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09 septiembre, 2012

Una mirada a La Habana privilegiada de hoy y el contraste con la Cuba de a pie

LO QUE DIFUNDE LA WEB  

Crónica de la eterna bacanal

de los hijos de papá

Una reportera de la revista The Atlantic compara la Habana privilegiada a la que tuvo acceso un fotógrafo neoyorquino con la mayoritaria Habana de a pie.

Antonio Castro, el hijo de Fidel, en el Festival del Habano.
              

La revista estadounidense The Atlantic encabeza un reportaje exponiendo las experiencias en La Habana del fotógrafo Michael Dweck con la eterna fiesta de los privilegiados en esa capital, y dice que su visión sobre esas vidas secretas, que transcurren muy cerca de donde vive la mayoría de cubanos pobres, constituye un recordatorio de que en el supuesto paraíso comunista existe cualquier cosa menos igualdad.

Dweck se conectó en Cuba con círculos frecuentados por artistas como el pintor Roberto Fabelo y el actor Jorge Perugorría, y en ellos conoció también a herederos de la élite gobernante como Camilo, el hijo del Che Guevara, y Alex, uno de los cinco hijos de Fidel Castro.

Luego publicó en Estados Unidos un libro de fotografías con título en castellano: Habana Libre, pues según ha escrito el artista neoyorquino en
The Huffington Post, estos cubanos “son glamurosos, ostensiblemente acomodados y, sobre todo, libres”.

¿En qué sentido? Lo sugiere más adelante el propio Dweck: “Sus miembros actúan como embajadores de un país que necesita embajadores; viajan libremente, gastan con prodigalidad y viven una vida de relativo lujo”. (Lujo, para los estándares cubanos. Relativo, comparado con las vidas de los multimillonarios americanos).

El reportaje de The Atlantic capta una escena en la que Alex Castro hojea por primera vez el libro de Dweck en una de las ocho visitas de éste a La Habana. El marco es un restaurante privado exclusivo en un suburbio de la ciudad. Mientras Alex asegura que su padre es también un artista –de las palabras—les traen atún ahumado; luego, sushi; después, ceviche; todo, entre botellas de vino blanco frío.

La redactora Lois Farrow Parshley señala que las fotos en blanco y negro del libro retratan una vida de esplendor en uno de los países más pobres del mundo: se ven modelos sonrientes con copas de Martini, en el asiento trasero de un descapotable; mujeres que juegan mini-golf en el mismo club náutico de donde Hemingway solía salir de pesquería; y a los delfines de Castro fumando carísimos habanos.

Agrega la autora que, como él mismo reconoce, Dweck tuvo “la suerte de tener suerte”, pues en Cuba, tomar fotos de la familia gobernante o reportar sobre sus vidas personales está prohibido; en el Índice mundial de Libertad de Prensa, la isla ocupa el lugar 167 de un total de 178 países; pero es un lugar donde el capital social puede ser una moneda más fuerte que el peso, y uno tiene que conocer a la gente indicada para poder ver ese lado de su sociedad.

Farrow Parshley dice que ella pudo ver el otro lado cuando fue a Cuba en enero de 2010 y se hospedó en una casa parecida a una barraca, donde el hijo de 14 años acababa de abandonar su cuarto para que sus padres pudieran alquilarlo; el padre, que hizo un postgrado en ingeniería en Rusia, ganaba 20 dólares al mes, y estaba ahorrando con la esperanza de algún día enviar a su hijo al extranjero.

Un funcionario del gobierno cubano que habló con ella a condición de que no revelara su nombre le aseguró que con el salario del cubano medio, menos de 20 dólares al mes, es casi imposible sobrevivir. La periodista recuerda que entonces no tenía ni idea de que, a pocos kilómetros de distancia, otros cubanos tenían colgados en las paredes de sus dormitorios originales de Matisse.

Un mutilado que vendía CDs a los turistas, en una calle cercana a la fototeca donde se acababa de inaugurar una exposición con las imágenes habaneras de Dweck, le confesó que no creía que Cuba, o la suerte de los ricos en la isla, fuera a cambiar nunca. "Para ellos –le dijo el vendedor, refiriéndose a la clase gobernante-- si nosotros comemos, bien; y si no comemos, también".
 
 
 Portada de la revista estadounidense The Atlantic y el fotorreportero Michael Dweck que se atrevió a incursionar en el mundo de los privilegiados de La Habana.
 
 




Dweck se conectó en Cuba con círculos frecuentados por artistas como el pintor Roberto Fabelo y el actor Jorge Perugorría, y en ellos conoció también a herederos de la élite gobernante como Camilo, hijo del Che Guevara, y Alex, hijo de Fidel Castro.
 
 Camilo Guevara March, uno do los cinco hijos del Che.
                                   
                                       La Habana de hoy

 
Enlaces recomendados:

 http://www.theatlantic.com/international/archive/2012/09/splendor-amid-poverty-gallery-nights-with-cubas-gilded-elite/261956/
 
http://www.huffingtonpost.com/michael-dweck/cuba-photography_b_1303721.html
 
http://fb.martinoticias.org/content/article/14377.html
 
http://lagartoverde.com/2012/09/09/la-eterna-bacanal-de-los-hijos-de-papa/

12 septiembre, 2010

Impropio de Fidel: ¿Desmentido asimismo o un tirón de orejas?

La polémica mediática que ha desatado la ya célebre frase del ex presidente Fidel Castro de que “el modelo cubano no funciona”, es impropio del Comandante y no le ha quedado más remedio que desmentirse asimismo o, en el mejor de los casos, le han tirado de las orejas.
Durante la presentación de un nuevo libro suyo, en la Universidad de La Habana, el octogenario líder aludió a sus declaraciones a la revista norteamericana The Atlantic cuando, al ser preguntado sobre si Cuba podría exportar su modelo de estado, dijo: «El modelo cubano ya no nos sirve ni a nosotros».
Castro precisó que dijo esa frase «sin amargura ni preocupación», pero que le «divirtió al ver cómo lo interpretó (el periodista Jeffrey Goldberg) al pie de la letra (...) y elaboró la teoría que expuso… Mi respuesta significa lo contrario», matizó Fidel esbozando su tesis sobre el capitalismo. «Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos ni para el mundo».
La afirmación del ex mandatario al periodista de The Atlantic viene sustentada por un colega serio que se fue a La Habana, a petición del propio Fidel, y hasta con una especialista en el tema cubano que cita en su reportaje: “Julia Sweig, el amigo que me traje para asegurarme de que, entre otras cosas , yo no le dije nada demasiado estúpido …"

















La réplica textual de Castro en Cuba Información:
http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&view=article&id=16827:fidel-desmiente-una-por-una-las-interpretaciones-de-sus-palabras-al-periodista-goldberg&catid=64&Itemid=65option=com_content&view=article&id=16827:fidel-desmiente-una-por-una-las-interpretaciones-de-sus-palabras-al-periodista-goldberg&catid=64&Itemid=65

Ya con la exclusiva en sus manos, el mismo Jeffrey narra que Julia le había observado que un efecto de ese sentimiento (el que el modelo cubano no sirve) podría ser el de crear un espacio para su hermano, Raúl, quien ahora es presidente, para promulgar las reformas necesarias en la cara de lo que seguramente será push-back desde los comunistas ortodoxos dentro del Partido y la burocracia.
Y por si quedaran dudas, inmediatamente después de la réplica de Castro, el propio Jeffrey Goldberg, saltó desde Washington para ratificar su versión de que ciertamente Fidel le confesó que el modelo cubano no funcionaba ni siquiera en la propia isla.
Castro llamó a Goldberg "un gran periodista." "Él no inventa frases, las transfiere y los interpreta," dijo. "Espero con interés su extenso artículo."
“En primer lugar, muchas gracias, Fidel, por las amables palabras. En segundo lugar, lo siento decirlo, pero creo que la expresión, "El modelo cubano ni siquiera trabajan para nosotros más" significa: "El modelo cubano ni siquiera el trabajo por nosotros”, escribe Goldberg en su blog web en The Atlantic.
De que Fidel Castro recula, no caben dudas, y lo más lógico es que esta reacción suya evidencia a todas luces que los viejos militantes comunistas a su vera le han tirado de las orejas –o al menos lo parece- y se ha visto obligado a retractarse o, tal vez incluso, haya sido el propio heredero Raúl, porque entre hermanos todo puede suceder.
Es lógico que Fidel Castro se retracte del razonamiento de sus palabras, y no es la primera vez. si bien en aquel mismo discurso de 1993, dos años después del derrumbe del campo socialista era renuente y condenaba la inversión extranjera: "Nosotros tan doctrinarios y tanto que combatimos la inversión de capital extranjero, verla ahora como una necesidad imperiosa, al desaparecer el campo socialista, de donde recibíamos fábricas, créditos, montones de cosas y de donde ahora no recibimos nada”.
Más reciente aún están las sustituciones de 2009 que llevaban el trasfondo del inoperante modelo cubano.
Probablemente a Castro le martillaba ahora lo que en su día habría provocado la fulminante destitución de un puntal, sin lugar a dudas renovador, como Carlos Lage, el principal promotor de las reformas económica que permitieron sobrevivir a la caída de la URSS.
Al menos, hasta ese momento fue el mejor hombre valorado para suceder a los Castro, pero como todo el mundo sabe, el gran arquitecto que venía siendo Lage terminó sus días fulminado de la cúpula y para peor deshonra tachado de indigno por la soberbia visible Fidel.

Yo que viví el rigor del control mediático del castrismo en mis años de periodista oficialista en la isla, un Lage vital, justo en los noventa, ya era quien nos hablaba de “medidas aperturistas” dejando la clara evidencia de que el modelo cubano necesitaba cambios.
No hay que darle más tintes al asunto. De que “el modelo cubano ya no funciona”, es clarividente. Mejor habría sido admitir el desliz, o en cualquiera de los casos, que Cuba seguirá aferrada al rumbo invariable que le viene marcando los designios hace más de medio siglo, o mejor más aún, como diría una colega oficialista de aquellos años de batida contra la censura: “Esto no hay quien lo tumbe, pero no hay quien lo arregle”.

10 septiembre, 2010

Fidel Castro se sincera: "El modelo cubano ya no funciona"

Cuba: Agosto de 2010
Escenario: Una casa de La Habana.
Protagonistas: Fidel Castro (ex presidente) y Jeffrey Goldberg (The Atlantic).
Hechos: Es domingo y Castro toma, una y otra vez, pan mojado en aceite de oliva y bebe de una copa de vino tinto para después afirmar que "el modelo cubano ya no funciona".
¿Y
ahora
que
va a
pasar?
En 1993, en el teatro Heredia de Santiago de Cuba, durante la celebración del 26 de julio, que yo cubrí como reportero oficialista de Radio Progreso, el entonces vital presidente cubano Fidel Castro admitió el fracaso del derrumbe del campo socialista dos años antes, pero defendió a toda costa la esencia de su Revolución (su modelo)
1993: «No podemos destruir el Partido, destruir el Estado,
destruir el Gobierno»

Y apuntó entonces: "Esto quiere decir que no seremos dogmáticos, ni dogmáticos ni locos, y algunos pasaron del dogmatismo a la locura y, como nosotros nunca hemos sido dogmáticos, no tenemos que pasar a la locura. Ni aferrarnos a dogmas ni practicar locuras, adoptar las medidas necesarias... "

En ese mismo discurso, Fidel Castro admitió una brusca caída del proyecto cubano en el plano económico: ¿Cuándo volveremos a tener la capacidad de importar 8 000 millones de dólares?, se preguntó.

Aquel año preciso, ya a la sombra del derrumbe socialista de 1991, Castro sentenció: “No se podrán resolver estos problemas creados de la noche a la mañana con el derrumbe del campo socialista en unos días, en unos meses o en unos pocos años".

Los juicios de Fidel evidenciaron un mal presagio: "Vamos a ver qué pasa, porque la vida, la práctica, tiene que enseñarnos todavía muchas cosas...”.

Entonces, Castro apelaba también a la propina de los trabajadores de la proliferante industria turística como una rendija más hacia la recaudación de moneda dura: "Las famosas propinas, una costumbre universal y contra la cual luchamos nosotros durante mucho tiempo, fue una realidad que al fin y al cabo se impuso. A veces el propio trabajador le decía al turista: "Cómprame un par de zapatos" o "cómprame tal cosa." "No me des dinero, que no puedo comprar nada con dinero, hazme el favor de comprarme eso" o "si me vas a dar una propina me la entregas en productos" —les decían a los turistas, lo cual no ayuda precisamente al turismo".

A todo esto, por paradójico que parezca, se vió expuesto el modelo cubano, que en la persona del propio Fidel ha defendido siempre la justeza de la racionalidad de la alimentación y que hoy es ya un método importado por Venezuela:

"El régimen más justo del mundo que se inventó fue el de la libreta, con todo lo que me digan. En este país (Cuba) cada vez que estaba un producto escaso y lo iban a comprar aquellos que no trabajaban y podían hacer cola o pagarle a un colero, venía la gente a exigir que lo pusieran por la libreta; es la gente la que ha exigido cientos de veces que un producto lo pongan por la libreta... Era unánime la solicitud de la gente, cada vez que escaseaba un producto, de que lo pusieran por la libreta".

El modelo cubano no es viable

Han pasado 17 años de aquel acto, casi dos décadas desde la caída del muro, y sin mayores esperanzas, Fidel Castro, sembrado ya en su retiro político, admite ahora que «el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros».

Recula y transparenta, es certero con su propia realidad, y tardíamente considera inservible el modelo con el que se ha sostenido casi medio siglo.

Castro se sinceró con el periodista Jeffrey Goldberg en una entrevista para la revista norteamericana 'The Atlantic' cuando le preguntó si seguía creyendo que el modelo cubano era algo que todavía merece la pena, incluso para otros países ccomo Venezuela, su mejor aliado.

A lo largo de cincuenta años de gobierno en Cuba, Castro ha prometido villas y castillas. Una de las medidas que anunciaba en 1993 para salir de su asfixia económica, la presentaba así: “Otra medida encaminada a ese fin (captar divisas) es una mayor apertura a las inversiones de capital extranjero. ¿Quién nos lo iba a decir? Nosotros tan doctrinarios y tanto que combatimos la inversión de capital extranjero, verla ahora como una necesidad imperiosa, al desaparecer el campo socialista, de donde recibíamos fábricas, créditos, montones de cosas y de donde ahora no recibimos nada, ni de un campo socialista y de una URSS -su mano tendida- que no existen".

Mejor tarde que nunca, Castro por fin comienza a ser realista y admite o, al menos, deja entrever que su proyecto ya no es viable.

Cualquiera imagina el protocolo para una entrevista con Fidel Castro, pero si el periodista hubiese sido lo suficientemente sagaz, le habría preguntado. ¿Y ahora que va a pasar? Al menos se la estarán haciendo millones de lectores de las polémicas declaraciones del líder octogenario que han dado la vuelta al mundo.

El periodista estadounidense de origen israelí, visitó Cuba a finales de agosto por invitación de Fidel, y es la segunda entrevista que en menos de dos meses concede el líder cubano a un medio extranjero, luego de que en agosto también admitiera en La Jornada de México, que estuvo cuatro años debatiéndose entre la vida y la muerte y asumiera, igualmente, su responsabilidad en la persecución a homosexuales en Cuba, entre las décadas de los sesenta y setenta.

La especialista estadounidense en temas cubanos, Julia Sweig, que acompañó al periodista en su encuentro, matizó la respuesta para The Atlantic, afirmando que Castro “no estaba rechazando las ideas de la revolución. Lo interpreté como un reconocimiento de que bajo el 'modelo cubano' el Estado tiene un papel demasiado grande en la vida económica del país", explicó Sweig a Goldberg.

Según la experta, Fidel Castro "crea espacio" para su hermano y actual presidente, Raúl Castro, para que pueda aplicar las "reformas necesarias, frente a lo que seguramente encontrará: resistencias de los comunistas ortodoxos dentro del partido y la burocracia", sentenció la especialista.

Sin embargo, saltan a la vista las evidencias de la realidad cubana en las últimas dos décadas, en que las reformas anunciadas en el 93, por ejemplo, no han prosperado todo lo que habría querido Fidel.

Una sola pregunta de un vital Comandante, diecisiete años atrás, despejaría toda duda:
¿Cuándo volveremos a tener la capacidad de importar 8 000 millones de dólares?

En cualquier caso, desde un par de resúmenes en The Atlantic y con escasas citas textuales del ex mandatario, ha bastado una frase suya: «El modelo cubano ya no funciona ni para nosotros» para que Jeffrey Goldberg reabra el debate del cambio cubano.

Todas las reacciones del mundo mediático concuerdan estos días en que, tal vez, el predominio de una gerontocracia en el gobierno cubano justifique todo el inmovilismo del curso actual de la isla, por lo que muchos medios citan el ejemplo del propio Fidel Castro, que a sus 84 años, todavía sigue siendo primer secretario del Partido Comunista de Cuba.

LA ENTREVISTA Y SU AUTOR

Duró tres días, a lo largo de los cuales, periodista y estadista consumieron más de diez horas de conversaciones, en las que estuvieron sobre el tapete, además del polémico tema cubano, el conflicto árabe-israelí y la posibilidad –a juicio de Castro- del estallido de una guerra nuclear si continúan las tensiones con Irán.

Jeffrey Goldberg, el autor, es un corresponsal nacional para el Atlántico que antes de unirse a The Atlantic en 2007, fue corresponsal en Medio Oriente, y corresponsal en Washington, para el New Yorker. Anteriormente, se desempeñó como corresponsal del New York Times Magazine.

Su libro sobre los reclusos Prisioneros: una historia de amistad y terror, ha sido aclamado como uno de los mejores de 2006 por el Los Angeles Times, The New York Times, The Washington Post, Slate Magazine, El Progreso, Washingtonian Magazine y Playboy.

A Goldberg lo movió a La Habana la admiración que siente por Fidel Castro y, según narró en su blog, durante la comida que compartieron, el Comandante «ingirió pequeñas cantidades de pescado y ensalada, mucho pan mojado en aceite de oliva, así como una copa de vino tinto».

La entrevista que ha suscitado el revuelo mediático sobre la vigencia del modelo cubano, porque sencillamente Fidel Castro ha dicho que “ya no funciona”, aparece publicada en la revista norteamericana The Atlantic y puede ser leída íntegramente en este enlace:

http://translate.google.es/translate?hl=es&sl=en&u=http://www.theatlantic.com/international/archive/2010/09/fidel-cuban-model-doesnt-even-work-for-us-anymore/62602/&ei=5FeJTJbnEIWS4ga4k9jSBA&sa=X&oi=translate&ct=result&resnum=2&ved=0CC4Q7gEwAQ&prev=/search%3Fq%3Dthe%2Batlantic%26hl%3Des%26rlz%3D1R2SUNC_esES353%26prmd%3Dn

La palabra hablada y escrita

En la antigua Roma, atrio era un espacio abierto en sus míticas casas cercado de pórticos y destinado a reuniones familiares y a los huéspedes. En las iglesias romanas, atrio se describía en un patio amplio que miraba al exterior. Atrio son los extensos corredores al aire libre que se disipan a la majestuosidad de muchos templos y palacios en la fisonomía de las grandes ciudades de este mundo.

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