22 enero, 2014

EL CUBANO VUELVE A OFRECERSE EN IVÁN CAÑAS

Cuando Iván iba por caminos y guardarrayas 

EL CUBANO SE OFRECE (Ediciones Unión, La Habana, 1982) es un libro emblemático, un retrato en imágenes ya míticas que hablan por sí solas de la Cuba que nos marcó.


"El cubano se ofrece" es, sobre todas las cosas, la obra cumbre de Iván Cañas (La Habana, 1946) donde este fotorreportero que creció con la revista Cuba Internacional,  instintivamente lo dio todo por el hombre del campo y del mar, por el pueblo y la ciudad, cuando él hurgaba con su Leica rudimentaria por caminos y guardarrayas en la ruta de la caña de azúcar.

Pocos como Iván corrieron entonces tras el olor del guarapo y el herrumbre de los trenes. Hoy, ahí está el legado de aquella realidad difusa, una Cuba que solo sus imágenes justificarán para siempre como verdaderas obras de arte del lente sobre el papel

Iván Cañas vuelve a retomar las imágenes del gran álbum de sus recuerdos. Cobran vida en la Retrospectiva suya que la American Fototeca de Cuba presenta desde el sábado 18 de enero en sus pabellones de Miami.


«RETROSPECTIVA» es una selección de las imágenes que Iván lleva consigo a cualquier parte. Son decenas de fotos, tomadas al azar en el viaje imperecedero por la Cuba profunda de los 60 y 70, y que ahora cuelgan de las salas expositoras en el Bird Road Art Walk Distrito.

Ahí está el Caibarién que cautivó las pupilas de un inquieto veinteañero; la negra y el blanco, todas las miradas  juntas que buscaban su lente instintivo cuando el joven Iván era un aferrado a los carretes y el revelador de los laboratorios.

Sus fotos eran "adustas, en blanco y negro, enfocaban ambientes y sujetos “espontáneos”, concentrados más en sus actitudes individuales, que en las proyecciones del discurso oficialista".
(Del ensayo acerca de Iván Cañas: el fotolibro El Cubano se Ofrece, escrito por Grethel Morelly Abelardo Mena)

En el gran legado de su fotografía está el abuelo, el obrero y hasta el historiador: Feliciano Reinoso (junto a estas líneas), el armador de tantas historias juntas de toda la vida anterior. 
El lente de Iván es un viaje a un pasado de creencias y carencias que encontró el fotógrafo en su derrotero tras el mundo de sus imágenes.

Casi medio siglo después, con casi 68 años encima, el cubano vuelve a ofrecerse en Iván Cañas. Por eso llenó el sábado  la sede de la American Fototeca en el 4260 SW 74 Ave, en Miami. Y allí estarán sus obras como oro en paño, hasta que las retinas de los visitantes se cansen de incursionar en ese viaje retrospectivo que es el teleobjetivo de Iván Cañas por el tiempo y por la vida.
POSTDATA PARA IVÁN 

Cuando hiciste lo mismo con Lezama Lima —fueron 40 magistrales imágenes— y se lo contaste a Eliseo Alberto de Diego —tus dos amigos del alma (DEP)—, yo te dediqué una crónica. 
Entonces me dijiste: "Gracias por tu post, los amigos y admiradores de la obra de estas glorias de la cultura cubana siempre te lo agradeceremos".

Ahora el homenaje eres tú y la maestría con que rescataste todo el tiempo que se nos fue. 

Gracias, Iván por ese viaje en el recuerdo que nos confirma que allá, al otro lado, en cualquier rincón, un cubano siempre estará para ofrecerse, aún en la ignominia de la desolación.

“El Cubano se Ofrece” tiene casi medio siglo. Muchas de las fotos salidas del lente generoso de Iván Cañas encontraron su escenario preferente en Caibarién, un pueblo cubano junto al mar, a más de 300 kilómetros de La Habana, al norte centro de la isla.
Hasta allí viajó este fotorreportero innato cuando su vida a penas pasaba de los 20 años y encontró lo que buscaba: un pueblo de obreros, fabril y laborioso. “...deseaba testimoniar algo que tuviera ciertos límites, es decir, un pueblo, una ciudad, una etapa, y que al mismo tiempo reflejara, por supuesto, la personalidad de nosotros mismos, los cubanos...”, ha contado Iván Cañas. 

Ahora el lente le busca a él por la culpa exquisita de la grandeza de sus imágenes. 


       IVÁN CAÑAS, AL CENTRO


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