22 febrero, 2015

Los traperos y la puta envidia española


Reproduzco en Atrio este medular artículo que leí en la bitácora de Félix Maocho (WordPress) por la precisión con que aborda el cáncer que es la envidia en la sociedad actual.

Lo reproduzco tal cual. A mi me ratifica la sensación de que transitamos por un mundo donde sino te pones de rodillas, no alegras al otro. Lo que aquí aborda Maocho, no es ni mas ni menos que la secuela del peor mal de la humanidad: la irreflexión. Gracias, Félix por dar en la médula, aunque a muchos se las refanfinfle.



Por Félix Maocho



Si algo nos caracteriza como pueblo, no son las panderetas ni la jota, sino la puta envidia que nos corroe. Basta que a alguien la vaya bien, para que inmediatamente nos salte la envidia y pensemos no que es más listo, o trabaja duro, ni tan siquiera que tiene mucha suerte, sino que es un chorizo, o un explotador, aquí a nadie se le puede ocurrir otra forma de triunfar, que siendo un ladrón, un explotador o mejor ambas cosas a la vez.
Viene a cuento esto, por una cosa que me ha acaba de pasar, que ilustra perfectamente lo que estoy explicando. Si recuerdan, al menos en Madrid, posiblemente lo hubiera en otros sitios, había en la calle unos contenedores para que la gente depositara la ropa que no le cabía ya en el armario y no quería seguir poniéndose, es decir trapos viejos.
Según parece, estos trapos se trasladan a África, para que los ciudadanos del Tercer Mundo puedan tener ropa a un precio asequible para ellos y gracias a ello, si vemos un video de poblado en corazón de África, veremos que los naturales, llevan camisetas de Lacost y zapatillas de Nike, y no es más que les gusten más que su ropa tradicional , sino porque les resulta mucho más barato vestir “a la europea”, que con sus ropas, que hoy solo se visten en las grandes fiestas y cuando aparece el cámara de National Geografic.
Pues bien, resulta que eso era el negocio de algunas personas. Ponían contenedores en la calle y la ropa que recojan la mandaban en containers a Marruecos, donde después de un proceso de selección y reciclaje, en el que separaban lo que solo valía para trapos, quitando todos los botones y cremalleras y prensando la tela en balas que se devolvían a Italia, que lo transforma en fibras que valen de materia prima para hacer ciertos tipos de papel.
El resto de la ropa, la que no estaba en muy malas condiciones cremalleras de la ropa que, limpiada, arreglada y con frecuencia teñida de colorines, se vendía a mercaderes árabes y nigerianos que iniciaban unas largas cabalgatas por lugares que pocos blancos y menos de las ONG se atreven a entrar.
Las caravanas atraviesan países en guerra, caminos con salteadores de caminos, zonas con enfermedades como el ébola o con hambrunas infinitas y calamidades de todos los tipos, Sitios que son atravesados por estos mercaderes, para ofrecer su modesta mercancía a las personas más pobres de la tierra, a precios que consideran competitivos incluso para su propia y mínima industria local, pues los mercaderes, en un oficio que vienen perfeccionando desde los tiempos de los fenicios, saben sortear todos los riesgos, para después de un largo periplo, conseguir volver a su base sanos y salvos con un beneficio.
Como vemos se conseguía el objetivo, que es llevar ropa que puedan comprar, al mismo corazón de África, pero eso si, desde que la ropa vieja era puesta en un contenedor, hasta que acababa en su destino final, iba dejando pequeños beneficios a modestos particulares, a los mercadeares africanos, a los clasificadores de Maruecos, a los transportistas de containers, y como no a los chamarileros propietarios de los contenedores de las aceras de Madrid.
Y mira tu por donde, en el país de la burbuja inmobiliaria, de las preferentes, de los Gowex, a alguien este negocio le pareció mal. ¡Que hay unos que están negociando con lo que yo tiro! ¡Hasta ahí podíamos aguantar! Y comenzó una persecución sistemática contra los ropavejeros.
Creo que quien inició la persecución fue la OCU, a la que curiosamente, le preocupa más lo que los consumidores tiran, que lo que compran, pues descubrieron este embrollo, pero jamás se han quejado de que no tengamos ni idea, de la longitud de los rollos de papel higiénicos, y nos tengamos que conformar con saber lo obvio, que un paquetón de 8 x 4 rollos, contiene 32 rollos, pero no la longitud rollo de papel que compramos.
El caso es que “levantó la liebre” de este “negocio pirata”, Nos avisan que no son ONG y hacen esto para sacar un beneficio, como si las ONG de este país no fueran en una proporción alarmante, “tapaderas”· para recaudar dinero público. Los medios de información puestos sobre la pista no dejan de “informarnos del caso”, por ejemplo El País o La Sexta, de todos sabido, empresas ejemplo de elevada moral y recta conducta, nos informa que de “chollo” que se han montado algunos, aunque que según el Huffington Post  tal “chollo” se eleva a la astronómica cifra de 0,60 € por kilo de ropa usada, puesto en el almacenen mayoristas portes incluidos en los 0,60 €.
Así que el Ayuntamiento de Madrid que hasta entonces, se había puesto de perfil, para mantener una actitud pasiva, porque al fin y al cabo, alguien se hacia cargo de parte de los residuos de la gran ciudad y los reciclaban, sin que les costara un duro, tuvo que cambiar de actitud y darse por enterado y comenzó la caza inmisericorde del contenedor de ropa usada.
Según El Mundo el ayuntamiento se ha gastado 100.000 € en retirar los contenedores de la calle. Podía sencillamente haber legalizado la situación, cobrando un canon por el uso de la acera como hacen con los mercadillos o como supongo hace con los contenedores de vidrio y cartón, que nadie sabe por qué no han sido blanco de las iras de los medios de comunicación en este caso.
El caso es que se retiraron todos los contenedores, el último que yo vi estaba a salvo, por estar dentro del recito del Alcampo de Pio XII, es decir en terreno privado, pero también ha caído y es curioso, pues últimamente Alcampo, ha puesto en este centro, (y me parece muy loable), un punto limpio, que a parte de los tradicionales contenedores de vidrio y cartón, recoge aceite usado, bombillas de bajo consumo y alguna cosa más, pero no ropa usada, posiblemente por no buscarse tontamente enfrentamientos con los envidiosos, o con la OCU y la prensa.
Resultado, el otro día tenia una bolsa de ropa vieja y como tenia que ir al hipermercado Alcampo, la llevé con la intención de dejarla en el contenedor. Como no pude hacerlo, al volver a casa, directamente la tiré a la basura orgánica, porque me parecio más correcto que en embalajes.
Adiós magro beneficio de traperos, transportistas, recicladores aparroquies, mercaderes africanos y por último depauperados consumidores africanos, la puta envidia ha destrozado vuestro “gran beneficio”, pero ya todos descansamos un poco mejor salvo la madre naturaleza que estará un poco más sucia y las arcas del Ayuntamiento que en vez de haberse beneficiado de un ingreso que sirviera para regularizar la situación la broma le ha costado 100.000 €, algo que sin ser mucho para este ayuntamiento no es nada de despreciar.
Mientras tanto la basura que tiramos, cuidadosamente repartida entre orgánica y embalajes, beneficia a las multimillonarias hermanas Koplowitz y el vidrio y cartón a la multinacional JCDecaux, pero eso si, los traperos no se llevarán ni un solo duro¡Que se jodan!

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