte también de la vida de muchas celebridades que recorrieron sus calles, como lo hizo el elenco completo de la película "Y si ella volviera", que inmortalizó a la ciudad en la historia y en el tiempo.

El 1957, cuando el filme que hizo época ya era un hecho, el actor mexicano Victor Manuel Mendoza, protagonista de aquel rodaje, confesó a la conocida revista del papel couché, 'Vanidades', que sentía una atracción especial por Cuba tras su paso por Caibarién, de cuya villa admitió no olvidarse nunca, y recordó "las sabrosas comidas que me dieron los pescadores de Caibarién cuando allá estuve filmando con Irasema Diliam, "Y si ella volviera", contó Mendoza sin dejar de reconocer que "hay allá (en Caibarién) una playa, "Los Ensenachos", que es la playa más linda del mundo, más que Varadero, que Acapulco, que Biarritz", suscribió para la historia "Vanidades".

Hoy, los herederos de aquellas generaciones lloran el desgaste de una ciudad entera y todo el pasado mítico que van sepultando sus ruinas. Las paredes centenarias del hotel Comercio, que la corrosión del tiempo y la indolencia han ido echando abajo, guarda tras de si los días memorables de Lorca y de cuanta celebridad pasó por la villa. 
Allí quedan historias amontonadas de los manuscritos emborronados que Lorca y tanta gente de culto llevaba siempre consigo. 

Se decía ya en el Comercio que a cualquier hora y en cualquier parte Federico García Lorca nunca abandonaba el manojo de papeles que llevaba siempre encima. Tal vez 
—nadie sabe— en Caibarién Lorca afinaba ya su pluma sobre los borradores de "El Público", su más angustiada obra que comenzó a escribir en Cuba. 
Y angustia es ahora la que se vive en aquel pueblo costero y pescador cuando se está sepultando toda la historia constructiva de una ciudad entera, Caibarién.

26 febrero, 2017

CAIBARIÉN: EL PARAÍSO PERDIDO

Con fotos de José Armando Ocampo, Flores Chaviano, 
Iván Cañas y Archivos.

Este es la olvidada ciudad cubana que el tiempo y la insolencia han ido borrando.
¿Qué ha pasado con uno de los puertos claves del interior del país?

🔴CAIBARIÉN HOY

⚫️ CAIBARIÉN EN EL PRELUDIO 
   DEL SIGLO XX

Trayecto entre La Habana y Caibarién, línea que cubría el célebre tren 50.

🔵 Caibarién es una pequeña ciudad portuaria con una superficie de 425 mil kilómetros cuadrados que no llega a los 50 mil habitantes, al norte de la provincia cubana de Villa Clara, 340 kilómetros al este de La Habana. 

Caibarién llegó a ser uno de los principales puertos cubanos de la primera mitad del siglo XX, y desde mucho antes un pedazo de tierra maravillosa en la costa del Mar Caribe.

▪️Historia real de una ciudad que se deshace en ruinas sobre las que su gente baila, mientras se pudre y se derrumba. 

UNA CIUDAD QUE ENVILECE 

HACE más de 40 años, cuando parecía que con la Revolución todo iba a ser posible, Iván Cañas, fotógrafo cubano que tuvo una vigencia vital en los diarios y revistas más importantes de la isla cuando corría tras el olor del guarapo y el herrumbre de los trenes, en 1969 se encontró con la otra imagen real en la zona de los almacenes del puerto de la célebre Villa Blanca, y ya admitía: "¡El peso del socialismo!".
Feliciano Reinoso.

A mi me lo contó después el viejo Feliciano Reinoso, que acompañó a Iván en aquel recorrido y era, como nadie, un apasionado de la historia y de su pueblo cuando el país ya notaba los impactos de su maltrecho camino viendo deshacerse  fisonomías y mal atendiendo la conservación de pueblos y ciudades enteras a lo largo de la isla.

Fue lo que pasó con toda la barriada marítima de Caibarién, uno de los puertos claves del interior país, lo que sucedió con Pelaéz, Pirez y Cía (después ICRM), con hoteles majestuosos como El Comercio, con espectaculares edificios bancarios, con los tres teatros de la ciudad, de los que ya apenas queda el rastro para contarlo. En fin, es lo que ha pasado con la morfología urbana de una monumental ciudad junto al mar que se va reduciendo a ruinas, se pudre y se derrumba, sin que nadie haga nada por  rescatarla del olvido, mientras se muere lentamente con esa carga tardía de los últimos jirones del tiempo español.

El Gran Hotel Comercio en sus tiempos de máximo esplendor a principios del siglo XX.
Por el hotel Comercio pasaron celebridades de todo el mundo. Allí se alojó el poeta español Federico García Lorca durante su visita a la ciudad en 1930.

El Gran Hotel Comercio, hoy reducido a ruinas. Esta y otras imágenes del deplorable estado de la ciudad, las tomó para la historia, el fotógrafo caibarienense José Armando Ocampo. Abajo, el edificio de Pelaéz, Pirez y Cía (después ICRM), una sucursal del National City Bank de New York y vistoso teatro Atenas. Ninguno existe.
ICRM
Sucursal en Caibarién del National City Bank de New York.

Teatro Atenas. 
Los arquitectos que desde más de un siglo atrás le dieron vida y cuerpo a Caibarién, concibieron una ciudad con la arquitectura de espléndidos edificios, como todo el hilo de almacenes y terminales de embarque que se alargaban desde la costa y se mojaban en el Caribe. Ya no queda prácticamente nada en pie.

Edificios clásicos como el hotel Comercio; cuarteles, fábricas y tiendas dispersas por toda la villa, escuelas emblemáticas, factorías pesqueras, clubes sociales como la Colonia española o la sociedad china, que en sus mejores tiempos fueron centros de expansión colonial cuando la ciudad tenía otro esplendor y la nutrían peninsulares e inversores de medio mundo, todos han desaparecido de la faz de la geografía insular.
Del chalet de los Arcos Bergnes (después cooperativa de pesca) ya solo queda su nombre. El tiempo y la falta de cuidado, lo deshizo para siempre.
El célebre colegio de los hermanos Maristas en el siglo pasado. 


El Centro de Caibarién a mediados del siglo pasado, con el edificio que es actual sede del gobierno a la izquierda (antiguo Cuerpo de Bomberos) y la Colonia Española al fondo.
Uno de los almacenes que regentaba Miguel López y Cía. en la zona industrial del puerto.

La antigua zona de los almacenes, próxima al litoral. Allí, el asturiano Manuel Álvarez, emigrante a la isla en 1905, acopió los primeros artilugios que le permitieron llevar adelante la inversión de la radio: «No muy lejos de la casa donde vivía en Caibarién encontré un viejo almacén que alimentó la pasión de mi vida. Un influyente negocio local en el campo de la electrónica, Hermanos Pita, era entonces un cementerio de artilugios y cachivaches donde abundaban componentes rudimentarios de radiotelegrafía que ya llevaban la patente de Marconi."

«Desde este lugar trasmitió en 1917 Manolín Álvarez las primeras señales de radio de Cuba», acredita una placa del oficial Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) en la casa de Céspedes, 7, actualmente en deplorable estado de conservación.

Vista de Padre Varela (calle 10), una de las calles de la ciudad en sus años de esplendor a principios del siglo XX.

Fundada el 26 de octubre de 1832 por Don Narciso de Justa, a finales del siglo XIX la estructura urbana de la ciudad estaba ya muy avanzada en sus calles, parques, plazas y edificios principales. Ofrecía un trazado consolidado y todas las dotaciones necesarias, siguiendo el estilo arquitectónico de la época. 

En Caibarién se reconocen líneas marítimas que iban y venían de Norteamérica y por todo el Caribe como una estilo distintivo de una ciudad que principiando el siglo XX lucía la traza sobria de la arquitectura clásica, tradicional en las ciudades de costa con un tratamiento estilizado y geométrico, en muchos casos típico del art decó.
La casa de otro histórico del pueblo, Tirso Ferrer, frente al parque en el edificio que es hoy sede de la emisora CMHS La Voz de la Villa Blanca.
La primera iglesia Bautista de Caibarién con un tratamiento también estilizado. Su fachada poligonal segmentada le da un toque cubista.


El hospital de Caibarién a mediados del siglo pasado. 
Un chalet de Punta Brava con estilo y  características del art decó.

Desafortunadamente, hoy va quedando como epístolas pasadas de una ciudad que fue una maravilla junto al mar, y que aún lo sigue siendo con sus últimos vestigios, pero que transita lentamente hacia un final siniestro. 

Lejos de asistir a su salvación, ahora el hombre de este tiempo invade los cayos adyacentes como si de una nueva conquista se tratara. Yo mismo, en mis años de periodismo provinciano, allá en la Villa Clara de los 80, escribí una crónica en el diario 'Vanguardia', inconsciente del nuevo mal que se forjaba: "Caibarién, al encuentro de tierras vírgenes", adelantando la construcción de una descomunal carretera sobre el mar y que, en realidad, fue una puñalada visceral al entorno y la ecología. 

He maldecido siempre haber escrito aquel reportaje y haberme prestado, incluso, para los seguimientos profusos que justificaron después aquella canallada, con una columna habitual en el matutino local que se llamó "Crónicas del Pedraplén", y que estuve escribiendo mientras el contingente Campaña de Las Villas era un protagonista involuntario del desfile interminable de camiones devastando yacimientos en tierra y lanzando montones de rocas sobre el entorno marino. Así se allanó el camino pedregoso para arrebatarle al mar y a la cayería, un pedazo de su incuestionable belleza. 
El pedraplén de la maldición. 48 kilómetros de carretera sobre el mar que lentamente fueron robándole escenario al entorno marítimo y terrestre de los cayos adyacentes. 
Abajo, un plano de hasta dónde ha llegado la mano del hombre sin importar preservación ni conservación. En la foto, la invasión hotelera en Cayo Las Brujas.  

Esas tierras dejaron de ser vírgenes para recibir una despiadada revolución turística. ¿Para qué? Para seguir exprimiendo naturaleza por dinero. 
Todavía no he preguntado por las especies exterminadas con la brutalidad de la rentabilidad humana y todo el mal que se ha hecho sobre el verde natural de un entorno protegido que era en el Caribe el mejor conservado y de especies autóctonas cuando yo le perdí la vista en los 90. Entonces, los rastros del deterioro ya dejaban sombras sobre la ciudad envilecida, y naturaleza y ecología se resentían. 

Cayo Santa María, una extensión de tierra, 58 kilómetros mar afuera, que ya no tiene nada de virgen, como otros rincones de la cayería norte de Cuba.

Con 20 años, cuando yo echaba espuelas en el oficio en la redacción de 'Vanguardia' que era entonces un corrillo permanente cocinando la crónica de cada día. 

Yo dejé tierras vírgenes, y hoy la mano despiadada del hombre nuevo las devora con edificaciones y más edificaciones, tal vez, el último suspiro que encontraron sus gobernantes sobre lo que queda de esa perla del Caribe que se llama Caibarién, y que además es mi pueblo.

Caibarién despierta callado como si de un día cualquiera se tratara y con un cúmulo de historias sumergidas. El maestro caibarienense de la guitarra, Flores Chaviano, de visita en su tierra, inmortalizó este amanecer en su cámara.

Los pilotes de madera que sirvieron de soporte a los almacenes centenarios. Ahora son ruinas sumergidas en el fondo del mar. 

Hoy la bahía del puerto de Caibarién y de muchos puertos cubanos, son un rincón nauseabundo. La dejadez y los años lo han corroído todo. 
El vistoso almacén situado frente a lo que fue el hotel Las Baleares. Ya todo es historia pasada. 


Las majestuosas edificaciones que atraían todo un mundo a la ciudad, la particularidad de sus  espigones y los almacenes emblemáticos que eran el soporte de la economía desde el siglo XIX, ahora son ruinas desvanecidas, muchas sumergidas en los abismos del mar: el muelle López, el San José, el Pita o el Zárraga; el maderero Linares, todo se han venido abajo y ya solo queda como un recuerdo lejano de las imponentes construcciones que fueron junto al mar. 
Lo que fue el maderero Linares a comienzos del siglo pasado. Hoy todo se han venido abajo. 



Poco queda, pues de aquel enclave colonial que fue un tesoro arquitectónico de ciudad al borde del Mar Caribe.
Rincones que sobreviven al desgaste y el deterioro. "Una de las pocas casas típicas que conserva su imagen", me cuenta Flores Chaviano. Con imágenes como esta se puede considerar que de cuidarse y preservarse, Caibarien habría sido hoy una ciudad de arquitectura y construcciones disímiles, con una afinidad espléndida del giro español del pasado siglo. 

El flujo desorbitado de turistas, nativos y foráneos, no se acaba nunca. Sus cayos fantásticos tupidos ahora de arquitecturas modernas ya no son tan vírgenes; allí bailan, ríen y se divierten, fuman y beben, mientras una ciudad entera a sus espaldas se cae a pedazos. 

A Caibarién se llega hoy desde cualquier parte, pero no ha llegado aún la solución sagrada que, al menos, salve a la ciudad de su siniestro final.

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▪️Fotos cortesía de José Armando Ocampo González, Flores Chaviano Jimenez y Redes Sociales.
El edificio de la antigua Sociedad Liceo, de las pocas cosas que se conservan en pie, pero con efectos ya del deterioro. 
Otra vista del centro de Caibarién en los primeros años del siglo XX.  
Noche de fiesta en el edificio de la antigua Sociedad Liceo, frente al parque, principios del siglo XX.
Poco queda pues de aquella espléndida ciudad junto al mar, que fue también, sin pretenderlo, pequeño tesoro arquitectónico.
Pero vale la pena recordarlo, que esta fue y es lo que queda de nuestra amada Villa Blanca al borde del 
Mar Caribe.🌊🇨🇺

La palabra hablada y escrita

En la antigua Roma, atrio era un espacio abierto en sus míticas casas cercado de pórticos y destinado a reuniones familiares y a los huéspedes. En las iglesias romanas, atrio se describía en un patio amplio que miraba al exterior. Atrio son los extensos corredores al aire libre que se disipan a la majestuosidad de muchos templos y palacios en la fisonomía de las grandes ciudades de este mundo.

Y eso es @trio press, un espacio permanentemente abierto a los acontecimientos que han rodeado y rodean la vida. @trio Press (ATP Foro de Noticias) es una ventana a la actualidad en todos los horizontes del quehacer humano, y que dibujaremos con la imagen, el sonido y la palabra hablada y escrita.

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El atrio triunfó en Roma tal como el ágora en Grecia como punto de encuentro y opinión tras la caída de la civilización micénica en el siglo VIII (Antes de Cristo). Hasta nuestros días, la más famosa, el Ágora de Atenas, es la única belleza arquitectónica de la Antigua Grecia que conserva, al menos, su techo original. Y allí, como marcándole el paso del tiempo está al aire libre el extenso corredor, el atrio, que se disipa al Ágora de Atenas.

En honor a esa pauta primera del derecho al foro y a la opinión sale @trio press. Como un foro público, un espacio para difundir actualidades. Vamos a contar la historia que vivimos a partir del testimonio que es uno mismo. Queremos, sobre todas las cosas, encontrar los protagonistas del pasado y del presente del derrotero que es la vida.

Esto es @trio press el espacio donde invitamos a contar la historia, la de este mundo y que, a veces, pasa inadvertida. Contáctenos y cuéntenos lo que quiera en Atrio Press, el foro de noticias. Nosotros lo diremos tal como nos lo cuenten. Bienvenido a @trio press.

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