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04 octubre, 2014

EL REGRESO DE ISABEL MARTÍNEZ FERRERO

El último viaje de Isabel nos devolvió este verano  a la mujer espléndida, a la madre, a la amiga, pero sobre todo, a la artista que un año después de irse, sigue irradiando luz desde todo el conjunto de su obra.


Este octubre, Isabel Martinez Ferrero cumplió un año de su partida. Le debía esta crónica, se la debo cada día, porque la obra que nos legó la extinta pintora naïf es un canto permanente a la felicidad y a la alegría.

Un año después de su ida, Isabel sigue allí con el mismo esplendor que regaló a lo largo de los 95 años de su fecunda existencia entre la vida y el pincel.  Dos meses faltaban para que alcanzara los 96, un lustro para el Siglo.

Pero Isabel sigue en la inmensidad de su obra dispersa en España y por el mundo. Lo acaba de hacer con su primera presentación post mortem en el ámbito de la muestra 'La soledad de los palomares', el pasado agosto en Zamora. 

En la iglesia de la Encarnación, Isabel deslumbró en la exposición de fotografías y pinturas que organizó la Asociación Cultural Carpe Diem, de Villarrín de Campos.

Hace un año, a raíz de su partida, "Carpe Diem" había anunciado que el óleo "Palomar", una inspiración a la paz y a la vida, volvería a ser expuesto en su Zamora natal. Y así fue.

ISABEL MARTINEZ 
«IN MEMORIAM»


En la perspectiva de dos de sus óleos más conocidos, Isabel justifico toda la razón de una sala de la Encarnación repleta de palomares. Tuvo presencia entre un grupo de nombres que han llenado de emociones la pintura y la fotografía. 

La exposición colectiva de los fotógrafos Jesús Molina y Carlos Guzmán dejó su huella en un agosto que ya queda como semblanza para el recuerdo en un rincón de la antigua iglesia de la Encarnación, desde las imágenes contrastantes de Tierra de Campos que plasmaron fotografías y piezas de artesanía hasta el «Palomar» mismo de Isabel es expresión de la identidad de aquellas tierras.

La asociación Carpe Diem echó a volar la idea  un año atrás. y allí volvió por fin este verano Isabel, paseando su colorismo entre "la soledad de los palomares" como hija ilustre de Villarrín de Campos. 

Al paso de un año, lejos de su ausencia, la gran patriarca del arte naïf regresa, vuelve en un viaje impenitente cada vez que sus obras toman la escena pública. Lo hizo en agosto, lo es hace tiempo con la pintura que en vida donó a la Ciudad del Vaticano, y lo seguirá haciendo en cualquier espacio que le inmortalice 
con la inmensidad de las pinturas que le identificaron toda una vida. En Italia, Estados Unidos, Argentina, Paraguay y Venezuela. Allí están sus obras. 

El último viaje de Isabel nos devolvió este agosto a la mujer espléndida, a la madre, a la amiga, pero sobre todo, a la artista que un año después de irse, resurge a cada instante y sigue regalando esa luz y esa paz que sólo trasladan sus cuadros.

El regreso de Isabel este verano, fue un hecho agradecido a la Diputación provincial de Zamora para con ella, que jamás renunció al amor por su tierra y enalteció el arte Naïf" en todas sus dimensiones.

Por eso, hoy y todos los días, voy a seguir oyéndola con lo que fue el auto de fe que la mantuvo pintando hasta el final:

"Para mí, crear es existir, es vivir entre bosques encantados
y montañas azules,
dando vida a paisajes,
siempre con flores y agua
y personas llenas de paz"

Allí queda Isabel, entre el encanto de sus paisajes plenos y la alegría inmensa que fue su vida. Yo que estuve a tiempo de alcanzar sus guiños más tiernos, pude valorar sus dimensiones de madre y mujer. Lo saben Angeles, Pilar e Isabelita, las hijas que adoró toda la vida. Lo supo Justito, su hijo varón que se adelantó a su partida en 2005, y estarán ahora los dos gozándose con Dios.
Por eso, Isabel Martínez Ferrero nos estará acompañando en un viaje permanente entre el recuerdo de sus exposiciones llenas y el paisaje florido de sus cuadros. Seguirá viajando a cualquier parte y seguirá allí como la última vez que la vi en su casa de Madrid, sentada y serena, instintiva en sus desvelos, rodeada siempre de sus cuadros llenos.

14 diciembre, 2013

Isabel Martínez Ferrero: UN VACÍO QUE PERDURA

ETERNAMENTE ISABEL

•Hoy, 15 de diciembre, cumpliría 96 años, la madre del arte naïf español.

NO SÉ sí culparte a ti o a la pausa breve de la vida, pero nadie perdona ya no encontrarte sentada y serena, instintiva en tus desvelos, y rodeada de tus cuadros llenos.

El 2 de octubre último, Isabel Martínez Ferrero, la madre del arte naïf español, abandonó la existencia con 95 fecundos años. Su obra ha recorrido casi toda España y muchos rincones del mundo. Una pintura suya fue donada a la Ciudad del Vaticano y muchas forman parte de muestras privadas; otras están expuestas en Italia, Estados Unidos, Argentina, Paraguay y Venezuela.

Cada cuadro suyo atesora una historia personal afincada en sus orígenes, en el complejo mundo en que convivió entre Zamora y Madrid.



Un día entré en el recinto del Centro Cultural Alfredo Kraus de Madrid, donde la conocí en la primavera de 2009. Y ella, confiada y amorosa se quedó para siempre en mi. 

¿Quien es esta señora que cautiva todas las miradas del mundo que le rodea? 

"Para mí, crear es existir. Con mi pintura me siento más joven.
es vivir entre bosques encantados y montañas azules,
dando vida a paisajes, siempre con flores y agua y personas llenas de paz". (I.M.F.)



Esta viejecita extraordinaria llevó siempre en su alma el mérito de madre, señora y amiga, pero sobre todas las cosas, artista.

Hasta el final de sus días con esa energía vivificadora que siempre le acompañó, Isabel compartió con su mirada y su sonrisa cada momento, entre los bosques encantados y las montañas azules que coloreó a lo largo de su vida y que hoy todavía le lloran.

Todos nos llevamos una anécdota grata de Isabel, de su pasado o su presente. Todo lo que nos contaba eran historias profundas e inolvidables.

Guardaré para siempre sus exposiciones llenas de colorido con el paisaje florido de sus cuadros, que ahora perduran como un gran legado.

Su arte libre de convenciones queda como la expresión del primitivismo moderno que le brotó arrimada a la naturaleza; y que yo recordaré toda la vida por la paz de su mirada.

Desde sus cuadros, nos enseñó el amor, la melancolía y la añoranza. Nadie que haya conocido a Isabel y haya vivido su amor apasionado por la pintura, podrá acostumbrarse a su ausencia. Ni dos meses después, ni pasados los años.

La recordaré siempre, sumergida en su gran pasión y en sus desvelos de íntegra mujer. 

Nadie que la haya visto enfrentada a un lienzo con el olfato primitivo que le dominaba, podrá resignarse a su ausencia. 

En Madrid falleciste un día de octubre pasado, pero tus ojos no permanecen cerrados; están abiertos, en ese delirio permanente por amar lo propio, de crecer y ver crecer el tiempo; de desafiar el viento... 

Por eso te digo, hoy a tus 96, que sigas allí en el descanso eterno, con esa fijación de lo bueno entre la Zamora que te engendró y el Madrid que te inmortalizó.

Quédate allí quieta, en el camposanto de tu otrora Villarrín de Campos. Tu recuerdo y tu obra serán imperecederas al paso del tiempo, imaginándote siempre pintando, ya no al Jesús crucificado que te iluminó sino al mismísimo Dios, aunque tu vacío perdure y sea siempre imposible de llenar.  (Jesús Díaz Loyola)


RESEÑA
Isabel Martínez Ferrero (Villarrín de Campos, Zamora, 1917 —Madrid, 2013) Con 17 años aterriza en Madrid donde comienza estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.
Las primeras exposiciones las hizo en Bilbao y Pamplona. (1939). 
La guerra primero y el matrimonio después interrumpen su temprana vocación. Ha sido seleccionada en varias exposiciones y certámenes en España, Argentina, Portugal, Italia, Estados Unidos, Paraguay, Venezuela.

En el IV Certamen Nacional de Pintura Naif (Centro Cultural Galileo, de Madrid), dedicado al Madrid Olímpico 2012, recibió el primer accésit por su obra "Futuros olímpicos".  Enumerar la infinidad de salas de exposiciones, ciudades, lugares donde su obra ha sido conocida, recordar premios obtenidos, participación en certámenes, 
hace una lista interminable.


Una calle perpetua hoy en su natal 
Villarrín de Campos la obra fecunda que nos legó.















Ahora te imagino pintando, ya no al Jesús crucificado que te iluminó sino al mismísimo Dios.

13 octubre, 2013

El adiós de Isabel Martínez Ferrero, la madre del arte naïf español


    1. •Jesús Díaz Loyola.

      Acabo de regresar de un viaje al exterior y me encuentro la noticia desconcertada del fallecimiento en Madrid, la semana pasada, de Isabel Martínez Ferrero, la nonagenaria madre del arte naïf español.  Sólo ella que ahora está gozándose con Dios, sabrá que lo siento tanto como la familia ejemplar que engendró, porque en la breve pero intensa amistad que entablamos, devoré toda mi idolatría por su arte y por sus dimensiones de madre y mujer. 
      Un lustro faltaba para que su fecunda vida alcanzara los 100 años, el Siglo, pero al decir de Henry David Thoreau —como la evocaron sus colegas y amigos del Rincón Naïf:“La bondad es la única inversión que nunca quiebra”. Y de esa nos llenó Isabel.

      Quiero dejar desde esta página mi más sentido pésame a la familia, a los amigos, y a todos cuantos admiraron la obra de Isabel, entre ellos yo que estuve a tiempo de sentir las caricias de una mujer extraordinaria.
      Compartí pocos, pero momentos importantes en la vida de Isabel, de quien sobre todas las cosas me llevo la lucidez y la pujanza que le acompañaron hasta el final. 
      Tuvo Isabel la deferencia de contarme anécdotas relacionadas con su padre y su estancia en la Cuba de principios del Siglo Veinte. Todo lo que me decía eran historias profundas e inolvidables.
      Guardaré siempre con especial recuerdo sus exposiciones llenas de colorido, el paisaje florido de sus cuadros, pero sobre todo, sus consideraciones sobre la pintura naïf. de la que Isabel es ahora un gran legado español. 
      Siempre que Isabel hablaba en sus exposiciones desde la quietud de un sillón, sus colegas la escuchaban y todos aprendíamos de ella. Mi amistad con Isabel Martínez fue corta, pero amorosa y verdadera. De mi admiración insospechada por su pintura que nació una tarde de Madrid, en la Sala Alfredo Kraus en Mirasierra, también heredé la amistad de sus hijas Ángeles y Pilar, y la estima de toda la familia. Por eso no me cansé nunca de publicar y hacer derroche con el placer inusitado que provoca cada cuadro de Isabel. 
      Su partida deja una carga de obras llenas. En los dos últimos años realizó cuatro exposiciones. En casi todas estuve. Hoy la recuerdo con una de mis últimas crónicas a su estatura de pintora y de mujer. Así ha de quedar la fijación de este indiscutible emblema del arte naïf en el inmenso mundo de la plástica española.
      Con 94 años me decía: "Mejor estoy pintando". Digo yo, Isabel se fue como quería.

      “Pintar para mí es vida, es vivir. Vivo entre mis bosques encantados, mis montañas azules y
      nevadas, mis árboles y mis flores de colores”.
      Sentada y serena, instintiva en sus desvelos, rodeada de sus cuadros llenos, así conocí a Isabel Martínez Ferrero.

      Ahora eres la mirada de muchas cosas juntas, porque el arte que nos legas  en las dimensiones de toda una  vida será inspiración, metas y propósito. Esa es la mayor grandeza del gusto que un día me dio verte viejecita entonando la alegría de esa vocación no inducida que ha viajado contigo siempre, porque es la espontaneidad y el  recreo de lo que tus ojos y memoria guardaron toda una vida.


EL POEMA SIN PALABRAS DE ISABEL MARTÍNEZ FERRERO

Pintura Naïf
Una pintura es un poema sin palabras. Isabel Martínez Ferrero(Zamora, 1917), la decana pintora naïf española que un día fortuito conocí en Madrid, me obsequió el viernes en su casa, una pieza del poema inacabado que es su obra legendaria sobre el lienzo.

A sus 94, ella sigue pintando.

Decía Oscar Wilde que “antes del impresionismo no había sombras azules”, pero el azul intenso y celeste del ambiente en que creció y se forjó Isabel, entre Zamora y Madrid, ha marcado su pintura toda la vida.

“El río que nace en las montañas azules”, una expresión de su extensa obra que tantas veces he comentado, ahora cuelga con beneplácito en mi salón, sin que ella sepa que el mayor mérito que me concede es el de hacer una fiesta permanente para la vista.

Isabel Martínez está al borde de los 95, del Siglo se puede decir, y sigue pintando, que es lo mejor.“Hasta el final de mis días”, me dijo entre susurros y emociones, cuando este viernes por fin estuve en su casa de la madrileña calle de Orense, en mi afán por seguir armando la historia de su vida que, en definitiva, es la biografía pintada de sus cuadros.

Le pregunté a Isabel ¿cuántos cuadros en toda una vida?“Cientos”, asintió sin reparos. “Doscientos”, “trescientos, tal vez”,precisó María Ángeles, una de sus cuatro hijos.

La pintura de Isabel no es poesía muda: “A ver quien pinta esos árboles”, me dijo segura de la distinción de sus cuadros llenos que se mueven entre lo abstracto y lo pintoresco. En cualquiera de ellos, confluye todo lo esencial del arte naïf: lo ingenuo, lo sencillo y candoroso hasta lo fresco y espontáneo.

Isabel pinta movida por el cúmulo de historias y emociones del pasado que atesora. Su vida es una carrera de producción en serie que le ha brotado desde la ingenuidad y la espontaneidad imaginativa de la pintura que recrea. Pero es más, un acontecimiento desde el derrotero de sus ancestros, entre las incursiones de su padre en la aventura de hacer las Américas, que ella recuerda con nitidez, hasta su afán autodidacta de emprenderse por sí sola  

El colorido y la escasa técnica con que se mueve Isabel, la han hecho exponente de un arte libre de convenciones. Es una consumada maestra popular de la realidad, una expresión del primitivismo moderno que le brotó arrimada a la naturaleza. Sus pinturas son poemas sin palabras. En sus paisajes hay un viejo amor, está el suspiro de un eco lejano, hay melancolía y añoranza, pero sobre todo, hay exuberancia multicolor entre los recuerdos del pasado y los resuellos del presente.

Nadie que no haya conocido a Isabel y no haya vivido su amor empedernido por la pintura, puede imaginarse a esta anciana con 94 años, en un lugar de Madrid, sumergida en su pasión insaciable por el arte de pintar, en una confrontación descarnada con la realidad en la imaginería del mundo de colores que dibuja

Nadie que no la haya visto enfrentada a un lienzo con el olfato primitivo de su pintura, puede concebir siquiera como palpita el arte naïf en una mujer que lo lleva en la sangre. Nadie que no ame a la pintura puede entender las cosas que yo llevo diciendo hace años de esta nonagenaria, cuya obra nunca acaba, o más bien, acaba y comienza cada vez que termina un cuadro. Ayer tenía dos sobre su caballete.


El viernes me despedí de Isabel con la pena que provoca siempre abandonarle inmersa en sus instintos, a pesar del peso de sus años. Las charlas con ella albergan historias interminables. La dejé, como siempre, sentada y serena, rodeada de sus cuadros llenos,Pareciera como si ella misma se aplicara a la sabia ilustre de Picasso: “Yo no digo todo, más pinto todo”.
 
“El río que nace en las montañas azules”, tiene ya el mérito de ser una fiesta a la vista de los demás, como lo es tanta pintura suya dispersa por España y por el mundo.
 Gracias, Isabel.

10 noviembre, 2012

EL POEMA SIN PALABRAS DE ISABEL MARTÍNEZ FERRERO

Pintura Naïf
Una pintura es un poema sin palabras. Isabel Martínez Ferrero (Zamora, 1917), la decana pintora naïf española que un día fortuito conocí en Madrid, me obsequió el viernes en su casa, una pieza del poema inacabado que es su obra legendaria sobre el lienzo.

A sus 94, ella sigue pintando.

Decía Oscar Wilde que “antes del impresionismo no había sombras azules”, pero el azul intenso y celeste del ambiente en que creció y se forjó Isabel, entre Zamora y Madrid, ha marcado su pintura toda la vida.

“El río que nace en las montañas azules”, una expresión de su extensa obra que tantas veces he comentado, ahora cuelga con beneplácito en mi salón, sin que ella sepa que el mayor mérito que me concede es el de hacer una fiesta permanente para la vista.

Isabel Martínez está al borde de los 95, del Siglo se puede decir, y sigue pintando, que es lo mejor. “Hasta el final de mis días”, me dijo entre susurros y emociones, cuando este viernes por fin estuve en su casa de la madrileña calle de Orense, en mi afán por seguir armando la historia de su vida que, en definitiva, es la biografía pintada de sus cuadros.

Le pregunté a Isabel ¿cuántos cuadros en toda una vida? “Cientos”, asintió sin reparos.  “Doscientos”, “trescientos, tal vez”, precisó María Ángeles, una de sus cuatro hijos.

La pintura de Isabel no es poesía muda: “A ver quien pinta esos árboles”, me dijo segura de la distinción de sus cuadros llenos que se mueven entre lo abstracto y lo pintoresco. En cualquiera de ellos, confluye todo lo esencial del arte naïf: lo ingenuo, lo sencillo y candoroso hasta lo fresco y espontáneo.

Isabel pinta movida por el cúmulo de historias y emociones del pasado que atesora. Su vida es una carrera de producción en serie que le ha brotado desde la ingenuidad y la espontaneidad imaginativa de la pintura que recrea. Pero es más, un acontecimiento desde el derrotero de sus ancestros, entre las incursiones de su padre en la aventura de hacer las Américas, que ella recuerda con nitidez,  hasta su afán autodidacta de emprenderse por sí sola  

El colorido y la escasa técnica con que se mueve Isabel, la han hecho exponente de un arte libre de convenciones. Es una consumada maestra popular de la realidad, una expresión del primitivismo moderno que le brotó arrimada a la naturaleza. Sus pinturas son poemas sin palabras. En sus paisajes hay un viejo amor, está el suspiro de un eco lejano, hay melancolía y añoranza, pero sobre todo, hay exuberancia multicolor entre los recuerdos del pasado y los resuellos del presente.

Nadie que no haya conocido a Isabel y no haya vivido su amor empedernido por la pintura, puede imaginarse a esta anciana con 94 años, en un lugar de Madrid, sumergida en su pasión insaciable por el arte de pintar, en una confrontación descarnada con la realidad en la imaginería del mundo de colores que dibuja

Nadie que no la haya visto enfrentada a un lienzo con el olfato primitivo de su pintura, puede concebir siquiera como palpita el arte naïf en una mujer que lo lleva en la sangre. Nadie que no ame a la pintura puede entender las cosas que yo llevo diciendo hace años de esta nonagenaria, cuya obra nunca acaba, o más bien, acaba y comienza cada vez que termina un cuadro. Ayer tenía dos sobre su caballete.

 
El viernes me despedí de Isabel con la pena que provoca siempre abandonarle inmersa en sus instintos, a pesar del peso de sus años. Las charlas con ella albergan historias interminables. La dejé, como siempre, sentada y serena, rodeada de sus cuadros llenos, Pareciera como si ella misma se aplicara a la sabia ilustre de Picasso: “Yo no digo todo, más pinto todo”.
 
“El río que nace en las montañas azules”, tiene ya el mérito de ser una fiesta a la vista de los demás, como lo es tanta pintura suya dispersa por España y por el mundo.
 Gracias, Isabel.

12 septiembre, 2012

A un lustro de los 100 años, otra vez Isabel Martínez llena "El Pardo" con su mundo de colores




Arte Naïf

LA GALERÍA AMBULANTE DE ISABEL MARTÍNEZ FERRERO VUELVE A "EL PARDO"
Su obra estará expuesta en el Centro Cultural Alfredo Kraus hasta el próximo 27 de septiembre.
...

 
La esencia y el carácter del arte naïf brotan en el campo anímico de la inocencia y la sencillez en la obra de Isabel Martínez Ferrero que hoy vuelve a cobrar escena en el Centro Cultural Alfredo Kraus, de Fuencarral, El Pardo.

Isabel, a sus 95 vuelve vital, segura de sí misma porque nunca ha abandonado la inocencia con que llena sus lienzos revelando siempre el clima de candidez infinita que traslada su arte.

Isabel vuelve a El Pardo, y lo hace con una selección de su obra que en cualquiera de sus dimensiones es reflejo de la perfección de su técnica, en la que la decana pintora ha demostrado moverse con una libertad que se transparenta en la materia de su composición.

La sensibilidad y receptividad están permanentemente en la obra de Isabel, su ejecutoria es una producción en serie que le ha brotado desde la ingenuidad y la espontaneidad imaginativa de la pintura.

En Isabel Martínez Ferrero, a quien tuve la suerte fortuita de conocer justamente en El Pardo, confluye todo lo esencial del arte naïf, desde lo ingenuo, sencillo y candoroso hasta lo fresco y espontáneo.

En cualquiera de las obras que permanecerán expuestas en Fuencarral hasta el 27 de septiembre resalta el colorido y la escasa técnica que hacen de la autora una genuina exponente de un arte libre de convenciones.

En "Rosaleda", "Recuerdo del pasado" o "Una vuelta por las afueras", la madre del arte naïf español nos entrega un paisaje incontaminado, que derrocha sus orígenes de inocencia creativa y se mueve con total libertad en las composiciones que su universo recrea.

El espíritu autodidacta triunfa en Isabel. Así la conocí. Su arte es innato, instintivo, y lejos de la pintora ocasional que descubrió su infancia en su pueblo zamorano de Villarrín de Campos, Isabel Martínez Ferrero es, hoy por hoy, una maestra popular de la realidad, una expresión del primitivismo moderno que en ella creció arrimado a la naturaleza.

Isabel le da vida al mundo que colorea, habita en él, porque de cualquier manera, es sensible a sus orígenes, a las artes y tradiciones populares que la forjaron entre Zamora y Madrid, donde ahora vive la placidez de su vejes, envuelta en el multifacético mundo de sus cuadros.

Isabel no se agota nunca y cada vistazo a su obra nos enseña siempre algo nuevo.

Yo que la vengo siguiendo hace años y he aprendido a admirar su arte, puedo afirmar que nuestra Isabel, se pasea entre los más destacados exponentes del arte naïf en España y en buena parte de Europa, por donde anda dispersa su obra.

La exposición que inaugura hoy en el Centro Cultural Alfredo Kraus, es una retrospectiva de su ya emblemática pintura y de su vida misma.

Las telas de Isabel embellecen hoy y decoran El Pardo. Su muestra, será un paseo por el universo de su pintura, entre las escenas de la vida cotidiana y la felicidad, siempre la felicidad que ella le imprime al mundo de sus rarezas. El día crece y se desvanece con la nostalgia del crepúsculo. en la galería ambulante de Isabel que hoy vuelve a El Pardo.


La palabra hablada y escrita

En la antigua Roma, atrio era un espacio abierto en sus míticas casas cercado de pórticos y destinado a reuniones familiares y a los huéspedes. En las iglesias romanas, atrio se describía en un patio amplio que miraba al exterior. Atrio son los extensos corredores al aire libre que se disipan a la majestuosidad de muchos templos y palacios en la fisonomía de las grandes ciudades de este mundo.

Y eso es @trio press, un espacio permanentemente abierto a los acontecimientos que han rodeado y rodean la vida. @trio Press (ATP Foro de Noticias) es una ventana a la actualidad en todos los horizontes del quehacer humano, y que dibujaremos con la imagen, el sonido y la palabra hablada y escrita.

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El atrio triunfó en Roma tal como el ágora en Grecia como punto de encuentro y opinión tras la caída de la civilización micénica en el siglo VIII (Antes de Cristo). Hasta nuestros días, la más famosa, el Ágora de Atenas, es la única belleza arquitectónica de la Antigua Grecia que conserva, al menos, su techo original. Y allí, como marcándole el paso del tiempo está al aire libre el extenso corredor, el atrio, que se disipa al Ágora de Atenas.

En honor a esa pauta primera del derecho al foro y a la opinión sale @trio press. Como un foro público, un espacio para difundir actualidades. Vamos a contar la historia que vivimos a partir del testimonio que es uno mismo. Queremos, sobre todas las cosas, encontrar los protagonistas del pasado y del presente del derrotero que es la vida.

Esto es @trio press el espacio donde invitamos a contar la historia, la de este mundo y que, a veces, pasa inadvertida. Contáctenos y cuéntenos lo que quiera en Atrio Press, el foro de noticias. Nosotros lo diremos tal como nos lo cuenten. Bienvenido a @trio press.

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